
¿Qué sería de nuestra condición de lectores de poesía sin el fuego de esos poetas que, por medio de textos incendiarios, nos abrieron las puertas de la tradición poética, tradición de múltiples ramas que a más de uno le ha permitido forjar su canon personal?
Cuando recordamos a los poetas que motivaron ese inicial fuego poético (que tiene luces peculiares cuando los lees entre los 17 y 20 años, la etapa en donde se confunde la idealización con la posería), se presentan en nuestra memoria Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Dylan Thomas, a saber. Pero ninguno con el grado de radiación de Allen Ginsberg, uno de los fundadores de la Beat Generation.
Ginsberg fue un viajero incansable y un curioso irredento. Por ejemplo, su sed de experiencia psicotrópica lo trajo a Sudamérica y su paso por Perú era un destino cantado. Cumplió su cometido, probó lo que tuvo que probar y en sus días por Lima conoció a su alma gemela, el poeta Martín Adán, a quien le dedicaría años después un bello poema (“A un viejo poeta en el Perú” de 1960).
Su extenso poema “Howl” (“Aullido”) despertó, en 1955, la euforia en la Six Gallery de San Francisco. No es para menos, “Howl” es más que una perfecta construcción formal; es un llamado, un cuestionamiento personal al lector. Hablamos, pues, de un poema político, furioso y hormonal, que a la fecha adquiere una resonancia sin coto de frontera. Ginsberg presentó este poema en un contexto conservador.
“Howl” es el poema insignia de Ginsberg, sin duda, el más universal entre varios poemas del mismo calibre (pensemos en “Kaddish” (escrito entre 1957 y 1959), dedicado a su madre que murió en 1956). Este poema igualmente nos permite entender el carácter y la onda expansiva de influencia de su hacedor. Prueba de ello la tenemos en la película homónima de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, del 2010, con James Franco en el rol del vate.
La película se centra en la vida de Ginsberg e incide en el impacto y en las consecuencias que produjo la publicación de “Howl” en formato de libro (Howl and Other Poems) en 1956. Ginsberg es un joven inseguro, pero con ganas de cambiar no tanto el mundo, sino la manera en que se vive en él; desfilan personajes como Jack Kerouac, Neal Cassady, Lawrence Ferlinghetti, Peter Orlovsky, entre otros; los directores hacen uso de las digresiones (en las que se llegan a insertar secuencias animadas y de archivo), estrategia, en principio, correcta para no dejar de enfocarnos en las escenas sobre el juicio por obscenidad que Ginsberg enfrentó en 1957 a razón de la publicación de Howl and Other Poems por la editorial City Lights.
Las actuaciones son sólidas, pero el abuso del carácter experimental (como la no linealidad de la narración, que hasta cierto punto es mérito) disminuye la intensidad dramática de las mismas. Pese a este reparo, Howl sigue mostrando una frescura y un ánimo inquieto, dignos del espíritu de Ginsberg y de la Beat Generation. En plataformas.
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Datos:
Libros. La Generación Beat tiene tres títulos capitales: Howl de Ginsberg, En el camino de Jack Kerouac y El almuerzo desnudo de William S. Burroughs.

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