Personalidad artística
En ella, la propuesta curatorial parte de la idea de que los pintores invitados tienen una personalidad artística definida y expresada en cualquier medio o tema, que corresponde a su modo de representar la realidad.
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Eduardo Ugarte
Periodista
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Es común ligar al arte contemporáneo con el expresionismo abstracto y las vanguardias; distinguir en él colores fuertes u oscuros que expresan mejor las emociones; nuevos materiales y la predominancia de lo simbólico, pero, fundamentalmente, la originalidad nacida de la personalidad del autor. Así se explica el título “LA PERSONALIDAD ARTÍSTICA” de la exposición que hoy al mediodía inaugura el Museo de Arte Contemporáneo Arequipa en la Casa Museo, sita en la alameda San Lázaro 120.
En ella, la propuesta curatorial parte de la idea de que los pintores invitados tienen una personalidad artística definida y expresada en cualquier medio o tema, que corresponde a su modo de representar la realidad, reimaginarla, exagerarla o sintetizarla desde la representación figurativa o la fantasía, con formas y símbolos que en conjunto compositivo se vuelven una metáfora que produce emoción estética y contemplación.
Cuadros de Guillermo Barreda (1918 – 2002), autodidacto que inicia en Arequipa el arte contemporáneo; de José Ricketts (1950 – 2019), en su mundo imaginado, y Percy Herrera (1954), donde la vida es nocturna y la luz artificial, hasta los de David Villalba (1967) su elección familiar y autoafirmación, y de Leonel Pamo (1975) de colorida e iluminada cotidianeidad, tienen en medio a los de Ricardo Córdova (1961) entre lo emocional y lo reflexivo, lo académico y lo experimental.
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Seis arequipeños, cuyos múltiples motivos han logrado entender y usar la pintura como medio para ser ellos ante una realidad reinterpretada, cuestionada y exaltada desde sus ideas de la estética; en constante, progresivo y cambiante ejercicio de una personalidad artística, que puede ser diversa técnica y temáticamente, pero en cada uno son una voz en contrapunto con la sociedad a la que dirige lo que crea para lograr una recreación en el espectador con una lectura distinta de lo expresado intencionalmente. Así, autor, obra y gozador tienen vida propia que se dinamiza en el triple encuentro.




















