En 1931, abandonaron 4.000 ovejas en una isla: 44 años después, rescataron solo 10 por su capacidad para mudar lana sin ayuda
Las ovejas desarrollaron características como muda natural de pelaje y madurez reproductiva precoz, afectando la flora autóctona.
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El fracaso de un proyecto ganadero en el Pacífico sur abandonó 4.000 ovejas a su suerte en un entorno sumamente hostil. Privados de cuidados humanos, los animales sobrevivieron a precipitaciones continuas, corrientes heladas y climas extremos a lo largo de 44 años. Esa situación derivó en un singular caso de adaptación de animales domésticos a la vida salvaje, de acuerdo con investigaciones de la Sociedad Ecológica de Nueva Zelanda.
Décadas después, los científicos hallaron una comunidad con marcadas mutaciones biológicas respecto a sus pares de granja: muda natural de pelaje, madurez reproductiva precoz y menor rendimiento textil. No obstante, su expansión causó un severo impacto en la flora autóctona, choque que generó la necesidad de restaurar el ecosistema insular frente al valor de preservar esta reserva genética única, según detalla el New Zealand Journal of Ecology.
¿Qué ocurrió con las 4.000 ovejas abandonadas en la isla Campbell entre 1931 y 1975?
El proyecto ganadero en la isla subantártica Campbell —localizada a 660 kilómetros al sur de Nueva Zelanda— inició en 1895 con la llegada de los primeros ovinos merinos. La población ganadera creció con el ingreso de 3.000 ejemplares adicionales en 1901 hasta rebasar los 8.000 individuos para 1916. Sin embargo, las adversidades económicas, la logística compleja y la degradación de las pasturas forzaron el cierre definitivo de la explotación agraria en 1931.
Al cesar las operaciones comerciales, cerca de 4.000 animales quedaron varados a su suerte cuando los peones retornaron al continente. La majada enfrentó un entorno extremo caracterizado por precipitaciones durante 320 días al año, rachas de viento constantes y registros térmicos medios de 7 °C. Ese aislamiento prolongado desencadenó un desplome demográfico inicial que redujo el hato a menos de 1.000 cabezas hacia finales de la década de 1950.
A pesar del entorno adverso, el grupo experimentó una recuperación biológica hasta alcanzar casi 3.000 miembros en 1969. La tropa desarrolló adaptaciones clave como la pérdida espontánea de lana, la precocidad reproductiva en hembras jóvenes y un incremento en la tasa de nacimientos. "No todos los cambios deben atribuirse exclusivamente a una rápida evolución genética", concluyeron los científicos al evaluar la regeneración de la cubierta vegetal y la mejora ambiental del archipiélago.
¿Qué pasó con las ovejas que no fueron seleccionadas para el rescate?
En 1975, una expedición multidisciplinaria examinó a 120 ovinos tras cuatro décadas sin manejo humano. Los científicos descubrieron que perdían lana por desgaste paulatino y no de forma repentina, de acuerdo con Bill Regnault, integrante de aquella misión, en un relato publicado por la Rare Breeds Conservation Society. Las evaluaciones veterinarias descartaron patologías, lo que facilitó la repatriación de un pequeño grupo a Nueva Zelanda continental.
El equipo escogió cuatro machos y seis hembras jóvenes con la meta de conservar el valor genético y comercial de la población. La selección quedó bajo el resguardo del entonces Ministerio de Agricultura y Pesca para su posterior estudio en estaciones de investigación y granjas privadas. La meta prioritaria abarcaba el análisis de sus atributos biológicos únicos antes de proceder con el plan ambiental trazado para el resto del rebaño.
Los ejemplares restantes resultaron abatidos en varias campañas de control para proteger la reserva natural. Entre 1970 y 1991, cerca de 7.000 unidades murieron hasta completar la erradicación total del islote. La retirada definitiva de la especie permitió el posterior florecimiento de la vegetación subantártica, según documentó un estudio ecológico publicado en 2022.






















