Sociedad

Héroes anónimos contra el ataque del coronavirus

A UN MES DE LA CUARENTENA. El 15 de marzo, el presidente Martín Vizcarra anunció el aislamiento obligatorio en todo nuestro territorio. Fue en respuesta al mayor desafío para la salud de los peruanos, causado por el silencioso e invisible, pero eficaz y mortal Covid-19.

Día tras día estos héroes anónimos dejan todo para combatir al coronavirus.
Día tras día estos héroes anónimos dejan todo para combatir al coronavirus.

Por: Carlos Páucar, María Elena Castillo y Urpi-GLR

Un mes de la cuarentena general y desde el primer momento destacaron en la batalla contra la pandemia médicos, enfermeros, asistentes, personal de limpieza, policías, soldados... además de todo un batallón anónimo de civiles que se sumaron a diversas tareas para proteger a nuestra sociedad.

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Muchas de las iniciativas buscaban demostrar que, en esta lucha, juntos, podremos derrotar a ese enemigo silencioso e invisible, pero eficaz y mortal, que ha llegado para quedarse.

Un mes de aislamiento en nuestras casas. Que el esfuerzo de todos valga la pena y sigamos siendo el médico, el policía, el soldado, el barrendero... Todos, unidos, para salir victoriosos.

“Nosotros te cuidamos y tú nos cuidas".

Juana Guerrero (57). Enfermera Patient-observer en Nueva Jersey

Cada día recibe fuertes impactos, pero no pierde la fe ni su alegría chalaca. Hace poco, un amigo médico de su nosocomio dio positivo al coronavirus. Luego, otra persona, muy cercana a ella, falleció a los 51 años. Y atendió a una anciana de 87 años que se hizo cortes en los brazos, se sentía sola pues nadie venía a verla por la epidemia. Juana Rosa Guerrero logró tranquilizarla, tenían una coincidencia: el mismo gusto por la música. La acompañó hasta que llegó el siquiatra para atenderla.

Juana guerrero

Juana guerrero

Sus días transcurren con más intensidad en esta crisis sanitaria, en el hospital Ocean Medical Center, de la ciudad de Bricktown, condado de Ocean, en Nueva Jersey. Ella labora como asistenta de enfermería, y asume una tarea peculiar y necesaria, es patient observer, es decir, observa y trata a los pacientes que llegan al hospital en diferentes condiciones mentales. “Algunos llegan desesperados o alterados. Veo que los más graves no se saquen la intravenosa o se salten de la cama”, detalla.

Confiesa que muchas veces, después de la jornada, llega a casa con dolores de cabeza, “de ver tantos enfermos”. Y más ahora, con el coronavirus. Juana relata que hay algunos latinos entre los infectados.

Hace unos días se juntó con amigos sudamericanos también residentes en Nueva Jersey, y lanzó un mensaje de aliento en video:

“Si hay algo que disfrutamos los latinos, al encontrarnos en este país, es la versatilidad de culturas y de su gente linda. Emigramos por muchas razones, nos adaptamos a otras costumbres pero, nuestras raíces innatas, prevalecen…. En estos momentos de crisis, con la propagación del coronavirus, (el hospital) Ocean Medical Center está dando la batalla para salvar vidas. Todo el personal que labora en este hospital son héroes de amor, de entrega total… Muy a nuestro estilo coloquial, de gente buena, alegre, sencilla, les decimos: ¡Nosotros te cuidamos y tú nos cuidas! ¡Quédate en casa! ¡Todos somos una nación!”.

“En mi casa de Ate me esperan cuatro hijos”

Magdalena Huayra (39). Trabajadora de limpieza de La Victoria

Una década trabaja Magdalena Huayra en limpieza de la Municipalidad de La Victoria y por primera vez siente que se ha comenzado a reconocer la labor que realizan. La hallamos en el parque Apolo, limpiando las calles antes de ser desinfectadas con agua y lejía.

