Política

Américo Zambrano: “Fujimori y Acuña han manejado el país desde la Mesa Directiva”

El periodista de investigación Américo Zambrano ha publicado su segundo libro, La política del escorpión, un reportaje sobre la manera en que el pacto parlamentario capturó el poder y del juego de favores y traiciones con el que se mueve todo en Palacio, el Congreso y la Fiscalía. El reportero habla de sus hallazgos en esta entrevista.

La política del escorpión (Aguilar, 2026) es el segundo libro de Zambrano. Antes publicó Nuestros muertos (2024).
La política del escorpión (Aguilar, 2026) es el segundo libro de Zambrano. Antes publicó Nuestros muertos (2024). | Félix Contreras/La República.

¿Cómo calificas a tu libro? ¿Es una reivindicación de la crónica política? ¿Es el relato del ascenso y caída de Dina Boluarte? ¿O es algo que nos advierte de que en este país todo se negocia, todo está tratándose en las sombras?

 

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Yo creo que es un reportaje que retrata el poder reciente en el Perú, que retrata un mecanismo para capturar el poder, que parte o se asienta desde Pedro Castillo hacia lo que estamos viendo ahora. De hecho, el libro empieza con los últimos momentos de Castillo y las primeras conversaciones de Dina para evitar que la acusen constitucionalmente, que es la primera hipoteca política que tiene.

 

Una curiosidad, ¿cómo llegas a hablar con los actores que han estado en estos episodios? Porque muchas veces su testimonio confirma que ellos han estado metidos en estas negociaciones. ¿Por qué deciden hablar? ¿Es un poco de ego, de dejar constancia de que ellos han estado presentes en estos hechos?

 

Pues se mezclan varias cosas. Hay parte del ego, porque quieren reivindicar lo bien que hicieron y lo mal que Dina les pagó. El asunto de la traición es fundamental. Yo creo que es gente muy dolida con Dina Boluarte, porque formaron parte de su círculo más cercano y salieron mal de Palacio de Gobierno. Por ejemplo, (Alberto) Otárola salió por una suerte de complot en su contra, según su versión. Y, por supuesto, sale molesto y con ganas de contar muchas cosas sobre la persona a la cual él ayudó políticamente, casi como que solventó, construyó y permitió que siga en el poder. Daniel Santoro, el periodista argentino, siempre habla de las viudas del poder como fuentes fundamentales para construir un relato periodístico.

 

O sea, los traicionados.

 

Claro. El libro cumple un poco eso. Hablar con la gente traicionada, con la gente que tiene muchas ganas de contar cosas de lo que vivió, pero por cólera.

 

A ver, pienso en alguno de los testimonios de tu libro. Por ejemplo, en Jaime Villanueva (exasesor de la exfiscal de la Nación, Patricia Benavides). Él te dice textualmente: “Yo le pedí a Dina Boluarte, por encargo de Patricia Benavides, que cambiara al jefe de la Sunat”. ¿Por qué te confía una cosa así? Está poniendo en evidencia que él ha sido un conspirador.

 

Porque él reconoce sus delitos. He hablado con él muchísimas veces para mi libro. Y en el relato que él me da, acepta los delitos que cometió, ya no quiere ocultarlos. Y, bueno, cada pregunta que le he hecho sobre sus relaciones políticas con congresistas o con Dina Boluarte, él las ha narrado sin ningún problema. Dicho sea de paso, mucho de lo que me ha dicho, él se lo ha contado a la Fiscalía también.

 

Claro, como colaborador eficaz.

 

Como colaborador eficaz o como testigo. Yo he visto las declaraciones, solo que yo no me he quedado en la transcripción de un interrogatorio fiscal, que no tiene muchos detalles más. He ido mucho más allá para que me cuente con mucho detalle lo que vio.

 

Es interesante el valor que le das al reporteo, porque también retratas la frivolidad que hay en la política. Por ejemplo, con tu libro nos enteramos que Dina Boluarte era fan del programa de chismes Amor y Fuego.

