
La historia registra múltiples urbes devastadas por catástrofes naturales que permanecen en el olvido abisal. No obstante, una ciudad de Sudamérica sorprendió al mundo tras emerger de las profundidades después de dos décadas sumergida, lo cual reveló un paisaje apocalíptico. Este fenómeno cautiva a viajeros mediante una estética que fusiona enigma con una fascinación visual sin precedentes en la región.
Aquel antiguo destino, célebre gracias a sus termas, constituye actualmente un sitio deshabitado y blanqueado por minerales. Tras una inundación fatídica hace 41 años, el asentamiento permaneció bajo 10 metros de líquido salino hasta 2009, año en que las estructuras volvieron a la superficie. Los vestigios actuales funcionan como un testimonio de la fuerza de la naturaleza y la erosión cronológica sobre los restos del balneario.
Una foto de cómo era el pueblo antes de la tormenta de 1985 y las ruinas actuales. Foto: AFP
Villa Epecuén, antiguo balneario de Buenos Aires, Argentina, reapareció tras permanecer casi 25 años oculta por una inundación masiva. Este asentamiento, fundado en 1920 junto a un lago salino de propiedades curativas, recibía multitudes en busca de bienestar medicinal. Pablo Novak, residente histórico del sitio, relata que aquel destino turístico "era un lugar lleno de vida, gente y actividad" antes del desastre.
La tragedia ocurrió cuando un temporal extremo superó el dique de contención y sumergió cada edificación. Los 1.500 pobladores evacuaron la zona ante el avance del caudal, el cual arrasó con sus bienes y memorias durante 25 años.
Actualmente, el entorno exhibe una atmósfera surrealista compuesta por restos de construcciones y vegetación petrificada debido a la salinidad. De acuerdo con la BBC, "el paisaje de sal que cubre las ruinas ofrece una vista impresionante, casi como un paisaje de otro planeta".
La catástrofe inició en noviembre de 1985 tras intensas precipitaciones y una fuerte sudestada que elevaron el caudal del lago homónimo. Aunque existía un muro de contención para proteger la localidad, el temporal superó la resistencia del dique y permitió que las inundaciones invadieran el asentamiento. "La ciudad fue arrasada por una fuerza de la naturaleza que no se pudo controlar", relató el residente Mariano Rodríguez.
Tras permanecer ocultas durante 25 años, las ruinas emergieron en 2009 debido a la sequía y reparaciones en el sistema hidráulico. El retroceso del agua reveló un paisaje fantasmagórico de estructuras salitrosas, árboles petrificados y obras arquitectónicas de Francisco Salamone como el "Matadero". Actualmente, este sitio atrae a múltiples viajeros que recorren los esqueletos de concreto de la iglesia o el antiguo parque termal.
Carhué funciona como la base principal para acceder a las ruinas, situadas a escasos 8 kilómetros. El trayecto desde Buenos Aires demanda un viaje vehicular de seis horas o un traslado en autobús con duración cercana a 10; sin embargo, el tramo final requiere movilidad privada o servicios turísticos especializados ante la ausencia de colectivos locales hacia el predio.
El complejo permite caminatas entre estructuras colapsadas, donde destaca el icónico Matadero de Salamone y los restos del antiguo muro derribado por la inundación. Los turistas acceden al Centro de Interpretación por un costo aproximado de 8.000 ARS (5,74 dólares) para observar reliquias recuperadas del lago, en jornadas que inician puntualmente a las 9.00 horas.
Según la BBC, además de Villa Epecuén, existen más lugares notables que desaparecieron:





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