Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, los 'jinetes' de las polarizadas elecciones en Colombia
Panorama electoral. IEn estos comicios presidenciales del 31 de mayo, Iván Cepeda capitaliza la continuidad del Gobierno de Gustavo Petro, Abelardo de la Espriella se posiciona como un outsider inspirado en líderes populistas internacionales, y Paloma Valencia representa la derecha tradicional vinculada a Álvaro Uribe.
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En un contexto en el que la democracia se ve cada vez más debilitada, como lo evidencia el informe Democracy Report 2026, que alerta sobre un retroceso global a niveles de 1978, con más autocracias y cerca del 74% de la población mundial bajo regímenes autocráticos, las elecciones presidenciales en cada país se convierten en uno de los últimos bastiones de este sistema político.
Sin embargo, esto no evita que los comicios se vean envueltos en la polarización, sobre todo en naciones donde los discursos de la derecha y la izquierda dividen de manera tajante a la población. Para el politólogo español Mariano Torcal, en América Latina la polarización se rige más por los afectos que por las ideas. “Es similar a ser hincha de un equipo de fútbol”, describe el especialista.
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En el caso puntual del Perú, esto se puede ver reflejado con mayor claridad en el panorama de la segunda vuelta. Keiko Fujimori, representante de Fuerza Popular y vinculada a la figura del exdictador Alberto Fujimori, vuelve por cuarta vez a esta instancia, esta vez contra Roberto Sánchez, actual figura de Juntos por el Perú, conocido por su capacidad de adaptación en sus movimientos políticos.
No obstante, pese a que ambos lados de la cédula de sufragio tengan nombre, el verdadero enfrentamiento se da entre los seguidores del fujimorismo y los votantes que ven en este movimiento una señal del deterioro democrático. Esta descripción empalma con lo dicho por Torcal, quien explica esto como “una identidad que ve al otro como un adversario irreconciliable”.
El panorama colombiano
Colombia vive su propia polarización en estas elecciones presidenciales del 31 de mayo, que cuentan con al menos 11 opciones para los votantes, pero que, según encuestas locales, se han enfocado en solo tres nombres: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, figuras que representan visiones radicalmente distintas.
The Economist describe estos comicios como los más polarizados en su historia como república. Además, el medio británico menciona los factores causantes de este panorama: la confrontación ideológica en el electorado, el desgaste del Gobierno de Gustavo Petro, la presencia del discurso populista, la inseguridad y el debilitamiento institucional.
Bajo esta línea de análisis, el politólogo colombiano Camilo González explica a La República que esta fragmentación causa el posicionamiento de las “expresiones más extremistas” e incluso pone en riesgo la aceptación de los resultados. “Elimina cualquier diálogo, cualquier pluralismo y eso es lo que estamos viendo incluso en términos de los debates que no hay debates”, añade.
La actualidad de la política colombiana coincide con lo dicho por el especialista. Los llamados favoritos de este cuadro electoral se han visto enfrentados entre sí en más de una oportunidad. De hecho, el propio Petro estuvo implicado en más de un cruce, lo que causó que la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes abriera una investigación en su contra.
Según el comunicado oficial del ente, el mandatario habría incurrido en “el delito de Intervención en Política (artículo 422 Código Penal)” tras publicar imágenes y textos con una clara alusión a su simpatía por el candidato del oficialismo.
Ante esto, González advierte dos beneficios para la postulación del representante del Pacto Histórico: la continuidad de la administración actual, lo que le permite no explayarse en explicaciones y enfocarse en “buscar otros sectores para afianzar su candidatura en la primera vuelta”; y la visibilidad que le dan las acciones del propio presidente.
Iván Cepeda: la continuidad de Petro
Con 63 años, Iván Cepeda es ahora el principal representante del partido Pacto Histórico en la carrera por la presidencia. Sin embargo, según relata CNN, el senador no era, en un principio, el llamado a ser la cara del oficialismo. No fue hasta el caso contra Álvaro Uribe, en el que una jueza declaró culpable al expresidente de fraude procesal y soborno a testigos, que Cepeda se convirtió en el precandidato favorito, al obtener una victoria simbólica para la izquierda colombiana tras enfrentar con éxito al líder histórico del uribismo.
No obstante, el pasado del candidato está tan vinculado a la política como su presente. Nacido en Bogotá el 24 de octubre de 1962, es hijo de Manuel Cepeda Vargas, dirigente de la Unión Patriótica y senador asesinado en 1994, y de Yira Castro, dirigente comunista y exconcejal de Bogotá, fallecida en 1981.