 

A ver, a mí me gusta mucho ese concepto de la revista Etiqueta Negra, de Julio Villanueva Chang, de describir los hechos de tal manera que tú puedas saber que Dina Boluarte es vanidosa, clasista, incluso racista, sin que yo tenga que calificarla, porque están las escenas, están los testimonios, están los hechos narrados. Los detalles, para mí, evitan que uno ponga adjetivos. Yo creo que la intimidad retratada ayuda muchísimo a la construcción de perfiles, incluso psicológicos.

 

Ahora, hablemos un poco de los actores que están dentro del libro. Alguien que aparece en las negociaciones de Dina Boluarte con el Congreso, para protegerse de la acusación constitucional que tenía por el caso del Club Apurímac es César Acuña, con quien se reúne en su casa. ¿Qué tan importante fue Acuña para sostener a Boluarte?

 

Yo creo que ha sido el más importante. Ha sido el que realmente la sostuvo. Y el que tuvo una relación amical con Dina Boluarte, a partir de esa reunión en su casa de Camacho, antes de que ella asuma la presidencia. Yo cuento en el libro que ambos empatizaron desde un primer momento porque son provincianos, porque hablan parecido. Y él se convirtió en una suerte de asesor. Recuerda además que Alianza Para el Progreso dominaba la subcomisión de acusaciones constitucionales y todas las denuncias que habían ahí nunca pasaban. Él la defendió.

 

De hecho, presidían esa comisión.

 

La controlaban. Entonces, Acuña ha sido muy astuto para tejer los hilos del poder a través de su bancada, sobre todo en el gobierno, a partir de una relación amical con la presidenta, que no era la misma relación que tenía Dina Boluarte con Keiko Fujimori. La relación entre Keiko y Dina era un poco más distante.

 

Hace un rato me hablabas de perfiles psicológicos. Por el escaso manejo del idioma que tiene Acuña uno a veces lo minimiza. ¿Pero tú que piensas de él? ¿Al final termina siendo un poco astuto, un poco malicioso?

 

Yo creo que él ha aprendido a ganar poder a través de su bancada en el Congreso y a través de acercamientos que él mismo hace, de manera inmediata, con gente que está en Palacio de Gobierno. Estos Whatsapps que le envió a Hernando de Soto, apenas fue confirmado como posible premier, revela el mecanismo y su modus operandi. Le dice: “Buenos días, querido amigo. Te estoy escribiendo porque me he enterado que vas a ser Premier y te felicito. Me parece bien que pienses en el Perú, ya hablaremos”. Lo hizo con Dina, me imagino que lo hizo con Jerí también y lo estaba haciendo con el que iba a ser el premier. Además, él sabe, creo yo, que no va a llegar a Palacio de Gobierno nunca y probablemente no lo necesite. Él necesita una buena bancada en el Congreso, una bancada importante, numerosa, para definir las situaciones más importantes, para decidir quién se queda y quién se va.

 

Es lo mismo que piensa Juan Carlos Tafur, pero de Keiko Fujimori.

 

Claro, es que ambos utilizan una mecánica muy parecida. Yo creo que esto nace en el Gobierno de PPK, cuando Keiko Fujimori obtuvo una bancada muy amplia, que era un ejército de parlamentarios, y le hizo la vida imposible a Pedro Pablo Kuczynski. Es más, ella dijo: Vamos a gobernar desde el Congreso. Luego, en el Gobierno de Castillo, ella tuvo una bancada mucho más reducida y, sin embargo, ha reconocido que ella quería impedir que la izquierda radical controlara la mesa directiva del Congreso. ¿Qué hizo? Se unió con sus socios en otras bancadas, formaron un bloque, el llamado Bloque Democrático, y manejaron la mesa directiva. Y manejar la mesa directiva significa, en estos tiempos, manejar el país. Porque Dina Boluarte no tenía partido, no tenía bancada, no tenía nada, y dependía del Congreso. Y lo mismo ocurrió con Jerí, y me imagino que lo mismo ocurrirá con Balcázar. Esa es la fórmula que, tanto Keiko Fujimori como Acuña, y otros que se han subido, tienen para manejar todo sin tener la presidencia. Porque la figura presidencial ha sido reducida a alguien que está ahí sentado firmando decretos y que da la cara, pero el poder está en el Congreso.

 

¿Boluarte llegó a reunirse con Keiko Fujimori?

