Detectives privados: una lucha diaria para ser reconocidos como profesionales

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01 Ene 2014 | 20:48 h

Carlos Contreras Chipana

"Es infiel, señor, su mujer le es infiel", dijo el detective William Oscar, parado en el teléfono público de la esquina del hotel 'Cinco y medio'. La investigación había finalizado antes de lo planeado. Su cliente, del otro lado de la línea, balbuceaba: "¡Lo sabía, maldita sea, lo sabía!".  En seguida, un silencio se impuso unos 10 segundos. "¡Voy para allá de inmediato, manténgame enterado de cualquier noticia!".
"Mi esposa está medio rara,  detective, investíguela", recuerda que le dijo la primera vez que lo vio por la noche. William Oscar no perdió tiempo y la mañana siguiente se ubicó en un punto estratégico del inmueble en la zona de Salamanca, en Ate. Binoculares, cámara y libreta. Tiempo de observación, paciencia, deducción y mucho olfato. "Señor, su mujer ha salido de su casa con un  hombre", reportó a su cliente. "No se preocupe, detective, es su primo", respondió al oír las características que le daba del sujeto. Al quinto día, el familiar había sido descubierto. El amante vivía en casa.
 Hoy, el detective William Oscar, a sus 70 años, recuerda esa anécdota como si hubiese sucedido ayer. Aquella noche, su cliente llegó frente al hotel 'Cinco y medio', se sentó al costado de él, en el vehículo, y esperó. A la salida de su esposa con su primo, el deshonrado desenfundó un arma y cuando se alistaba a jalar del gatillo, William Oscar se le fue encima y lo contuvo: "¡calma, hombre, calma!". Luego dio parte a la policía. Los amantes huyeron. Minutos después y tras el respectivo pago de sus honorarios, vio a su cliente por última vez. Más que molesto, éste estaba irritado con él mismo.
William Oscar es un detective que no viste como el personaje ficticio de Sherlock Holmes, aunque sí posee la viveza y el poder deductivo, y también las aventuras. Él es un policía que quiso ser detective. En los '70, estudió vía correspondencia –lo que hoy sería vía virtual– en la Primera Escuela Argentina de Detectives, y hoy es uno de los fundadores de Detectives Privados del Perú. De su tiempo de efectivo policial rescata lo que aprendió en las unidades de Criminalística y Laboratorio. Lo que lamenta ahora es que la PNP no respeta su profesión. "No obstaculizamos en nada la labor de la policía –aclara–, cuántas veces hemos sido detenidos por no tener una ley que ampare nuestra profesión", expresa y se queda pensativo: "¡Cuántas veces!".
Un detective no solo desarrolla actividades matrimoniales, también investiga casos civiles (localizaciones de personas, movimientos migratorios), comerciales (fraudes, robos en empresas y alquileres), de seguridad (guardaespaldas) y política (doble militancia, corrupción). Siempre es contratado por encargo de terceras personas, que pueden ser naturales y jurídicas. A ellos –al finalizar la investigación– les entregan un informe final detallado del caso. Todo guardando la confidencialidad.
En el Perú, la actividad del detective privado no está reglamentada. El único reconocimiento oficial se consiguió en 1984, en el segundo gobierno de Fernando Belaunde, cuando se publicó el Decreto Supremo N° 053-84 que establecía que ellos pasaban a ser parte de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP). Esta norma está vigente pero el reglamento desfasado. ¿Por qué? En el año 1988, en el  primer gobierno de Alan García, las tres fuerzas policiales se unieron (la PIP, la Guardia Republicana y la Civil) y los detectives fueron los más perjudicados.
Desde ese año hasta hoy, los más de 2 mil 500 investigadores privados de todo el país solicitan que su profesión sea reconocida como muchas otras para así poder formar el Colegio Profesional de Detectives del Perú.
William Oscar sonríe cuando le pregunto cuánto cobra por su labor. Eso depende del caso. Si se va a alquilar una casa, se va a viajar a provincias y en cuánto tiempo se obtendrán pruebas. "La verdad duele, pero trabajo es trabajo, advierte, y para eso se debe ser moral, defensor de la verdad y no ser infidente". William Oscar tiene límites, aunque puede investigar hasta a su propia familia. Para su mala suerte, ninguno de sus 4 hijos quiso ser detective privado.
con ustedes 'la tacher'
"La Tacher" estaba en ese momento frente a Elena Iparraguirre. Firme, inmóvil, en silencio. Debía resguardar a quien la interrogaba en esa pequeña celda adonde habían trasladado a la pareja del líder de Sendero Luminoso, aquella tarde de 1992. Ella no le tenía miedo a la 'camarada Miriam', ya antes se había enfrentado a terroristas. Incluso había descubierto a un infiltrado en uno de los sectores del Estado.
–Yo te conozco a ti y a tu familia–, le dijo la Iparraguirre, en tono amenazante–. El ambiente se quedó en silencio.
¿Ah, sí? Claro, ¿cómo no me vas a conocer? No sabías que todos tenemos nuestros dobles. Yo también te conozco a ti y a tu familia, tranquila –respondió–. Al segundo, las senderistas encarceladas la interrumpieron vociferando sus canciones.
Para "La Tacher", como dice en su tarjeta de presentación (en honor a la ex primera ministra Margaret Thatcher) no hay tarea difícil y sus 52 años no la amilanan. Su experiencia vale oro. Todos los días, ella viste como se imaginan a una detective: traje negro, gafas, y de civil de la cabeza a los pies, excepto cuando visita a su hija y nieto (en ese momento es una abuela chocha). Su seriedad es su carta de presentación. Cuando era jovencita se dedicó a la investigación y hasta ahora sigue en ese rumbo. Ella también estudió por correspondencia luego de dejar la escuela de suboficiales de la Policía. "No tenía maneras de ascender", se confiesa, mientras recuerda la anécdota que más la ha marcado.
Aquella mañana de octubre, "La Tacher" sabía que algo malo le iba a pasar, lo presentía. "Al suelo, ¡carajo!, tírense al suelo ¡que nos matan!", gritó a los peatones que esperaban en el paradero cerca de su casa en Chorrillos. Segundos antes había visto de reojo que un auto de lunas polarizadas la seguía. Cuando se fijó que un sujeto sacaba una ametralladora evitó ser una víctima más a principios de los noventa. "¡Irene (su nombre real), no sigas, ya sabes con qué... ¡ya sabes o mueres!", le gritaron desde el vehículo de donde salieron los disparos. "Yo había descubierto a un 'terruco' dentro del Estado. Lo investigué y cayó, pero seguía con el caso", cuenta tranquila hoy, sentada en un parque, la detective que por culpa de sus padres no pudo ser monja.