El asesinato de su padre marcó profundamente la vida pública del candidato presidencial. Se han vuelto conocidas las imágenes de un joven Cepeda, entrevistado en la calle poco después de enterarse de la muerte de su padre, cuando iba camino a la universidad.
Formado en filosofía, construyó buena parte de su trayectoria pública alrededor de la defensa de las víctimas, la memoria histórica, los derechos humanos y la búsqueda de la paz. Estos ejes estuvieron presentes en su etapa en el Congreso, donde fue representante a la Cámara entre 2010 y 2014, antes de pasar al Senado, primero vinculado al Polo Democrático Alternativo y después al Pacto Histórico.
The Economist indica que la candidatura del senador representa “la continuidad del proyecto político de Petro, aunque con una imagen más sobria y organizada”. Además, lo menciona como uno de los ejes centrales de la estrategia de paz total, que describe como un intento fallido de “contener la expansión de los grupos armados ilegales”.
La ultraderecha de Abelardo de la Espriella
En la vereda opuesta, el medio británico también analizó la postulación de Abelardo de la Espriella, a quien describe como “un fenómeno político de rápida expansión, con una narrativa inspirada en líderes como Donald Trump y el presidente salvadoreño Nayib Bukele”. Autoproclamado outsider, nació el 31 de julio de 1978 en Bogotá y, lejos del ámbito político, se formó como abogado.
Candidato presidencial por el movimiento Defensores de la Patria, hizo visible su figura en el ámbito del derecho al representar a figuras polémicas como David Murcia Guzmán, cerebro del esquema piramidal DMG, considerado el mayor fraude financiero en la historia de Colombia, y Alex Saab, señalado por Estados Unidos como testaferro del régimen de Nicolás Maduro.
Esta última representación legal le causó críticas en la actual carrera electoral e, incluso, denuncias por parte de organizaciones de defensa de la prensa, que han documentado intentos del candidato por silenciar a periodistas que investigan esa relación pasada.
No obstante, uno de los casos que ayudó a matizar su imagen fue la representación de Natalia Ponce de León, sobreviviente de un ataque con ácido sulfúrico perpetrado por Jonathan Vega en 2014. De la Espriella logró una condena histórica y ayudó a que el Congreso promulgara en 2016 la llamada Ley Natalia Ponce de León, que tipifica los ataques con ácido, sustancias químicas o corrosivas como un delito autónomo con penas más severas y garantiza atención integral a las víctimas.
Otra representación que ayudó a la figura del candidato fue la defensa de la familia de Rosa Elvira Cely, víctima de feminicidio, caso que asumió gratuitamente. Sin embargo, existe una polémica reciente porque De la Espriella se atribuyó un papel relevante en la creación de la Ley 1761 de 2015, conocida como Ley Rosa Elvira Cely, que tipificó el feminicidio como delito autónomo en Colombia.
Petro ingresó en esta controversia al compartir, en plena campaña electoral, una publicación de una nota televisiva de Noticias Uno que acusaba al candidato de quedarse con el 90% de la indemnización. La acusación luego fue desmentida por Adriana Cely, hermana de la víctima, quien aclaró a El País que eso no es cierto y que ni siquiera han recibido una compensación. No obstante, se reafirmó en que su madre y ella se sintieron maltratadas por De la Espriella, y en que “miente al decir que gracias a él se hizo la ley de feminicidio”.
Paloma Valencia y una moderada derecha
Abogada, filósofa y senadora del Centro Democrático, Paloma Valencia se erige como la figura de la derecha tradicional que intenta sobrevivir entre la corriente de izquierda comandada por Petro y el auge de las medidas populistas, según indica The Economist.
Nacida en Popayán en 1978, fue congresista desde 2014 y mantiene una propuesta presidencial basada en el concepto de “Orden, Firmeza y Corazón”. Además, al igual que Cepeda, cuenta con un pasado vinculado a la política: es nieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia (1962-1966) y de Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes, exdiplomático y concejal de Bogotá.
Valencia se convirtió para estas elecciones en la figura principal del partido fundado por Álvaro Uribe en 2013, y su carrera política estuvo fuertemente asociada con el uribismo. Aunque el propio Uribe respaldó directamente a la candidata en diversas ocasiones, el medio británico asegura que la representante “enfrenta dificultades para competir en un ambiente dominado por discursos emocionales y extremos”.



