Magdalena Huayra Coronavirus

Magdalena Huayra Coronavirus

Como todos, siente miedo de contagiarse, pero está bien protegida con guantes y mascarilla. “En mi casa, en Ate, me esperan mis cuatro hijos, el menor tiene 10 años”. La reconforta el aplauso de algunos vecinos, el agradecimiento de otros, o la botella de agua que de vez en cuando le alcanzan.

Antes de la cuarentena, era casi invisible. “De mi casa vengo con moto, camino hasta donde tengo que tomar carro, a veces nos acerca el carro de la Municipalidad. Como sea llego para cumplir con mi deber”, dice.

Ella le pide al presidente Vizcarra, que también les otorgue un bono especial.

“Amanecemos y anochecemos con Dios. Nos encomendamos a él todos los días. Le pedimos que no nos contagiemos”.

“A mi esposa e hijo los quiero saludables”

Suboficial Chipana. Policía motorizado de guardia en Comas

Con el suboficial Chipana conversamos en plena vía. Él quiere ganarle la carrera al Covid-19. En lo que demora un semáforo para cambiar a rojo nos confía que -a veces- duerme en la sala o en la cochera de su casa por temor de contagiar a su familia.

Suboficinal PNP Chipana Coronavirus

Suboficinal PNP Chipana Coronavirus

"No quiero que les pase nada, vuelvo a casa y estoy en otros ambientes. Tengo que cumplir con mi deber policial pero quiero saludable a mi esposa e hijo", remarca.

Cuando le recordamos sobre las cenizas del oficial fallecido por el Covid-19 en La Victoria, le brilla la mirada y responde: "será nuestro héroe”.

Lamentablemente, más de uno ha perdido la vida en esta batalla contra el virus, y muchos efectivos del orden se han contagiado. Pero aún así, no están dispuestos a dejarse vencer por este enemigo invisible y silencioso. Afirma que, como siempre han hecho, sabrán enfrentarlo.

“El coronavirus no entiende de límites, pero le vamos a ganar la carrera", finaliza, poco antes de que cambie la luz a verde y enrumbe hacia su puesto, a cuidar de cada uno de nosotros, porque, por supuesto, él es uno de nosotros.

“Sí, es un doble riesgo para nuestra familia”

Edgar (58) y Ana (55). Esposos enfermeros del María Auxiliadora

En su hogar hay siempre una doble pasión por el mismo trabajo, pero también un doble riesgo. Edgar Lucas Alvizuri Gómez y Ana Dionisio Ponciano trabajan en el hospital María Auxiliadora de San Juan de Miraflores. Allí, como enfermeros, ven muchos casos de Covid-19, pues ella atiende en Emergencias y él en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Edgar Alvizuri

Edgar Alvizuri

La imagen de la señora Ana se hizo muy conocida en Facebook pues su hijo mayor, Harold, le hizo un emotivo video, donde a ella se le ve ingresar al nosocomio, mientras él cuenta que su mamá decidió no abandonar a los pacientes. Teme que su mamá no regrese a casa, por la epidemia. El video se hizo viral bastante rápido.

“Hay sentimientos encontrados para el enfermero -dice Edgar-. Nos hemos formado para esto, trabajamos y damos todo; sin embargo, hay ese temor porque detrás de ti hay familia, esposa, hijos… Hay que tener mucha fortaleza física, mental y protegerse, hay que extremar las medidas de bioseguridad”, remarca.

Confiesa que utilizar esos Equipos de Protección Personal es engorroso. “Quedas en medio de una temperatura de unos 40 grados, sudas, horriblemente y debes permanecer en la UCI, la que normalmente deben tener aire acondicionado, pero no se puede pedir más, es la realidad de nuestro sistema sanitario”, relata.

Ana Dionisio

Ana Dionisio

Su esposa comparte esa pasión por la enfermería y el servicio a los demás. Ellos lanzan un pedido: que las personas hagan parte de su cultura personal el lavarse las manos, que cumplan con el aislamiento social y el distanciamiento necesario, incluso estando en casa.

Invocan a no salir innecesariamente a las calles. “Eso nos está matando porque el contagio es de persona a persona”.