Un largo debate

"La Tacher" –como sus colegas– obtiene datos, pruebas sobre conductas o hechos privados basada en una investigación de delitos que solo prosiguen si es a solicitud de una persona natural o jurídica. Siempre hay una estricta confidencialidad de la información reservada declarada por los clientes.
Este año, el congresista Mesías Guevara recogió el pedido de Detectives Privados del Perú y presentó el proyecto de ley acerca de "la norma que da fuerza de ley al Decreto Supremo N°053-84-IN que aprueba el reglamento de detectives". Pero eso sí, con un reglamento nuevo, actualizado y no el antiguo.
 Cuando esta iniciativa llegó al Ministerio del Interior, esta cartera respondió: "no es viable por el momento reconocer la actividad profesional del detective privado en el Perú, toda vez que en la actualidad la Policía se encuentra en proceso de modernización".
En otro párrafo se añade: "No pudiendo descartar que en el futuro las autoridades competentes puedan reconocer la actividad del detective, a fin de que ésta se pudiera regular, para que por una parte preserve su derecho constitucional al trabajo, pero que a la vez proteja los derechos ciudadanos, como el de la inviolabilidad del domicilio y de la comunicación privada y pública y el de la libertad personal y la seguridad individual, donde se establezca, terminantemente, su campo de acción para que (ellos) no puedan efectuar labores que competen a la policía".
"La Tacher" y William Oscar concuerdan con esa afirmación del Ministerio del Interior. Se necesita urgente una ley para que se señale sus límites de manera legal, aunque ellos responden que respetan las leyes vigentes. Un detective obtiene evidencias usando la tecnología actual. "No hace falta entrar a un hotel si se observa a los amantes ingresar, ya es evidente ¿no? Para qué entrar a la casa sin permiso si puedes camuflarte de vendedor de gas, encuestador. Eso sí, no violamos nada, los resultados son confidenciales y solo es para el cliente", aclara William Oscar.  
el detective profesor
El detective Edén está preocupado. La mayoría de detectives privados ya "están viejitos", se van a jubilar: tienen entre 45 y 50 años. "¿Qué vamos a hacer? No van a haber más detectives privados peruanos en el futuro", dice, triste. Los jóvenes no se deciden a ser investigadores privados porque la profesión no es reconocida en el país. "Por eso se necesita esta ley", explica Edén, también profesor de Lengua y Literatura.  
Edén es ancashino, tiene 50 años y su esposa también quiere ser detective como lo fue la mamá de él. Aún recuerda las veces que practicaba y decía "yo seré un detective con todos mis deberes y derechos". Aún espera que se cumpla lo último.

Mesías Guevara
Congresista

El proyecto de ley que va a beneficiar a los detectives privados ha sido presentado en la Comisión de Defensa Nacional, Orden Interno, Desarrollo Alternativo y Lucha contra las Drogas del Congreso. Por el momento se ha pedido las opiniones de diferentes instituciones, como el Ministerio de Defensa y del Interior. Ya con esas opiniones lo que va a ocurrir es que la Secretaría Técnica del Parlamento preparará un predictamen y se discutirá y, si es positivo, pasará al Pleno.
El decreto supremo (que determinó que los detectives pasen a ser parte de la PIP) actualmente está desfasado; por eso se busca –a través de una fórmula legal– darle una fuerza de ley para apoyar a estos miles de trabajadores que no tienen un reglamento, ni un colegio profesional que los ampare.
Este proyecto de ley les permitirá tener un código deontológico, un reconocimiento gremial para defender sus derechos profesionales y por supuesto para fomentar programas de capacitación. Hoy en día, existen tres asociaciones que trabajan de manera independiente. Esta iniciativa busca articular a todas en un mismo ente que será independiente y no dependería de ninguna institución. Por eso vale su debate.

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