
La empresa Space Epoch acaba de inaugurar en Hangzhou, China, la primera base marítima dedicada a la recuperación, mantenimiento y producción de cohetes reutilizables. Esta base, situada en la región este del país, ha requerido una inversión de 5.200 millones de yuanes, alrededor de 639 millones de euros.
Se trata de la primera instalación de su tipo construida en alta mar, y su principal objetivo es el mantenimiento y la producción de cohetes. La obra comenzó el 7 de enero y se espera que, con el tiempo, pueda fabricar hasta 25 cohetes anualmente.
El concepto de recuperar cohetes no es algo nuevo en Occidente. SpaceX ha estado perfeccionando durante años sus aterrizajes en plataformas autónomas en el Atlántico y el Pacífico. Lo que marca la diferencia ahora es que China, a través de Space Epoch, ha comenzado a competir seriamente en este campo con una base propia y permanente.
Esta instalación permitirá recuperar los cohetes después de su lanzamiento, llevarlos a un lugar para su mantenimiento y prepararlos para futuros vuelos. El propósito es claro: reducir los costos, aumentar la frecuencia de las misiones y ganar autonomía tecnológica. Además, Space Epoch proyecta que, en el futuro, la base podrá fabricar hasta 25 cohetes al año. Esto no se trata de experimentos aislados, sino de una inversión industrial de gran escala.
Uno de los cohetes más importantes que se desarrollarán en esta base es el XZY-1, conocido como Qian Tang Hao. Este cohete tendrá un diámetro de 4,2 metros, una altura de 66 metros y un peso cercano a las 600 toneladas, exactamente 575. Es un cohete diseñado para competir en las grandes ligas, no para ser una simple prueba de laboratorio.
Este lanzador será uno de los elementos fundamentales del programa espacial reutilizable de China. Su tamaño y capacidad lo sitúan en la misma categoría que los grandes cohetes de Occidente. Además, contará con una base diseñada especialmente para recuperarlo del mar y ponerlo nuevamente en funcionamiento.
La decisión de Space Epoch forma parte de una estrategia más amplia: posicionar a China como una potencia espacial integral, capaz de lanzar, recuperar, reutilizar y producir cohetes de manera continua. Lo que realmente marca la diferencia con etapas anteriores es la rapidez con la que están ocurriendo los avances. Mientras Europa sigue debatiendo y Estados Unidos consolida sus esfuerzos, China ya está en plena construcción.
La base marítima en Hangzhou es solo una pieza del rompecabezas, pero es crucial porque quien controle la reutilización de cohetes, controla los costos y quien controle los costos, tiene el control sobre el acceso al espacio. Este movimiento no va dirigido únicamente a Elon Musk, sino a toda la industria. El mensaje es claro: China ya no quiere ser un espectador más, quiere ser un actor principal.
Además, esta base no es un simple gesto simbólico; es una declaración de intenciones. Pekín tiene la ambición de competir en el mismo terreno que SpaceX, con infraestructuras propias y sin depender de soluciones improvisadas. La carrera espacial ya no solo se libra en el espacio, sino también en astilleros, plataformas, cadenas logísticas y centros de mantenimiento. Y en este nuevo escenario, cada base tiene un gran valor.

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