“Nos enseñan a perder el miedo, pero está ahí”

Pedro Uchuya Peña (41). Sereno paramédico

Desde joven, Pedro Uchuya siempre sintió que tenía una vocación de servicio hacia las personas. Ingresó a trabajar hace 23 años a la Municipalidad de Lima como sereno paramédico-rescatista. Cada día se despide de su esposa y tres hijas antes de que salga el sol. A las 4 de la madrugada espera largos momentos hasta encontrar algún bus que lo lleve a su centro de labores.

pedro uchuya

pedro uchuya

Él realiza su trabajo de la mano del Samu, los bomberos y la Policía de rescate. Recuerda cuando salvó la vida a un bebé que se había atragantado con un dulce o cuando salvó a una anciana que había sufrido un preinfarto.

Pero estos días son grises. Es un ser humano y tiene miedo. ‘’Hemos sido preparados, capacitados, nos enseñan a perder el miedo y tener valor, pero siempre está ahí’’, señala.

Pedro es un ejemplo de valor y vocación con su trabajo que pese a sentir el temor a ser contagiado, no le impide continuar con su valiente labor. Sabe muy bien que sirviendo a su país, cuida a su familia.

“Mi lema es: Por una cuarentena sin hambre”

Sandra Paico (27) Bachiller en Derecho

No imaginó que su iniciativa personal de ayudar a algunos indigentes dándoles almuerzos, se multiplicaría. Pero sucedió. Todo comenzó cuando Sandra Paico fue al mercado el primer día de la cuarentena. En el camino de regreso a su cuarto alquilado, vio varias personas rebuscando en la basura, y se le encogió el corazón.

Alargó su presupuesto lo más que pudo y le alcanzó para cocinar tres raciones más cada día, las que entregaba a los primeros necesitados que encontraba.

sandra paico

sandra paico

Cuando su tía se enteró, la ayudó, y con el apoyo de otros conocidos llegaron a 20 almuerzos que repartían en el Centro de Lima. “No podemos cerrar los ojos ante la necesidad de las personas en esta época de crisis. Por eso decidí hacer público lo que hacemos y lo puse en el Facebook. Muchos quisieron colaborar”, cuenta. Su lema es: Por una cuarentena sin hambre.

Con el pasar de los días y a medida en que amigos, y amigos de sus amigos, tomaban conocimiento de esta cruzada, llegaron a preparar hasta 60 platos. Las redes sociales se convirtieron en una gran vía para difundir esta labor y conseguir que más personas se involucren.

Pronto lograron juntar para hacer bolsas de víveres con arroz, azúcar, fideos, atunes, leche y otros productos no perecibles, que reparten entre las personas necesitadas.

Esta labor se hizo tan visible que pueden llevar la ayuda a los conos. El reparto más reciente fue en Puente Piedra. Y fue especialmente difícil, pues una patrulla policial casi los detiene por no cumplir la orden de aislamiento.

Sandra es bachiller en derecho de la Universidad Mayor de San Marcos y trabaja como asistente de la función fiscal en el Ministerio Público. Nació en San Ignacio, Cajamarca. Señala que allí aprendió que el valor de la solidaridad.

“No hay fronteras cuando uno quiere ayudar”, destaca la joven, quien cada día se compromete a vencer el miedo al contagio y continuar ayudando a los más olvidados.

“Fui Darth Vader para un menor autista”

Maximiliano Benítez (32). Actor argentino, reside en Arequipa

Maximiliano Benítez es un actor argentino de corazón peruano pues ya lleva 9 años en el Perú. Llegó como profesor de baile, primero al Cusco, luego a otras regiones, hasta que pisó el suelo de Arequipa donde hasta hoy reside. Para G., un menor autista que vive en Lima, él es Darth Vader, el malvado de La Guerra de las Galaxias.

Maximiliano Benítez Coronavirus

Maximiliano Benítez Coronavirus

Maximiliano no encontró la mejor manera de alegrar al pequeño en el día de su cumpleaños y en pleno aislamiento por el coronavirus, que vestirse del personaje que le encanta al menor autista. En complicidad con su mamá, le grabó un video con un mensaje de aliento para superar el momento.

