Productividad laboral: ¿qué puesto ocupa Perú en el último ranking?
Un análisis de ComexPerú, basado en estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muestra que Perú mantiene una baja productividad frente a otras economías de América Latina y el Caribe, pese a la mejora registrada en los últimos años.
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La productividad laboral en Perú alcanzó los US$30.212 por trabajador al año, nivel que coloca al país en el puesto 24 de 31 economías de América Latina y el Caribe, de acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aunque el indicador avanzó 3,1% entre 2023 y 2025, el resultado todavía representa menos de la mitad de lo registrado por Chile y Argentina.
El desempeño peruano también quedó por debajo de otras economías de la región con las que mantiene vínculos comerciales y que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Chile registró una productividad de US$65.064 por trabajador, mientras que Costa Rica alcanzó US$63.396, México US$48.498 y Colombia US$40.311.
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La diferencia no solo refleja cuánto produce cada trabajador. También evidencia una brecha en las condiciones que permiten a las empresas incorporar tecnología, capital, infraestructura y mejores procesos para elevar el valor generado por cada puesto de trabajo.
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La Organización Internacional del Trabajo ubica a Perú en el puesto 24 de 31 países en productividad laboral.
Perú mejora, pero sigue rezagado
El avance de 3,1% registrado por Perú entre 2023 y 2025 estuvo por encima del promedio de América Latina y el Caribe, que fue de 2% durante el mismo periodo. Esto permitió que el país subiera una posición en la clasificación y desplazara a Ecuador.
Sin embargo, la mejora resulta insuficiente para cerrar la distancia acumulada con las economías de mayor productividad. Chile, por ejemplo, presenta un nivel superior al doble del peruano. La diferencia también se mantiene frente a Argentina, de acuerdo con las estimaciones citadas en el estudio.
El primer lugar regional corresponde a Guyana, con US$224.358 por trabajador. Su caso responde a una situación particular: el fuerte incremento de la producción petrolera elevó considerablemente el PBI, mientras que el empleo no aumentó en la misma proporción. Por ello, su resultado no puede compararse directamente con el de economías cuya estructura productiva es más diversificada.
Más allá de estas diferencias, la OIT señala que la productividad constituye uno de los factores que inciden en la evolución de los salarios reales y en la capacidad de generar empleos de mayor calidad. En el caso peruano, el bajo nivel alcanzado limita ese margen.
El problema va más allá de producir más por trabajador
La productividad laboral no cuenta toda la historia. Una empresa puede elevar la producción por trabajador simplemente porque incorpora maquinaria, tecnología o más capital. Por ello, otro indicador relevante es la productividad total de los factores, que permite observar qué tan eficientemente se combinan el trabajo y el capital.
En este terreno, el desempeño peruano es menos favorable. Estimaciones de The Conference Board muestran que la productividad total de los factores acumuló un crecimiento promedio anual negativo entre 2011 y 2019. La pandemia profundizó el deterioro, con una caída de 4,8% en 2020, seguida de una recuperación que no logró revertir completamente el retroceso.
El Fondo Monetario Internacional también ha identificado un problema de fondo en el crecimiento peruano: durante buena parte del periodo analizado, la expansión del producto estuvo impulsada principalmente por la acumulación de capital, mientras que la productividad tuvo una contribución negativa al crecimiento.
Entre los factores asociados a este estancamiento aparecen las dificultades que enfrentan las empresas para ingresar y expandirse en el mercado. El FMI también ha señalado distorsiones derivadas de la regulación laboral y tributaria, incluyendo la existencia de múltiples regímenes tributarios y determinadas reglas vinculadas a la participación de utilidades.

Perú alcanzó un avance del 3,1% entre 2023 y 2025 ubicándose en el puesto 11 en este indicador.
Más inversión no garantiza mayor eficiencia
La discusión sobre productividad adquiere relevancia en momentos en que Perú busca elevar el empleo formal y mejorar los ingresos de los trabajadores. Incrementar la inversión en maquinaria, infraestructura o tecnología puede elevar la producción por trabajador, pero no necesariamente significa que la economía esté utilizando mejor sus recursos.
Por ello, una mejora sostenida requiere que las empresas puedan crecer, incorporar nuevas tecnologías y competir en condiciones que no desincentiven su expansión. La reducción y simplificación de los regímenes tributarios anunciada por el Ministerio de Economía y Finanzas apunta a uno de los problemas identificados en este ámbito.
El costo de contratar formalmente también forma parte de esta discusión. Cuando las obligaciones asociadas al empleo aumentan sin que exista un incremento similar en la productividad, las empresas con menor capacidad financiera pueden tener mayores dificultades para incorporar trabajadores a la formalidad.
En ese escenario, el debate sobre el salario mínimo no puede analizarse únicamente desde el monto que recibe el trabajador. También debe considerar cuánto produce cada trabajador, qué costos enfrenta la empresa y qué condiciones existen para que una mayor remuneración sea acompañada por mejoras en eficiencia.
La brecha de productividad, por tanto, no se resuelve únicamente con aumentos salariales ni con mayor inversión aislada. El desafío está en conseguir que el capital, el trabajo y la tecnología generen más valor dentro de las empresas. Ese es uno de los factores que determinará cuánto espacio tendrá la economía peruana para elevar los ingresos sin trasladar el ajuste al empleo formal.






















