¿La clase media global es revolucionaria?
“Se necesita un nuevo equilibrio entre Estado y mercado. Obvio. Como el cambio constitucional que se discute en Chile”.
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Desde hace ya buen tiempo se constata que existe una “clase media global” emergente, que proviene, justamente, del proceso de globalización en marcha. Según Brookings Institution, esta clase media ya representa la mitad de la población mundial de 7,600 millones.
Esta clase media global tendría preocupaciones y objetivos sociales dirigidos a la superación de sus niveles de vida y la defensa de sus derechos económicos y sociales. Se dice, por ello, que sería la nueva clase revolucionaria. También porque se opone a los gobiernos autoritarios y lucha contra la corrupción, como se vio en el 2013 con la primavera árabe, Turquía y Brasil. Después vinieron Hong Kong, los “chalecos amarillos”, Bagdad, Sudán, Líbano, Ecuador, Chile.
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Pero hay diferentes apreciaciones sobre los porqué. El enfoque más ortodoxo nos dice que la clase media ya superó de manera definitiva los umbrales de pobreza y que el camino será ascendente (su ala más radical hasta niega el cambio climático).
Joseph Stiglitz y el economista Thomas Piketty tienen un enfoque distinto, con matices propios, aunque convergentes. Subrayan que lo central es la creciente desigualdad en la distribución del ingreso de las sociedades: el 1% de la población concentra el 45% del ingreso mundial y eso afecta con fuerza el crecimiento económico y, por tanto, a toda la población, incluida la clase media global.
El enfoque de Stiglitz y de Piketty nos dice que en los últimos años, esta situación se ha agravado debido a la desaceleración económica que impacta a los países industrializados (ahora a sus sectores productivos), lo que ha “jalado hacia atrás” a la economía china: no se produjo el cambio de locomotora (China reemplazaba a EEUU) que planteaba el FMI. Por el contrario, desde que subió Trump han comenzado las guerras: comerciales, de divisas y por la supremacía en las tecnologías de punta.
En nuestros países hubo un impacto positivo por el superciclo de altos precios de las materias primas del 2003 al 2014, debido, sobre todo, a la industrialización china. Hubo crecimiento económico, aumento de la inversión y del consumo, reducción de la pobreza y, también, el surgimiento de una nueva “clase media”.
Pero la desigualdad no se redujo, sino que se agravó (1). Hay menos pobres que antes pero ha aumentado la distancia entre los ingresos: según la CEPAL, el 10% más rico de América Latina y el Caribe posee el 71% de la riqueza y tributa solo el 5,4% de su renta.
El bajo crecimiento de los últimos 5 años –fin del superciclo– ha frustrado las expectativas de ascenso social de la clase media (la ortodoxia no la vio) que teme regresar a la pobreza (el 35% de la población puede recaer). Esto explica las protestas, lideradas, en muchos países, por la clase media.
Hay, entonces, expectativas frustradas en un marco caída del crecimiento y aumento de la desigualdad. Y queda cada vez más claro que el origen es la concentración del poder económico, en un contexto de corrupción generalizada.
No sé si la clase media global –y de la Región– quiere una revolución y qué entiende por ello. Pero sí quiere una agenda de cambio. Y eso pasa por alejar a la economía del dogma del libre mercado y acercarla al individuo.
Se necesita un nuevo equilibrio entre Estado y mercado. Obvio. Como el cambio constitucional que se discute en Chile. Acá en el Perú, donde se copió todo lo que se pudo el modelo chileno, vale el refrán: cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
1 Ver https://larepublica.Pe/economia/2019/10/30/humberto-campodonico-un-peru-ahogado-en-exclusion/