Le dijo que era un valiente por estar en casa y le dio todo su apoyo, dándole una sorpresa mayúscula y haciendo que sus ojos brillen de alegría y de ilusión. Y todo lo hizo vestido de aquel personaje que controla la mente de sus enemigos.

Lamenta no tener a todo su elenco de M Producciones pues deben cumplir con el aislamiento.

Maximiliano espera repetir esta iniciativa con otros menores que lo necesiten y vestirse del Hombre Araña o del Capitán América. Sueña con volver a apoyar a Sullay Wasi (Hogar Esperanza) y visitar hospitales alegrando con sus personajes a niños y adolescentes.

La emergencia ha afectado su economía y la de sus compañeros, pero no su optimismo y las ganas de sorprender a quienes lo urgen. “Nos gustaría llegar a muchos niños que necesiten ese punche, ese apoyo y llevarles la máxima alegría, la máxima ilusión”, nos dice, con toda su vitalidad.

“Con la moral al tope contra el enemigo"

Paul (23) y Jorge (20). Jóvenes reservistas del Ejército

Paúl Anderson Rojas Bautista (23) y Jorge Valencia Benjamín (20) son dos jóvenes reservistas que acudieron al llamado del Gobierno tras la extensión del estado de emergencia nacional para evitar la propagación del coronavirus.

Ambos pertenecen a la promoción de enero 2018, es decir, solo hace unos meses -febrero de 2020- dejaron el cuartel para continuar la vida civil, tras dos años de prestar servicio militar voluntario. Y cuando ya estaban enganchándose en el mundo laboral, Paul en una empresa de electricidad y Jorge como barbero, se convocó a la reserva licenciada para potenciar las acciones de patrullaje.

paul soldado coronavirus

paul soldado coronavirus

No lo pensaron demasiado y acudieron al llamado para volver al Ejército, al que llaman su “familia”.

“Lo tomé con responsabilidad. Los que venimos aquí a prestar servicio sentimos pena por dejar en casa a los familiares, pero hay que apoyar a la población”, dice Paúl.

“Por ello, pedimos al pueblo que nos apoye. Así como ellos tienen familia, nosotros también, por eso esperamos que tomen conciencia y se queden en sus casas”, agrega Jorge.

Saben que esta batalla no la librarán cuerpo a cuerpo, para lo que están preparados, pero son conscientes que el “enemigo” está acabando con la vida de sus compatriotas. Son conscientes de que ponen en riesgo sus vidas y se exponen al contagio al salir a patrullar a las calles, pero manifiestan que lo hacen por “convicción” de ayudar a su pueblo.

Antes de culminar la entrevista, y casi al unísono, estos jóvenes reservistas hacen un llamado a la población: “quédense en casa, solo así, los peruanos podremos ganar esta guerra”.

“Tranquilidad a las personas infectadas”

Luis López Alva (53). Dirige Unidad de Atención a Domicilio en Gran Canaria

Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria, al doctor Luis López Alva le toca vivir un momento crucial en la historia de la sanidad de España, donde reside desde hace más de dos décadas. El avance mortal del nuevo coronavirus convirtió la tierra ibérica en una de las más castigadas en Europa, con más de 166 mil contagios y 17 mil fallecidos.

Luis López Alva

Luis López Alva

El médico peruano explica que, pese al gran avance de la salud pública española, el virus sorprendió a las autoridades, quienes no siguieron su evolución en China, y por ello demoró el confinamiento y los testeos. “A principios de febrero hubo muchos casos importados debido al turismo, cuando se tomaron medidas ya había bastante infectados, además se debe tener en cuenta que la población es bastante longeva en Europa”, opina.

López Alva dirige la Unidad de Hospitalización a Domicilio del Hospital Insular-Materno Infantil de Las Palmas de Gran Canaria. “Vemos un poco de miedo e incertidumbre ante el coronavirus, pero les damos tranquilidad y les decimos que en estos momentos el mejor lugar para estar son sus domicilios”.

