
Julio Mario Valencia Rivadeneira se fue de la casa de sus padres a los seis años por razones ajenas a su voluntad. No tenía un destino fijo: deambulaba por las calles hasta que llegó a convivir con un grupo de hombres en la ribera del río Rímac, en Barrios Altos. Comían lo que encontraban y dormían como podían. Una de esas noches, ya con 19 años, no pudo más. “Yo le dije: Señor, si tú verdaderamente dices ser quien eres, sácame de este infierno y te prometo que cargaré tu cruz hasta que me lo permitas”.
Según su relato, esa noche una persona lo obligó a levantarse y, guiándolo por detrás, lo llevó hasta la parroquia Nuestra Señora de La Victoria, a un lado de la plaza Manco Cápac. “Llegamos y él le dijo al padre: ‘tenemos que salvar a este hombre’. Me hizo pasar y cuando volteé, no había nadie”, contó.
Era diciembre de 1976 y la Iglesia necesitaba gente dispuesta a recrear el nacimiento por Navidad. Valencia entonces fue elegido para representar a Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Lo hizo tan bien que, al año siguiente, lo escogieron para participar en la dramatización por Semana Santa. Su personaje, dada su cabellera y barba largas, sería el que lo acompaña hasta hoy: Jesús de Nazaret.
Mario Valencia solo piensa en el perdón y la compasión de Jesús cuando carga la cruz.
En los años siguientes, Valencia continuó realizando esta personificación, lo que llamó la atención de la Municipalidad de Lima que, a comienzos de los años 90, lo invitó a realizar su intervención con una mayor organización y logística en el centro de la capital. Su primer recorrido del vía crucis fue desde el Santuario de Santa Rosa hasta Chorrillos, pero como el trayecto era muy largo, al año siguiente decidieron que llegara solo hasta el puente Huánuco.
Valencia recuerda muy bien esa segunda jornada porque las cosas se dieron de manera distinta. “Cuando llegamos allí, me dijeron que deje caer la cruz, pero yo sabía que, si seguía, podía llegar al Cerro San Cristóbal. Tenía adelante a la guardia pretoriana, detrás a la banda procesional y a mis costados a más de 50.000 personas. Con toda esa adrenalina, lo único que hice fue encomendarme a Dios y seguir. Gracias a él pudimos llegar y así establecimos esto, que ya es una tradición cada año”, señaló.
Cada año, cientos de personas acompañan el vía crucis del Cristo Cholo
El Cristo Cholo —que este año hará su aparición número 49— vive actualmente en la casa de su madre, en Comas. Se mudó a raíz de la caída que sufrió desde un quinto piso en 2019, cuando intentó ingresar por la ventana a la vivienda que tenía la puerta cerrada. El accidente le produjo fracturas en la clavícula, mandíbula y dejó su pulmón con graves lesiones.
Aunque hoy está mejor, asegura que todavía necesita costear un tratamiento para evitar una operación al pulmón que lo dejaría sin la posibilidad de seguir cargando la cruz cada Viernes Santo. Debido a ello, hace una invocación a las personas, instituciones y empresas que deseen ayudarlo de forma voluntaria, ya que afirma que tampoco ha podido volver a trabajar como transportista de combustible y solo hace encargos ocasionales que le encomiendan sus conocidos. “Yo espero llegar a los 50 años (personificando a Jesús) y de ahí lo dejo en manos del Señor”, dijo.
El Cristo Cholo destaca que, más allá de querer ser recordado o no, él solamente quiere transmitir y dejar el legado de que, en esta parte de nuestra existencia, “un humilde servidor representó la vida, pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo como hace más de 2.000 años él vivió y sufrió por cada uno de nosotros”. Afirma que es la única voluntad divina que lo motiva a seguir mejorando.
Con un pasado difícil y un presente complicado por su salud, Valencia dejó un mensaje a quienes también atraviesan dificultades. “Así como a mí me toco pisar fondo, a quienes hoy por hoy están pasando momentos duros, pónganse la mano en el pecho, conversen con el Señor, cójanse de su mano y él va a obrar”, reflexiona, haciendo énfasis en el soporte espiritual que él también recibió.
“Cuando se comuniquen con nuestro padre celestial, háganlo con mucha fe, con mucha devoción, con verdadera sintonía. Si es de todo corazón, el Señor te va a brindar su apoyo”, sentenció.
El Jueves Santo, recreó el bautizo de Jesucristo en la pileta del Paseo de las Aguas en el Rímac.
El Domingo de Ramos (29 de marzo), Valencia escenificó la entrada de Jesús a Jerusalén en el Centro Histórico de Lima; mientras que el Jueves Santo (2 de abril) recreó el bautizo del Señor en el Paseo de las Aguas en el Rímac.
Hoy el Cristo Cholo hará su aparición número 49 en la escenificación del 'Vía Crucis de la Reconciliación' por Viernes Santo. La jornada iniciará al mediodía desde el Teatro Municipal de Lima, ubicado en el jirón Huancavelica N.° 338 y culminará por la noche, al llegar a la cumbre del Cerro San Cristóbal, en compañía de miles de seguidores.
Valencia, como cada año, se siente bendecido por este momento: “Yo le agradezco tanto al Señor que, a través de esta actuación, me permita mostrar el sufrimiento que hace 2.000 años pasó, para que nuestro pueblo pueda reflexionar. Cuando estoy en la cruz, sé que ya no soy yo, porque la gente no me ve a mí, sino a él”.
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