Obesidad infantil: el error que muchos padres cometen al esperar que desaparezca con la edad
Minsa reporta incremento sostenido en menores de cinco años. Especialistas advierten que el problema ya no es solo alimentario, sino multifactorial, y puede derivar en diabetes, daño cardiovascular y baja autoestima desde edades tempranas.

Cada vez más niños peruanos presentan exceso de peso desde los primeros años de vida. Lejos de tratarse de un problema estético, especialistas advierten que la obesidad infantil abre la puerta a enfermedades crónicas que pueden acompañar a los menores durante gran parte de su vida y afectar su desarrollo físico, emocional y social.
Un estudio del Ministerio de Salud (Minsa), elaborado a través del Instituto Nacional de Salud (INS), reveló que en 2025 un total de 149.622 niñas y niños menores de cinco años fueron diagnosticados con exceso de peso en establecimientos de salud públicos.
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La cifra supera los 147.573 casos registrados en 2024 y confirma una tendencia creciente. En términos porcentuales, el exceso de peso pasó de 8,2% a 8,6% en un año, según el mismo reporte.
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Un entorno que favorece el aumento de peso
Para el doctor Erick Piskulich, especialista en cirugía bariátrica de la Clínica Avendaño, el aumento de la obesidad infantil responde a múltiples factores que van más allá de la cantidad de alimentos consumidos.
Explicó que los hábitos familiares, el entorno y la disponibilidad de productos ultraprocesados influyen directamente en el desarrollo del problema.

Obesidad infantil: mitos y realidades sobre el tratamiento y prevención de la enfermedad. Foto: Andina
“Definitivamente el ambiente obesogénico, porque eso no solamente es algo de comer mucho, es realmente cómo es la conducta alimentaria de los niños implementados en la familia”, explicó.
En ese contexto, el consumo frecuente de bebidas azucaradas y porciones excesivas se combina con una menor actividad física, el uso prolongado de pantallas, la falta de sueño y una limitada educación nutricional en el hogar.
También advirtió que los menores no solo presentan exceso de grasa corporal, sino que en muchos casos conviven con anemia, talla baja y deficiencias nutricionales.
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El mito de que 'se le pasará cuando crezca'
Uno de los principales problemas en el abordaje de la obesidad infantil es la idea extendida de que el exceso de peso desaparece con el tiempo sin necesidad de intervención médica.
Para el especialista, esta percepción lleva a muchos padres a postergar la atención profesional, lo que puede agravar el cuadro y dificultar su manejo a largo plazo.
“Los familiares y los padres tienen que saber que una vez que el niño entra en un estadio de obesidad, va a sufrir de obesidad toda su vida”, afirmó.
En esa línea, explicó que la obesidad no se corrige únicamente con la reducción del peso visible, ya que se trata de una enfermedad crónica que puede mantenerse o reaparecer con el tiempo.
“La obesidad es una enfermedad crónica que no tiene cura”, subrayó.
El especialista añadió que una mejora aparente en la figura no siempre refleja una recuperación real. “Podrán bajar de peso, pero que se vean delgados no significa que la enfermedad se haya ido”, puntualizó.

La salud infantil en el Perú enfrenta una triple amenaza: anemia, desnutrición y sobrepeso.
Riesgos tempranos, enfermedades crónicas y baja autoestima
Las consecuencias del exceso de peso no se limitan a la adultez. Los efectos pueden aparecer incluso en la adolescencia o juventud temprana.
“Un niño con obesidad aumenta más del 80% en probabilidades de tener diabetes cuando llegue a los 18, 20 años, 24 años”, indicó el especialista.
Este escenario convierte la obesidad infantil en un factor de riesgo directo para el desarrollo temprano de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, hígado graso y otros trastornos metabólicos, que antes se asociaban a edades avanzadas.
Además, el Ministerio de Salud advirtió que este problema también impacta en la salud mental, al incrementar la probabilidad de baja autoestima y afectación emocional, especialmente en etapas formativas de la infancia y la adolescencia.
Daño progresivo y enfermedades que avanzan con los años
El doctor Piskulich alertó que el impacto del exceso de peso no se detiene en la juventud. El daño puede avanzar hacia complicaciones severas en órganos vitales.
Entre las enfermedades asociadas mencionó el hígado graso, que puede evolucionar hasta cirrosis y requerir trasplante en fases avanzadas. “Estamos quedándonos sin hígados sanos para poder trasplantar en un futuro”, advirtió.
También señaló el aumento de trastornos hormonales, problemas de fertilidad y enfermedades cardiovasculares en edades cada vez más tempranas. Asimismo, relacionó el incremento de la obesidad desde la infancia con la aparición de infartos en jóvenes adultos. “Los infartos cardíacos están en la orden del día en estas poblaciones”, indicó.
Detección temprana y tratamiento
Los especialistas recomiendan controles periódicos de peso y talla desde la infancia para identificar señales de alerta de forma oportuna.
Entre los indicadores de riesgo, el médico mencionó hipertensión, colesterol elevado, resistencia a la insulina, pubertad precoz, anemia, baja masa muscular y deficiencias vitamínicas.
El tratamiento requiere un enfoque integral que involucre pediatría, endocrinología, nutrición, actividad física y salud mental. “No sirve decirle simplemente come menos y muévete más”, afirmó el especialista.
Además, subrayó que la intervención debe incluir a toda la familia, ya que el entorno influye directamente en la adherencia al tratamiento.
Cirugía en casos severos
En casos complejos, la cirugía bariátrica puede evaluarse a partir de los 14 años, siempre que no exista respuesta a tratamientos previos durante al menos cinco años.
“La cirugía no opera peso, la cirugía opera enfermedades”, explicó el especialista, al precisar que el objetivo es controlar complicaciones metabólicas como la diabetes o la resistencia a la insulina.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para frenar el avance del problema. Reducir el consumo de ultraprocesados, fomentar la actividad física, limitar el uso de pantallas y promover hábitos saludables desde la infancia puede marcar la diferencia en la aparición de enfermedades crónicas y en la calidad de vida futura de los menores.




































