
Un equipo de investigadores logró identificar un templo enterrado de unos 2.600 años en Egipto, en el yacimiento de Buto, en el delta del Nilo, gracias a un radar satelital y técnicas geofísicas. El hallazgo, difundido en la revista científica Acta Geophysica, confirma la existencia de edificaciones ocultas bajo capas de sedimentos acumulados durante milenios, lo que había impedido su estudio mediante excavaciones tradicionales. De acuerdo con los expertos, el uso de sensores remotos permitió detectar las anomalías.
La investigación fue liderada por el arqueólogo Mohamed Abouarab, de la Universidad de Kafrelsheikh, quien destacó que el enfoque consiguió intervenir con precisión en un entorno complejo. Los autores indican que "los algoritmos de inversión 3D fueron especialmente eficaces para marcar los límites de las paredes de adobe y de las estructuras arquitectónicas enterradas". Esto demuestra el potencial de estas herramientas en situaciones donde excavar directamente puede ser peligroso o complicado.
Una de las imágenes satelitales que permitió identificar la estructura egipcia. Foto: Acta Geophys
El reciente análisis geofísico en el subsuelo egipcio expuso una estructura rectangular de adobe con dimensiones de 25 por 20 metros. El edificio se asienta sobre un terreno nivelado de forma artificial a una profundidad de hasta 6 metros, técnica que evidencia una planificación urbana sofisticada. Los expertos asocian ese complejo arquitectónico al periodo saíta, una época de esplendor bajo el dominio de la Dinastía XXVI.
La ubicación de los restos detectados por satélite y proceso de excavación. Foto: Acta Geophys
Durante las excavaciones dirigidas por escaneo, el equipo recuperó materiales de alto valor simbólico, entre los que sobresalen amuletos de los dioses Isis, Horus y Wadjet. Estos elementos sagrados fortalecen la teoría de que el recinto funcionó como un centro ceremonial o religioso clave para la comunidad antigua. La ubicación estratégica de los objetos sugiere que el sitio mantuvo una relevancia espiritual constante en la región.
Los investigadores hallaron también un escarabajo vinculado al faraón Tutmosis III y diversas figuras híbridas con rasgos divinos. Ante la magnitud del descubrimiento, los especialistas afirmaron que “la presencia de un altar y otras piezas rituales sugiere” un uso destinado exclusivamente al culto.
La estructura religiosa fue hallada sin necesidad de excavaciones iniciales. Foto: M.A.R. Abouarab
El satélite Sentinel-1 facilitó el hallazgo inicial mediante el uso de radar de apertura sintética, un sistema capaz de detectar anomalías bajo la superficie terrestre. Esta herramienta tecnológica identifica variaciones en la composición del terreno, lo cual revela restos arquitectónicos ocultos bajo sedimentos o capas de agua. A través de señales electromagnéticas, los expertos localizaron indicios de construcciones antiguas que permanecían invisibles al ojo humano, lo que representa un hito en la exploración de yacimientos complejos.
La fase posterior integró la tomografía de resistividad eléctrica, técnica que emplea electrodos para analizar la respuesta del subsuelo ante corrientes controladas. El procesamiento de 1.000 registros dio origen a un mapa tridimensional preciso donde figuran los límites y muros del edificio. Con esta información, el equipo ejecutó una intervención directa sobre un punto específico, una estrategia que, según los especialistas, “optimiza el trabajo arqueológico y minimiza riesgos” en ecosistemas vulnerables.
Las técnicas electrogeofísicas optimizó la intervención arqueológica bajo la ciudad egipcia. Foto: M.A.R. Abouarab
El descubrimiento de esta estructura revoluciona la arqueología moderna mediante la implementación de técnicas no invasivas que aseguran la integridad del patrimonio. Gracias a estos métodos, los especialistas localizan restos enterrados sin recurrir a excavaciones masivas, lo cual optimiza los recursos y protege el entorno original. Al respecto, el equipo de investigación afirma que "este enfoque abre nuevas oportunidades para estudiar ciudades antiguas enterradas en contextos difíciles", lo que marca un hito en la preservación de yacimientos históricos complejos.
Desde una perspectiva histórica, la Dinastía XXVI, a la que pertenece la edificación, es una fase de esplendor conocida como el periodo saíta que precedió a la invasión persa del 525 a. C. La abundancia de amuletos hallados evidencia una sociedad en la que los cultos religiosos y la política mantenían un vínculo indisoluble dentro de la planificación urbana. Este hallazgo permite descifrar las dinámicas de poder y la cosmovisión espiritual de una civilización influyente que logró revitalizar su cultura antes de los grandes cambios territoriales en la antigüedad.





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