
El último 1 de marzo, una llamarada sacudió el km 43 del ducto de Camisea, en el distrito de Megantoni (Cusco). La ruptura obligó al inmediato cierre de las válvulas. Y en solo cuestión de horas, Perú quedó sin su principal suministro de gas natural, el cual alimenta entre el 40% y 60% de su generación eléctrica, asegura Elmer Arellanos, experto en energía renovable.
Este corte, que duró más de 10 días, generó pérdidas económicas en US$2.800 millones. Arellanos recordó que lo acontecido “no fue un accidente”. “Es la manifestación más clara y dolorosa de la vulnerabilidad estructural del sistema energético peruano”, agregó. Asimismo, indicó que la producción del gas natural empezará a caer en los próximos 12 a 15 años, según reportes del Ministerio de Energía y Minas (Minem).
El experto expuso dos problemas que el país no puede seguir ignorando:
Para Elmer Arellanos el problema es claro: “Mientras el mundo avanza hacia sistemas más diversificados y resilientes, el Perú sigue apostando casi todo a un solo recurso y a una sola tubería. La crisis de marzo no fue una excepción; fue la confirmación de una estrategia energética frágil, centralizada y altamente vulnerable”.
Gas de Camisea suspendió su transporte tras una fuga y llamarada en Cusco el pasado 1 de marzo.
Elmer Arellanos pone sobre la mesa el caso de Noruega, uno de los modelos más exitosos en la gestión de recursos hidrocarburíferos. En 1969, tras el hallazgo del campo Ekofisk, Noruega decidió no destinar su gas natural al consumo interno. Su matriz eléctrica ya dependía en gran parte de la hidroelectricidad, por lo que optó por exportar casi el 99% de su producción a Europa.
Sin embargo, siempre tuvieron claro que se trataba de un recurso finito. Las reservas probadas de gas bajaron de 3,84 billones de m3 en el 2000 a cerca de 2 billones en 2023. La producción caerá de forma sostenida después de 2027 y disminuirá más del 50% hacia 2033.
El campo Ekofisk, el primer yacimiento petrolífero gigante descubierto en Noruega. Foto: Norsk Petroleum.
Primer mecanismo: El Government Pension Fund Global (GPFG), el mayor fondo soberano del mundo, cuyo valor supera los 1,75 billones de dólares a fines de 2024. Solo se utiliza cerca del 3% anual de sus retornos, lo que mantiene intacto el capital, y hoy esos rendimientos ya representan más de la mitad de su valor total, por lo que el gas “vive” independientemente del gas.
Segundo mecanismo: Se trata de la transición masiva hacia la energía eólica offshore. Los mismos ingenieros que operaban plataformas petroleras y de gas ahora encabezan el desarrollo de parques eólicos en el Mar del Norte. En Noruega, la meta oficial del gobierno es asignar áreas para 30 GW hacia 2040.
Tercer mecanismo: El tercer mecanismo es la captura y almacenamiento de carbono (CCS). Los reservorios marinos vaciados de gas se reconvierten en almacenes permanentes de CO₂ procedente de industrias de Europa. El proyecto Longship ya está en operación desde 2025, marcando un hito mundial en esta tecnología.
“Noruega transformó el gas en riqueza que sobrevive al gas. Mientras que Perú, en cambio, no está construyendo ni fondo soberano, ni red de interconexión nacional robusta, ni parque eólico o solar a escala comparable”, sentenció Arellanos.
De acuerdo a Arellanos, Perú tiene un potencial enorme en solar y eólica; sin embargo, “la desaprovecha”. Por ello, brindó algunas acciones concretas que debe iniciar el próximo Gobierno para pasar de la alerta a la acción:





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