
Tras más de dos décadas de intensas negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea firmaron un histórico tratado de libre comercio en una ceremonia celebrada en el Gran Teatro José Asunción Flores, en Asunción, Paraguay. El acuerdo establece que cerca del 92% de los intercambios comerciales estarán exentos de aranceles en un período de hasta 15 años, aunque se impondrán límites estrictos a los sectores más sensibles.
Se espera que el Mercosur incremente sus exportaciones de productos agrícolas y minerales para la transición energética de la UE. Las exportaciones del bloque europeo hacia su par comercial crecerán un 39%, mientras que las de la región sudamericana hacia la UE aumentarán un 17%, con lo que alcanzará los 48.700 y los 8.900 millones de euros, respectivamente. Además, los países del sur confían en recibir inversiones europeas para proyectos relacionados con la energía y la minería.
En declaraciones previas a la firma, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que ambas partes optaron por “el comercio justo sobre los aranceles”, en un contexto global marcado por el aumento de las tensiones comerciales. “Elegimos una asociación productiva y de largo plazo por encima del aislamiento y, por encima de todo, tenemos la intención de ofrecer beneficios reales y tangibles a nuestros ciudadanos”, señaló.
El presidente paraguayo Santiago Peña, anfitrión del encuentro, destacó que la firma del tratado demuestra que ambos bloques eligieron “el camino del diálogo y la cooperación” tras más de 25 años de negociaciones iniciadas en 1999. En la misma línea, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, sostuvo que el acuerdo constituye “una apuesta decidida por la apertura, el intercambio y la cooperación, frente al aislamiento y el uso del comercio como arma geopolítica”.
El convenio tiene el potencial de crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado conjunto de más de 700 millones de personas y un PIB cercano a los US$22 billones, lo que abre una oportunidad significativa para potenciar el intercambio de bienes y servicios entre Europa y América del Sur.
Al reducir aranceles sobre la mayoría de los productos, se espera que los consumidores tengan acceso a una amplia variedad de bienes a precios más competitivos, se impulsen las inversiones y se amplíe el acceso a mercados y contrataciones públicas, lo que favorecería sectores tanto industriales como agrícolas de ambas regiones.
Sin embargo, las implicancias también incluyen desafíos y ajustes estructurales. Para algunos sectores agrícolas europeos, la apertura comercial plantea temores por la competencia de productos sudamericanos más baratos, lo que ha generado rechazo y exigido mecanismos de salvaguardia, contingentes arancelarios y cuotas para proteger sectores sensibles.
El acuerdo entre el Mercosur y la UE también tiene un fuerte impacto político al reforzar el multilateralismo en un contexto marcado por el avance del proteccionismo y las tensiones geopolíticas.
Desde Bruselas, Ursula von der Leyen señaló que el tratado representa una apuesta por “el comercio justo frente a los aranceles”, en alusión indirecta a las políticas comerciales de Estados Unidos bajo Donald Trump. Analistas citados por Reuters destacan que el pacto busca consolidar la influencia europea en Sudamérica frente a la creciente presencia de China.
Para el Mercosur, el tratado tiene implicancias políticas internas y regionales, ya que obliga a los gobiernos a coordinar posiciones en temas sensibles como agricultura y apertura de mercados, de acuerdo con documentos oficiales del bloque.
Para el internacionalista Camilo González, el presente acuerdo implica un cambio significativo en las relaciones comerciales internacionales. "Este pacto refuerza o pasa por lo menos a la acción en términos de su paradigma de política exterior que es la autonomía estratégica abierta", destaca González, quien señala que las regiones firmantes no se limitarán a actuar dentro de sus propios límites geográficos, sino que buscarán nuevos socios comerciales que les permitan flujos más diversificados y favorables. De esta forma, el acuerdo promueve una mayor independencia económica para ambas regiones frente a los grandes actores globales.
Desde la perspectiva de la Unión Europea, este acuerdo se presenta como una "válvula de oxígeno" frente a la presión de gigantes como Estados Unidos y China. González explica que, al diversificar sus relaciones comerciales, la UE reduce su dependencia de estos dos países. "Con este acuerdo, Europa empieza a buscar otros socios que le permitan flujos comerciales más favorables", lo que no solo le da mayor seguridad comercial, sino que también refuerza su autonomía económica en el contexto mundial. Para los países del Mercosur, el acuerdo abre nuevas oportunidades de exportación. "Les permite lograr tasas de exportación mucho más favorables y tener una cooperación sectorial más fortalecida", señala González, destacando la importancia de este pacto para ampliar el acceso a mercados europeos.
Sin embargo, el académico advierte sobre los desafíos que pueden surgir. En cuanto a Estados Unidos, el acuerdo podría ser visto como una competencia adicional, lo que podría llevar a represalias arancelarias. "La variable política será clave en cómo Estados Unidos reacciona ante esta nueva relación comercial entre los dos bloques", afirma González. A pesar de esto, algunos países del Cono Sur, como Argentina y Uruguay, tienen relaciones más estables con Estados Unidos, lo que podría atenuar los efectos negativos del pacto en estos casos. Con respecto a China, González no cree que haya oposición significativa, ya que "China no tiene ningún problema con que sus socios comerciales diversifiquen sus relaciones", aunque la región podría perder algo de influencia en ciertos sectores.
Desde el punto de vista de la innovación en acuerdos comerciales, González destaca que este pacto marca un cambio importante al asociar bloques regionales, no solo países individuales. "Este acuerdo establece un precedente de cooperación entre bloques, lo que podría convertirse en un modelo a seguir para futuros acuerdos comerciales", señala. Además, subraya que la dimensión ecológica del acuerdo, aunque se abordó mediante algunas "salvaguardias medioambientales", podría no ser suficiente para resolver todos los problemas ecológicos a largo plazo. "Las salvaguardias serán un obstáculo insalvable", pero la inclusión de estas cláusulas muestra una disposición a enfrentar los retos globales relacionados con el cambio climático.





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