El caballero de los mares
Puntos de vista
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Grau, 140 años después
Michel Laguerre Kleimann, capitán de corbeta.
La vida de Miguel Grau Seminario no fue sencilla. A 140 años de su sacrificio en Angamos podemos aprender de ella: 1) Constancia. Su primera navegación terminó en un naufragio. El niño que comenzaba a conocer los secretos de su vocación marinera se encontró con lo más terrible de aquella. A pesar de ello, no abandonó su pasión, continuó por la ruta existencial que él quería para sí. 2) Temple. Grau tuvo todo en contra desde muy pequeño. Sin embargo, no convirtió estas verdades en excusas. Formó una familia digna y se preocupó por la educación de sus hijos. Asumió su realidad y decidió enfrentarla, incluso a costa de su vida.
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Grau y Dolores
Juan Carlos Llosa, capitán de navío.
Miguel Grau conoció a Dolores Cavero alrededor de 1863. Según Guillermo Thorndike, fue German Astete quien llevó al teniente Grau a casa de don Pedro Cabero el día que la familia “recibía visita”. Imaginamos que en un apacible martes por la tarde de ese año, en los confusos días de la “Expedición científica” española, entre tertulia y café, el oficial conquistaría a una de las chicas más bonitas de la época. Nace entonces la historia de amor entre Miguel y Dolores, que solo acabaría por el efecto devastador de un proyectil quince años después. La patria, a 140 años del grito desgarrador de Dolores y del inconsolable llanto de los niños a la hora de la terrible noticia, sigue añorándolo.


















