¿Por qué los pájaros no se electrocutan al posarse sobre cables de alta tensión? La respuesta está en una clave de la física
Especies grandes, como águilas, son más vulnerables a electrocuciones. Se estima que entre 900 mil y 11 millones de aves mueren anualmente en EE. UU. por accidentes eléctricos relacionados con cables.

Los pájaros pueden posarse sobre cables de alta tensión que transportan hasta 380.000 voltios sin electrocutarse, una escena habitual que despierta curiosidad. Aunque parezca imposible, la explicación está relacionada con un principio básico de la electricidad: la diferencia de potencial entre dos puntos.
Estas aves aprovechan los cables eléctricos como lugares elevados desde los que pueden observar su entorno sin obstáculos. Sin embargo, no son inmunes a las descargas eléctricas: cuando entran en contacto con dos puntos que tienen distinto voltaje, la corriente puede atravesar su cuerpo y provocarles lesiones graves o incluso la muerte.
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La diferencia de potencial explica por qué los pájaros no se electrocutan
Cuando un pájaro se posa sobre un único cable de alta tensión, sus dos patas se encuentran prácticamente al mismo potencial eléctrico. Al no existir una diferencia de voltaje significativa entre ellas, apenas circula corriente a través de su cuerpo y, por lo general, no sufre una descarga.
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Además, los cables metálicos, fabricados habitualmente con materiales como el aluminio, son buenos conductores de electricidad. El riesgo aparece cuando el ave toca al mismo tiempo otro cable con diferente voltaje o un elemento conectado a tierra, porque su cuerpo puede convertirse en una vía para que circule la corriente eléctrica.
Las aves grandes también pueden morir por una descarga eléctrica
Aunque muchas aves pueden posarse sobre un solo cable sin sufrir daños, las especies de gran tamaño, como las águilas, corren un riesgo mayor. Su envergadura aumenta las posibilidades de que toquen dos conductores al mismo tiempo o un cable y una estructura conectada a tierra, lo que puede provocar una electrocución.
Un estudio publicado en 2014 estimó que entre 900 y 11 millones de aves mueren electrocutadas cada año en Estados Unidos. Por ello, aunque los cables de alta tensión pueden servir como puntos de descanso y vigilancia, representan un peligro real cuando las aves establecen contacto entre puntos con diferente potencial eléctrico.













