El galeno tiene un desafío muy grande, pues forma parte de este engranaje sanitario de España, donde además comparte futuro con su esposa odontóloga y sus tres hijos. Es de aquellos que está seguro que habrá un antes y un después de la actual crisis. “Tendrá efecto en las políticas sanitarias de muchos países, donde el sistema sanitario ha colapsado. La pandemia castigó muy fuerte”.

“No nos quedaremos sentados”

Daniel Merino (25). Psicólogo, fundador de la asociación dando+

Hace cinco años Daniel Merino y dos amigas, psicólogas como él, se unieron para promover un voluntariado que atendiera la salud mental de los peruanos más necesitados. Junto a Belén Ross Morrey y Sofía Navarro fundó la asociación “dando+” como una propuesta de estudiantes y profesionales para brindar atenciones y talleres de intervención psicológica a hogares comunales y comunidades de diferentes zonas de Lima.

Daniel Merino Coronavirus

Daniel Merino Coronavirus

Con este proyecto han brindado ayuda psicológica a través de organizaciones que trabajan con niños y adolescentes, personas en situación de calle, entre otras poblaciones vulnerables. Desde el 2016 han trabajado 12 proyectos, con 190 voluntarios y han atendido a cerca de 500 personas.

Antes brindaban talleres de forma presencial y atención psicológica a los casos que lo requerían. El aislamiento social les impidió continuar con esta tarea.

“Ahora no podemos ir al campo, pero no nos vamos a quedar sentados. Hace dos semanas hemos implementado tres propuestas para atender el estrés y la ansiedad que puede causar el temor al contagio y la imposibilidad de salir para evitarlo”, sostiene.

La primera de ellas es brindar pautas, a través de las redes sociales, para aliviar la tensión que pueda generar el encierro y aprender a manejarla mejor; la segunda es el acompañamiento psicológico individual; y la tercera es una investigación sobre cómo está afectando a los peruanos esta situación de crisis.

Asimismo, han subido videos a Instagram para impulsar la resiliencia frente al temor por el coronavirus, y así tener una actitud más positiva ante este problema; así como aprender a manejar las relaciones a distancia, para frenar la ola de contagio.

Y a través del Facebook y el Instagram han lanzado encuentros en vivo que llaman #UnaCitaConLaSaludMental. El último sábado expusieron cómo trabajar una disciplina positiva con niños y adolescentes. “Se necesita que el psicólogo salga de sus cuatro paredes”, dice. Y lo están haciendo.

“Sí podemos salir victoriosos de la crisis”

Gianina Orellana (38). Publicista

El spot ha tenido más de un millón de vistas. Allí recuerdan momentos en que el país parecía estar en grandes dificultades, como el terrorismo, las crisis económicas, los desastres naturales, incluso las derrotas de la selección, pero los peruanos unidos lograban salir adelante y conquistar las alegrías.

“Perú, sí la hacemos” es el eslogan de esta campaña en plataformas digitales donde se da energía al peruano para enfrentar la crisis del Covid-19.

Gianina Orellana

Gianina Orellana

“El spot lo lanzamos hace unos ocho días y ha tenido cerca de un millón de reproducciones”, afirma Gianina Orellana.

“Lo que queremos es transmitir optimismo, energía, convenciendo a los peruanos que vamos a superar esta crisis. El encierro es difícil y los efectos en la economía lo van a ser, pero hay que recordar que hemos vivido cosas peores, hemos superado cualquier adversidad”.

Gianina está convencida de su tarea por darle optimismo a cada hogar, a cada familia. “Ya hemos demostrado que podemos superar todos los problemas”.

“Al comienzo sí había mucha incertidumbre”

Claudia Castañeda (31). Doctora en el hospital José Sabogal

Hace apenas unos meses, en agosto del año pasado, se casó. Planes y proyectos cruzaban por su espíritu joven y su vitalidad. La doctora Claudia Castañeda Takeuchi, de 31 años, antes de la emergencia trabajaba en un centro privado. Pero cuando se expandió el nuevo coronavirus no dudó en presentarse para sumarse a la lucha contra la enfermedad. Desde fines de marzo labora en el Hospital José Sabogal del Callao, atendiendo el triaje respiratorio y la hospitalización de afectados por el Covid-19.

