Endometriosis afecta al 8% de peruanas y puede causar infertilidad, pero el diagnóstico demora hasta 10 años
Las dificultades para obtener un tratamiento adecuado incluyen el sufrimiento en silencio ante la invisibilización de los síntomas. La Ley N° 31868 busca mejorar el acceso a la atención integral, aunque su implementación es desigual.
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Cada mes, cuando llega su periodo, Alejandra se prepara para lo mismo: punzadas intensas en la pelvis, náuseas y presión constante en el abdomen que le dificulta trabajar o realizar actividades cotidianas. Durante años escuchó la misma respuesta en consultorios médicos: “Son cólicos normales”.
El diagnóstico llegó después de pasar por varios especialistas y exámenes. Lo que padecía era endometriosis, una patología ginecológica crónica en la que tejido similar al endometrio crece fuera del útero y provoca inflamación, dolor persistente y, en algunos casos, infertilidad.
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En el Perú, alrededor del 8% de mujeres en edad reproductiva podría tener esta condición, según estimaciones del Ministerio de Salud. Sin embargo, muchas no lo saben. La detección suele tardar y, la mayoría de las veces, llega cuando la enfermedad ya ha avanzado.
Dolencias eternas
Uno de los principales obstáculos es el retraso en su identificación. Estudios y reportes de EsSalud estiman que puede demorar entre siete y diez años, aunque en muchos casos el proceso se extiende incluso más. Según Andrea Ruiz, presidenta de la Asociación de Pacientes con Endometriosis y Adenomiosis del Perú, más del 90% de mujeres espera entre cinco y quince años para recibir un diagnóstico. Incluso hoy se detectan en etapas muy tardías, según denuncia: personas mayores de 70 años descubren su padecimiento pese a haber convivido durante décadas con signos de alerta difusos.
El ginecólogo oncólogo Gerardo Campos Siccha considera que la demora se explica en parte porque el mal puede manifestarse de forma variable. “Existen cuatro estadios: mínima, leve, moderada y profunda. En los más avanzados, el dolor puede ser permanente y no limitarse al periodo menstrual”, señala.
El problema se agrava porque no existe una prueba única para detectarlo. Los síntomas iniciales son poco específicos, fácilmente confundibles con molestias digestivas, infecciones urinarias u otras condiciones ginecológicas.
Invisibilización y falta de acompañamiento
Ruiz deja claro que el retraso también se relaciona con la forma en que se interpreta el cólico menstrual. Muchas pacientes son tratadas como si exageraran sus molestias, mientras reciben analgésicos o tratamientos hormonales sin una evaluación más precisa.
El impacto trasciende lo físico: niñas de entre 8 y 11 años faltan a clases por dolor intenso, adolescentes deben automedicarse para no perder cursos, y adultas enfrentan limitaciones laborales, fatiga crónica y problemas de concentración. Impacta la salud mental, la funcionalidad y la autonomía de quien sufre la afección.
Alejandra cuenta que está acostumbrada a trabajar con las punzadas que siente en el bajo vientre, a las cuales se suman su ovario poliquístico y cistitis. ''A veces ya no sé qué hacer. Tengo SIS, pero solo me dan analgésicos. Ni entrando por emergencia le dan importancia'', lamenta.
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Marco legal
Aunque en 2023 se promulgó la Ley 31868 que garantiza diagnóstico y tratamiento integral de endometriosis en el sistema de salud público, su implementación sigue siendo desigual.
Ruiz explica que muchas pacientes tienen dificultades para acceder a ginecólogos capacitados, exámenes como mapeo ecográfico o resonancia con protocolos adecuados. La ley existe, pero la falta de infraestructura, personal entrenado y coordinación entre especialidades limita su efectividad.
La dirigente insiste en que la enfermedad requiere un abordaje multidisciplinario: ginecólogos, fisioterapeutas de piso pélvico, nutricionistas, psicólogos, endocrinólogos, gastroenterólogos o urólogos según el caso. Sin este enfoque, los malestares pueden persistir y complicarse con otras patologías.
¿Sin soluciones?
Amigos y familiares de Alejandra, quien ya tiene 29 años, siempre le han dicho que debería intentar tener hijos para superar sus dolencias. ''Siento la presión, sé que no tiene cura. Incluso he congelado mis óvulos... Pero tampoco quiero tener un embarazo de riesgo'', manifiesta.
Campos Siccha descarta los mitos y explica que la fertilidad puede afectarse mediante adherencias que bloquean las trompas de Falopio o alteran la función ovárica. No hay procedimientos curativos; se busca controlar los síntomas mediante antiinflamatorios, anticonceptivos hormonales y progestinas (que suprimen temporalmente el ciclo menstrual), con resultados satisfactorios en aproximadamente 60% de los casos.
Sin embargo, el experto aclara que sí es posible embarazarse mediante técnicas de reproducción asistida, siempre bajo acompañamiento profesional. Cuando eso no alcanza, se recurre a cirugía laparoscópica para retirar tejido afectado y confirmar el cuadro, además de descartar riesgo de cáncer.
Pedido urgente
Ruiz subraya que mejorar la atención no solo implica recursos y personal, sino también humanidad, escucha activa y educación. Las pacientes deben involucrarse, informarse en fuentes confiables y exigir un abordaje integral que respete su experiencia. “Si bien las redes sociales ofrecen información, no toda es correcta ni actualizada. Una debe poder tomar decisiones conscientes sobre su cuerpo y su vida”, afirma.
Alejandra solo pide que haya más médicos que puedan entender lo que atraviesa, sin juzgarla o minimizar su sentir: ''Ya es bastante malo vivir con esto, pero que nadie te crea cuando vas a atenderte es peor'', sentencia.
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