Murió Xavier Arbex, el sacerdote suizo que dedicó su vida a los niños de Madre de Dios y recibió al papa Francisco
Xavier Arbex murió a los 83 años en Madre de Dios, donde dedicó décadas a proteger a niños vulnerables y defender la Amazonía. En 2018 recibió al papa Francisco en Puerto Maldonado, quien le agradeció por su ejemplo.
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Con información de Paolo Peña.
Puerto Maldonado. Hay personas que llegan a un lugar para quedarse unos años y otras que terminan convirtiéndose en parte de su historia. El padre Xavier Arbex de Morsier perteneció a las segundas.
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Nacido en Suiza en 1942 y ordenado sacerdote en Ginebra en 1968, llegó al Perú a mediados de la década de 1970. Su primera experiencia pastoral estuvo lejos de la selva: fue en Macusani, Puno, donde conoció de cerca la pobreza y las duras condiciones de vida de las poblaciones del altiplano. Con el paso de los años, su camino lo llevaría hacia Madre de Dios, una región que terminaría convirtiéndose en el escenario de toda su vida misionera.
Su llegada a la Amazonía coincidió con una realidad que lo marcaría profundamente: la explotación de niños y adolescentes vinculada a las zonas mineras.
Arbex conoció primero esa realidad en el ámbito de Puno y posteriormente en Mazuko, antes de establecerse en Puerto Maldonado. Allí encontró niños expuestos al abandono, la violencia y distintas formas de explotación. Aquella experiencia terminó transformándose en una decisión que marcaría su vida: construir un espacio donde esos menores pudieran encontrar algo que muchas veces nunca habían tenido, una familia.

El papa Francisco visita a sacerdote Xavier Arbex en Puerto Maldonado: un reconocimiento a su labor social y ambiental. Foto: Paolo Peña.
El Principito, una casa para volver a empezar
En 1996 fundó la Asociación para la Protección del Niño y del Adolescente (APRONIA). De ese trabajo nació el proyecto que terminaría convirtiéndose en uno de los principales legados sociales de su vida: el Hogar El Principito.
La casa acogió durante años a niños y adolescentes provenientes de situaciones de orfandad, abandono y violencia física, psicológica o sexual.
Pero Arbex se resistía a que aquellos menores fueran vistos simplemente como niños de un albergue.
Su idea era otra: que fueran parte de una familia.
"Cada niño es una historia", resumía una de las personas que durante años trabajó junto a él. Y esa frase describe quizá mejor que ninguna otra la filosofía del sacerdote: detrás de cada niño había una historia que debía ser escuchada y una vida que todavía podía comenzar de nuevo.

Sacerdote suizo Xavier Arbex de Morsier deja un legado de amor y servicio en la Amazonía peruana
Para 2018, El Principito acogía alrededor de 40 menores de manera permanente y había extendido su acompañamiento hacia jóvenes que incluso habían dejado atrás la edad de permanencia en el hogar. El trabajo de Arbex no terminaba cuando un muchacho cumplía 18 años; buscaba que pudiera continuar sus estudios y construir una vida independiente.
El día que el papa Francisco llegó a su casa
El momento más conocido de su trayectoria ocurrió el 19 de enero de 2018.
Ese día, el papa Francisco llegó a Puerto Maldonado como parte de su viaje apostólico al Perú y decidió visitar El Principito. Allí no encontró solamente un albergue: encontró la obra de varias décadas de un sacerdote que había decidido dedicar su vida a los más vulnerables de la Amazonía.
Niños y jóvenes recibieron al pontífice con cantos y danzas. Arbex fue quien le dio la bienvenida en nombre de aquella familia que había construido durante años.
Francisco habló entonces directamente a los niños y les recordó que eran un tesoro que la sociedad tenía la obligación de cuidar.
Pero antes de marcharse tuvo unas palabras especialmente dirigidas al sacerdote que había hecho posible aquel lugar.
"Padre Xavier ha sufrido mucho y le ha costado esto, simplemente gracias, gracias por su ejemplo."
El papa también agradeció a los religiosos, religiosas, voluntarios y benefactores que habían convertido aquella obra en una verdadera familia.
Fue, probablemente, uno de los mayores reconocimientos públicos que recibió en su vida.
Pero Arbex nunca pareció interesado en el protagonismo.
El sacerdote que denunció la destrucción de la Amazonía
Su historia en Madre de Dios no se limitó al trabajo con niños.
Durante décadas fue también una voz crítica frente a las condiciones sociales y ambientales provocadas por la expansión de la minería aurífera.
En sus testimonios describió las condiciones de los trabajadores mineros, muchos de ellos anónimos, expuestos a accidentes, enfermedades y situaciones de extrema precariedad. También denunció la contaminación de los ríos, el uso del mercurio, los residuos y la destrucción progresiva de los ecosistemas amazónicos.
Pero su posición tampoco era simplemente una oposición a cualquier actividad económica.
En una entrevista previa a la visita del papa Francisco fue contundente al explicar su preocupación: el problema no era únicamente qué se extraía, sino cómo se hacía.
Su preocupación era que el costo del desarrollo terminara siendo pagado, una vez más, por los pobres y por la propia Amazonía.
Esa mirada terminó coincidiendo con uno de los grandes mensajes que Francisco llevó a Madre de Dios: la necesidad de proteger la casa común y defender a los pueblos amazónicos frente a las amenazas que enfrentaban.
Una vida que terminó donde decidió quedarse
Xavier Arbex llegó al Perú siendo un joven sacerdote europeo.
Pudo haber regresado.
Pudo haber desarrollado su vida pastoral en otro lugar.
Pero eligió quedarse.
Pasó por los Andes, conoció la realidad de las comunidades vinculadas a la minería y finalmente hizo de Puerto Maldonado su casa. Allí dedicó décadas a acompañar a niños y jóvenes, trabajar con poblaciones vulnerables y levantar la voz frente a la degradación social y ambiental de una región que aprendió a amar.
El Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado confirmó ahora su fallecimiento y lo despidió recordándolo como un hombre de "amor, servicio y entrega", cuya vida dejó una profunda huella en la Iglesia amazónica.
Tenía 83 años.
Su muerte cierra la vida de un sacerdote que nació muy lejos de esta tierra, pero que terminó perteneciendo profundamente a ella.
Y quizá el mejor modo de entender su legado no esté en los reconocimientos, ni siquiera en aquella histórica visita papal de 2018.
Madre de Dios no despide solamente a un sacerdote extranjero. Despide a uno de los hombres que durante décadas ayudó a contar, defender y transformar la historia humana de su Amazonía.





