Claudia Castañeda Coronavirus

Claudia Castañeda Coronavirus

“Hay pacientes que entran saludando y en cuestión de unas horas se complican y terminan entubados, entran a un cuadro de saturación, les falta el oxígeno, se complican con un cuadro neumónico. Es una enfermedad muy agresiva. Incluso hay quienes llegan con enfermedades crónicas, diabetes, con diálisis, hipertensos, TBC o cáncer, debemos manejar todo eso”, relata.

No le fue difícil aceptar este trabajo. “Decidí postular porque sabía la necesidad del hospital, quería aportar y mi esposo me apoyó. Claro, mis padres tuvieron un poco de recelo, un temor natural, pero lo decidí…".

"Antes de comenzar había mucha incertidumbre, es un plan que se hace en el camino, se está construyendo entre todos, médicos, enfermeras, técnicos, las cabezas del proyecto…”, refiere.

La semana pasada, confiesa Claudia, el servicio se llenó de un día para otro. Pero el aumento de casos no le quita la fe. Luego de los turnos de 24 horas llega agotada al hogar, pero satisfecha de la labor realizada.

La valentía que demuestra cada día, pese a los riesgos de infección, refleja su amor por la profesión. Un ejemplo que debe seguirse.

“Tengo temor a contagiarme, pero es nuestro trabajo”

Marlene Solís (41). Trabajadora de limpieza del concejo de Lima

“Si dejáramos de limpiar ¿cómo estarían las calles?”, se pregunta Marlene Solís, trabajadora de limpieza que lleva más de 12 años laborando en este rubro. Ella integra el conjunto de hombres y mujeres que día a día recogen la basura, y solo esperan volver a casa con bien.

Se levanta a las 5 de la mañana para iniciar su turno en las calles del Cercado de Lima en medio de la propagación del virus invisible.

Marlene Solís Coronavirus

Marlene Solís Coronavirus

“A pesar del riesgo me siento contenta que ahora nos valoren un poco más, pues a veces la gente nos agradece y eso nos motiva a seguir adelante”, comenta.

Si bien su vocación de servicio a la comunidad es lo que la motiva a continuar con su labor, hay un enemigo interno que convive con cada uno de ellos: el miedo.

“Tengo temor a contagiarme. La gente debería tener más cuidado al desechar su mascarilla o guantes, deberían colocarlo dentro de una bolsa porque si no podríamos contraer la enfermedad”, exhorta.

Ella, como médicos, policías y soldados, deben enfrentar quizás el reto más difícil de sus vidas, no solo porque pueden infectarse sino por el temor a contagiar a sus seres queridos.

Marlene vive con su esposo, sus tres hijos de 16,18 y 22 años, y su nieta de 2 años. “Gracias a Dios estoy bien de salud, aunque sí tengo miedo de contagiar a alguno de mis hijos, pero ¿qué podemos hacer? Es nuestro trabajo”, concluye.

“Estamos esperando el día de poder abrazarnos”

Rocío Rojas (47). Enfermera del hospital del Niño, San Borja

Desde que comenzó la cuarentena, Rocío Rojas no puede abrazar a su madre. Eso es lo que más extraña. Solo la ve de lejitos cuando sale y llega de trabajar. Ella forma parte del valioso contingente de personas que no pueden parar.

Rocio Rojas Coronavirus

Rocio Rojas Coronavirus

Es enfermera del Hospital del Niño, en San Borja. Aunque allí no tratan directamente pacientes contagiados de Covid-19, nunca se sabe quién puede llevar este virus de forma asintomática, en el largo camino que recorre para llegar al nosocomio desde su casa en San Juan de Lurigancho.