 

Mira, yo he recibido una versión de que hubo una reunión antes de que ella asumiera, pero no pude confirmarlo. Lo que sí pude confirmar es que sus primeros ministros, tanto Alberto Otárola como Eduardo Arana, tuvieron un trato directo con los segundos de Fuerza Popular, Luis Galarreta y Miki Torres.

 

Ahora, otra aliada de Boluarte fue la exfiscal de la Nación, Patricia Benavides. ¿Cómo se beneficiaron ambas de esa relación?

 

Yo creo que el libro es importante porque releva el poder de la Fiscalía de la Nación. En uno de los capítulos, Jaime Villanueva da una frase y dice lo siguiente: “Quien tiene la Fiscalía tiene el poder”. Y es verdad. La señora Patricia Benavides llega al Ministerio Público con una consigna clara: hacerle la vida imposible a Pedro Castillo y cercarlo con investigaciones. Esa fue su agenda desde el día uno. Y desde antes, porque ella tenía un grupo de asesores en la sombra, a los cuales llamaba Los Mafiositos, que son políticos vinculados al Partido Aprista. Y ellos estaban muy interesados en sacar a este izquierdista de Palacio y es allí donde ella entra en coincidencias con el pensamiento del neofujimorismo. Y luego las cosas van cambiando. Patricia Benavides comenzó a tener mucho más poder, necesitaba a los grupos del Congreso, pero la relación con el fujimorismo se fue poniendo tensa, porque ella no aceptaba o daba largas para cumplir algunos pedidos del fujimorismo, como sacar de manera inmediata a los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez, y luego todo se fue complicando, hasta que la dejaron caer.

 

¿Qué pasó con el pedido de Benavides para que Boluarte sacara al jefe de la Sunat?

 

El esposo tenía problemas en la Sunat, por sus empresas, y por eso le pidió a Boluarte que lo saque. Y Boluarte le respondió: “Vamos a ver cómo lo manejamos, porque no puedo sacar así nomás al jefe de la Sunat”. Y entonces se harta Patricia Benavides. En un momento le dice a Villanueva que ya está cansada de ella y que busque a Alberto Otárola, porque él es el que mueve las cosas.

 

¿Y Boluarte qué consiguió de la Fiscalía?

 

Boluarte consiguió durante bastante tiempo que no avanzaran las investigaciones relacionadas a los asesinatos de 50 civiles durante las protestas que marcaron el inicio de su gobierno. Esas investigaciones estuvieron dormidas durante meses. Y eso es obra de la Fiscal de la Nación.

 

Ahora, ¿estás plenamente convencido de que Marta Moyano fue el agente de Roberto que colaboró con la Diviac para revelar las negociaciones que tenía Patricia Benavides con los congresistas?

 

Sí, por supuesto y por distintas fuentes, además. Yo no he conversado con un policía, he conversado con varios policías, con fiscales. Digamos, con todo el equipo que estuvo a cargo del proceso de investigación que surgió a raíz de estos chats de Javier Villanueva y del agente Roberto, y también con personas cercanas a Moyano.

 

¿Llegaste a hablar con ella?

 

La busqué, le pedí su versión y no respondió.

 

Ahora, la revelación del libro en realidad es que ella no actuó por iniciativa personal o que, en todo caso, su partido estaba enterado de que ella estaba colaborando con la Diviac.

 

Bueno, el partido autorizó que ella se sometiera a un proceso de agente especial. Ella inició un acercamiento con los oficiales Harvey Colchado y Walter Lozano a través de una amiga en común de ambos bandos: Karelim López. Y Moyano solo mostró lo que tenía, no es que entregara el material. Con las justas, en las primeras conversaciones, entregó una fotocopia con un chat y algunas otras cositas más. Pero no entregó los chats completos que la Policía quería. Entonces se le pidió que se someta a un proceso de agente especial. Ella no estaba convencida. Y lo que hace Colchado es buscar al general Carlos Morán, al exministro del Interior, y pedirle que hablara con un asesor que estaba en la bancada de la Fuerza Popular. Morán lo hace. Se pacta una reunión entre el asesor fujimorista y Colchado y así se logra una conversación posterior con la dirigencia de la Fuerza Popular, que autoriza que Moyano entregue el material y se someta a este acuerdo.

