Científicos de EE.UU. revelan que estos alimentos ultraprocesados elevarían 47% el riesgo de sufrir infartos y derrames cerebrales en adultos
Más del 60% de la dieta de los adultos y 70% en niños proviene de esos productos industrializados en EE.UU., según el estudio científico.
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Un estudio de la Florida Atlantic University (FAU), en Estados Unidos, publicado en The American Journal of Medicine, vincula el consumo de alimentos ultraprocesados con un incremento del 47% en el riesgo de enfermedades cardiovasculares en adultos, como sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares (derrames). Actualmente, más del 60% de la dieta en adultos y el 70% en niños proviene de estos artículos, los cuales poseen un escaso valor nutritivo y altas concentraciones de azúcares, grasas saturadas, sal y aditivos artificiales.
La alta prevalencia de esta ingesta representa un desafío crítico para la salud pública y requiere medidas preventivas urgentes frente a diversos problemas de bienestar. El coautor del estudio Charles H. Hennekens afirma que la modificación de los hábitos alimenticios enfrenta la fuerte influencia de las corporaciones que dominan el mercado global. Esta investigación subraya la necesidad de una transición hacia dietas más saludables, dado que la dependencia actual de los ultraprocesados compromete la longevidad y la estabilidad del sistema sanitario.
Lista de alimentos ultraprocesados que elevan riesgo cardiovascular
Los alimentos ultraprocesados son aquellos productos industrializados que contienen ingredientes que no forman parte de la dieta tradicional humana, tales como azúcares refinados, grasas trans, conservantes y otros aditivos. Estos alimentos incluyen una amplia variedad de productos altamente procesados que forman parte del consumo diario de muchas personas, según el estudio de la FAU:
- Refrescos y bebidas azucaradas
- Snacks envasados y fritos
- Comidas rápidas y listas para calentar
- Embutidos y carnes procesadas
- Cereales industriales y barritas de granola
- Galletas y otros productos de pastelería comercial
Estos productos también se caracterizan por su alto contenido calórico y su bajo valor nutritivo.
Otras enfermedades relacionadas con los ultraprocesados
Esos productos mencionados representan un factor de riesgo determinante para la obesidad debido a su baja densidad nutricional y alto aporte calórico. La American Heart Association destaca que esta condición altera la presión arterial y la resistencia a la insulina, lo que detona cuadros de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. El consumo frecuente de estos productos industriales deteriora las funciones metabólicas básicas y compromete la estabilidad física a largo plazo.
Por otro lado, la ingesta excesiva de estos artículos eleva la incidencia de hipertensión y dislipidemia entre los consumidores. Según The Lancet, una dieta basada en ultraprocesados desequilibra el metabolismo de grasas y azúcares, con un aumento crítico en los niveles de colesterol LDL y triglicéridos. Los refrescos y la comida rápida, cargados de azúcares añadidos, actúan como catalizadores de diversos trastornos metabólicos y patologías cardiovasculares severas.
Finalmente, existe una correlación probada entre estos alimentos y el incremento de la proteína C reactiva ultrasensible (PCR-us), marcador clave de la inflamación crónica. Este proceso inflamatorio daña los vasos sanguíneos y eleva las probabilidades de sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares. La reducción en el consumo resulta indispensable para prevenir afecciones crónicas y proteger la salud integral de la población.
El reto a largo plazo: un desafío de concientización y políticas públicas
Reducir el consumo de esos productos representa un desafío de salud pública que los investigadores de la Florida Atlantic University comparan con la histórica lucha contra el tabaquismo. Charles H. Hennekens señala que este proceso exige una mayor concientización social y la implementación de políticas públicas firmes ante la gran influencia comercial de la industria alimentaria. El reconocimiento de los riesgos asociados a estos alimentos es el primer paso para establecer un marco normativo que priorice el bienestar colectivo sobre los intereses económicos de las grandes corporaciones.
Por otro lado, el acceso a una nutrición adecuada no depende exclusivamente de decisiones individuales, ya que existen barreras económicas y sociales significativas. Es imperativo crear entornos donde las opciones saludables resulten accesibles y atractivas para la población general, con un énfasis especial en las comunidades de bajos recursos. De este modo, la transformación de los hábitos alimentarios requiere un compromiso institucional que garantice la disponibilidad de alimentos nutritivos frente a la oferta predominante de ultraprocesados.


























