Más de 1.540 alces fueron abandonados en antiguas minas de carbón: casi 30 años después, la manada protagonizó una explosión poblacional nunca antes vista
El éxito del programa permitió a Kentucky pasar de recibir manadas de alces a exportarlos para repoblar regiones de Estados Unidos.
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Tras un siglo de su extinción por la tala indiscriminada y la caza furtiva, los alces regresaron a Kentucky, Estados Unidos. Este retorno triunfal fue posible gracias a un ambicioso programa de conservación a finales de los noventa, el cual acondicionó antiguas minas de carbón junto a áreas forestales para adaptarlas como un entorno próspero para los cérvidos.
Entre 1997 y 2002, un equipo de biólogos liberó 1.541 especímenes en el sector sudeste del Estado. Con el tiempo, este grupo de animales superó las proyecciones iniciales hasta formar “la mayor manada reintroducida al este del río Misisipi”, de acuerdo con reportes de The Wildlife Society y el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Kentucky.
¿Cómo se logró la histórica reintroducción de 1.541 alces en antiguas zonas mineras?
Entre diciembre de 1997 y marzo de 2002, varios especialistas trasladaron especímenes silvestres procedentes de Arizona, Kansas, Nuevo México, Dakota del Norte, Oregón y Utah. Los desprendimientos se realizaron por etapas en una franja de restauración que abarca 16 condados y unas 1,66 millones de hectáreas (4,1 millones de acres). “Mil quinientos individuos es mucho más de lo utilizado en cualquier otro programa de reintroducción de alces hasta la fecha”, explicó el investigador Jordan Youngmann a The Wildlife Society.
La iniciativa eligió esta región por su escasa presencia humana, extensos campos rurales y un entorno apto para mitigar roces entre la población y los animales. El territorio integró bosques apalaches junto a vastas hectáreas dañadas por la extracción de carbón que recibieron tratamientos de estabilización y revegetación. Dichos terrenos regenerados generaron praderas abiertas con pastos forrajeros, al tiempo que la cobertura forestal continua ofreció protección y espacio de cría.
La riqueza alimentaria y el espacio amplio potenciaron el asentamiento junto con el crecimiento demográfico del rebaño. Un informe difundido por Ecology and Evolution confirmó que la recuperación de los depósitos extractivos influyó en la efectividad del ecosistema, con resultados que superaron las proyecciones iniciales. A través del tiempo, los grupos migraron entre los puntos de suelta y se cruzaron, lo cual preservó la rica variedad genética proveniente de sus seis lugares de procedencia.
¿Cómo prosperaron los alces tras tres décadas abandonados en las minas?
La reintroducción de alces al este del Misisipi logró una expansión extraordinaria. Para 2018, la cifra oficial calculó 13.106 ejemplares, octuplicando el grupo trasladado en un inicio, mientras que revisiones posteriores de The Nature Conservancy mantuvieron el cálculo por encima de los 10.000 individuos. Will Youngmann definió este resultado como “una población enorme”, consolidando la manada reintroducida más grande de la zona.
El crecimiento demográfico respondió al amplio territorio, los pastizales en zonas mineras recuperadas, la densidad forestal y las múltiples etapas de liberación. Los análisis de ADN confirmaron la diversidad biológica de los distintos orígenes, evitando el estrangulamiento biológico habitual en fauna restaurada. “En general, la población de Kentucky está bien en términos de salud genética”, afirmó Youngmann a The Wildlife Society.
Esta iniciativa destaca como un hito en la gestión de fauna silvestre, permitiendo donar especímenes a otras regiones y regular la especie mediante caza controlada. El organismo estatal recibió el Wildlife Restoration Award en 2023 por este avance. Aunque la minería no devolvió el ecosistema primigenio, evidenció que un entorno transformado y conectado a los bosques puede cobijar un mamífero extinto localmente durante un siglo.
¿Qué riesgos amenazan la supervivencia de los alces en Kentucky?
El crecimiento sostenido de la manada de alces en Kentucky enfrenta un escenario crítico por cuenta de graves patologías biológicas. El Departamento de Pesca y Vida Silvestre del estado vigila con máxima severidad al gusano cerebral (Parelaphostrongylus tenuis), parásito letal responsable del 23% de las muertes naturales que causa ceguera, parálisis y letargo en ejemplares jóvenes. A esta contingencia se suma la caquexia crónica (CWD), afección neurológica mortal conocida como la “enfermedad del ciervo zombi” con casos confirmados en condados locales, así como la enfermedad hemorrágica transmitida mediante picaduras de mosquitos.
El aumento poblacional empuja a estos mamíferos fuera de las zonas mineras aisladas hacia autopistas de alta circulación vehicular. Las consecuencias resultan destructivas en la vía pública: con un peso corporal situable entre los 300 y 500 kilos, un atropello con la especie desencadena el deceso inmediato del animal junto a colisiones fatales para los automovilistas. Por esta razón, las autoridades promueven alertas continuas y campañas activas donde solicitan colaboración ciudadana para reportar anomalías sanitarias en los bosques.
Por último, el territorio experimenta una transformación ecológica perjudicial debido a la reforestación natural de antiguas minas de carbón, proceso donde la vegetación arbustiva elimina los pastizales abiertos requeridos para la nutrición diaria. La escasez de tierras públicas utilizables obliga a los rebaños a invadir terrenos agrícolas privados. Dichas incursiones generan constantes disputas territoriales con las comunidades rurales al provocar la destrucción masiva de cercados comerciales y cultivos locales.