 

¿Y Keiko Fujimori estaba enterada de este trato?

 

Estaban enterados, hasta donde yo sé, Luis Galarreta y Miki Torres, y son los números dos del partido. Es difícil que en una cosa tan delicada como la posibilidad de derribamiento de una Fiscal de la Nación, Keiko Fujimori no estuviera enterada. Y no lo hizo por un tema democrático, porque se dio cuenta que la Fiscal de la Nación estaba actuando mal. Lo hizo porque la Fiscal de la Nación no estaba acatando sus exigencias

 

Además que Moyano no se enteró de pronto de las negociaciones que tenía la fiscal con los congresistas. Ella misma había negociado algunas cosas con Benavides.

 

Jaime Villanueva lo dice claramente: “La persona con la que yo más dialogaba y con la que más tenía coordinaciones era con Marta Moyano”.

 

Ahora, los medios decimos que los partidos del pacto, que gobiernan desde el Congreso, han manipulado a las instituciones del Estado para sus propios intereses. Lo que tú revelas en el libro es cómo usan hasta sus propios locales partidarios para hacer casting a los postulantes a cargos clave, como la Defensoría del Pueblo.

 

Sí, esa es la mecánica que ha usado Keiko Fujimori y los grupos que son sus socios. Y acá hay que ponerle contexto a ese tema. El caso Lava Jato cambió todo el escenario. Con Lava Jato, políticos, ministros, expresidentes, terminaron siendo procesados por numerosos delitos. Entonces, estos grupos se dieron cuenta rápidamente de que debían tener un control sobre los órganos de justicia. Por eso es que, desde antes que lleguen a Palacio Dina Boluarte y Pedro Castillo, Keiko Fujimori y César Acuña ya estaban negociando para captar primero al órgano que supervisa a los fiscales y a los jueces, que es el Consejo Nacional de la Magistratura.

 

Acuña lo logra con más eficacia me parece.

 

Acuña lo logra con más eficacia porque él, para algunas cosas, es mucho más astuto, porque me parece que es más silencioso que Keiko y porque tiene plata como cancha. Y en efecto, lo que logra el señor Acuña, en el Consejo Nacional de la Magistratura, es tener una cuota de poder importante, que lo ayuda a nombrar a algunos personajes de su interés, como el actual Fiscal de la Nación, Tomás Aladino Gálvez.

 

Ahora, en medio de los manejos que hicieron los congresistas para controlar las instituciones, está la elección de los magistrados al TC y ahí aparece el nuevo presidente.

 

(José María) Balcázar, que fue presidente de la comisión para elegir a los nuevos integrantes del Tribunal constitucional.

 

Y él bloquea a observadores internacionales que querían estar presentes en esa elección.

 

Claro, querían garantizar la transparencia de la elección. Se habla mucho de que Balcázar es un izquierdista radical. Pero no, él es un señor de 83 años que vela por sus intereses, que le gusta mucho el poder y que fue una ficha importantísima para este grupo de bancadas que ha manejado el Congreso en los últimos años. Es uno de ellos.

 

Hay varias frases duras que lanzas en el libro. Te voy a leer tres. Dices: “Así se ejerce el poder en el Perú, pactando y traicionando”. “En el Perú, vacar a un presidente toma menos tiempo que condenar a un delincuente”. “El poder en el Perú ya no necesita un Vladimiro Montesinos”. ¿Cuál de estas frases es la que mejor define nuestra situación actual?

 

A mí me gusta la de que en estos momentos no necesitamos a un operador en la sombra, manejando un servicio de inteligencia, como Vladimiro Montesinos. ¿Por qué? Porque tenemos a varios Montesinos. Tenemos a Keiko Fujimori, tenemos a César Acuña, a José Luna, a López Aliaga. Todos ellos son una suerte de Montesinos de estos tiempos, cada quien busca su conveniencia, no les importa llegar a acuerdos, blindar, apañar. Y cuando por cálculo, la persona a la cual están protegiendo, en este caso los presidentes, no les son funcionales, simplemente los traicionan. Hubo un artículo en New York Times que decía que en el Perú no se necesita un dictador para que haya una suerte de dictadura. Esa frase resume muy bien lo que estamos viviendo.  

 

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