Plantaron 840.000 árboles en una antigua zona ganadera de Brasil: 25 años después regresó un animal desaparecido hacía un siglo
La iniciativa permitió el regreso de este mamífero sudamericano que había desaparecido hacía más de un siglo. Además, su presencia trae consigo beneficios para el ecosistema que habita.
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Una antigua zona ganadera de Brasil experimentó una transformación sorprendente después de más de dos décadas de restauración ecológica. Allí se plantaron 840.000 árboles nativos para recuperar parte de la Mata Atlántica que había sido reemplazada por pastizales.
El resultado fue mucho más allá de recuperar la vegetación: un animal que llevaba más de 100 años desaparecido de la región regresó. El proyecto permitió reconstruir su hábitat y convertir los antiguos terrenos ganaderos en un refugio para cientos de especies.
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Así transformaron una antigua zona ganadera en un bosque
Todo comenzó en 2001, cuando Nicholas y Raquel Locke fundaron la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA), en Río de Janeiro. El proyecto buscaba proteger los sectores conservados de la Mata Atlántica y restaurar las áreas que habían sido transformadas por la ganadería.
Para recuperar el ecosistema, la familia creó un vivero donde cultivó árboles nativos de la región. Con el paso de los años, cerca de 840.000 ejemplares fueron plantados en antiguos campos ganaderos, mientras se restauraban unas 607 hectáreas de pastizales, humedales y bosques fragmentados.
El regreso del tapir después de más de 100 años
La recuperación del bosque creó nuevamente las condiciones para el regreso del tapir sudamericano, un mamífero que había desaparecido del estado de Río de Janeiro hacía más de un siglo debido principalmente a la caza y la pérdida de su hábitat. En 2017 comenzó un programa para reintroducir ejemplares en la reserva.
El proyecto consiguió además que los tapires se reprodujeran en libertad. Según REGUA, actualmente hay 11 ejemplares liberados y tres crías nacidas en el área protegida. Su presencia también beneficia al bosque, ya que estos animales dispersan semillas al alimentarse de frutos y desplazarse por grandes extensiones.