Por ello no baja la guardia y sigue todo el protocolo. Usa mascarillas y guantes todo el tiempo, y se desinfecta las manos muy seguido, Al llegar a casa, su hija la espera en la puerta con una bolsa de plástico donde coloca toda su ropa y se baña de inmediato; rocía sus zapatos con lejía diluida en agua y los deja fuera. Aún así, teme llevar la enfermedad.

“Mi mamá es una persona de riesgo por ser adulto mayor, por eso no me puedo acercar. A veces me siento mal pues pienso que podría llevar el virus a mi casa”, señala.

Por supuesto que Rocío preferiría quedarse en casa, como recomienda el Gobierno, pero el deber es primero. Ella atiende bebés que han sido operados por malformaciones congénitas. No los puede abandonar.

“Esta crisis nos enseña a valorar a la familia. Todos estamos esperando el día en que podamos abrazarnos, y nos vamos a dar un abrazo tan grande, y no vamos a soltarnos”, dice con esperanza.

“Mascarillas para el que lo necesita”

Inés Menacho (52). Diseñadora

Como ella no puede salir por el aislamiento, los amigos periodistas de Inés Menacho llevaron sus coloridas mascarillas a policías, serenos y personal de limpieza. Y cuando iba de compras también se las obsequiaba a vendedores. No era su intención hacer tapabocas fashion, con motivos peruanos. “Tuve que usar telas que me quedaban de lo que diseño, de faldas, de vestidos de fiestas… También las hago con telas convencionales y con los revestimientos necesarios”, aclara.

Inés Menacho

Inés Menacho

La fotógrafa y diseñadora encontró de esa forma la manera de aportar en estos tiempos de emergencia y encierro.

“Empecé a hacer las mascarillas hace tres semanas. Me regía por lo que indica un movimiento danés de mujeres que hacen mascarillas en sus casas y he preguntado a médicos. Esto puede ir variando a medida en que se vaya conociendo más del virus”, comenta.

Considera que las mascarillas más especializadas deben ser usadas por el personal de los hospitales. “Hay necesidades y necesidades”, reflexiona y agrega que lamentablemente ya se le acabó el stock de telas que tenía a la mano.

Lo importante, opina ella, es contribuir en esta emergencia. “Las personas no deberían decir si lo hiciste bien o mal, sino qué hiciste, hoy todos los peruanos deberíamos estar haciendo algo. Comida para el que lo necesite, ayudar a un vecino a hacer sus compras, etc”, propone.

Le preguntamos qué proyectos planea para cuando termine esta larga emergencia sanitaria. Al lado de su hijo, se limita a decir: “Ser feliz”.

“Hay que despejar las dudas de la población”

Rosa Orellana Chunga (33). Doctora

Cuando se decretó el aislamiento social, Rosa Orellana no tardó en buscar la forma de ayudar. Ella es doctora, especialista en Otorrinolaringología, que presta servicios en las Clínicas Sanna y Santa Marta del Sur, pero por la pandemia se limitaron las consultas médicas. Entonces, escribió en su página de Facebook, ofreciendo asesoría voluntaria en su especialidad.

rosa orellana

rosa orellana

Su ofrecimiento tuvo más recepción la semana pasada cuando escribió en la página de Facebook, Cadena de favores: Recibió más de cien mensajes con diferentes consultas.

“Hay personas que se quedaron con tratamientos incompletos, otras que en estos días sienten malestar y no sabe qué hacer, y trato de ayudarlos”, relata.

Rosa invita a la gente a seguir escribiéndole para que no se queden con las dudas, porque eso genera ansiedad al pensar que puede ser algo grave.

“Según lo que me cuentan, les explico y les recomiendo remedios caseros y tratamientos alternativos cuando es algo leve”, refiere.

Las consultas que ha recibido se relacionan con dolor de garganta o de oído, sensación de oídos tapados, mareos, congestión nasal. Ella los tranquiliza primero y les brinda recomendaciones para que se sientan mejor.

La doctora explica que a veces por la ansiedad y el estrés por temor al Covid-19, se puede magnificar las molestias o empezar a sentir otros malestares en el cuerpo.

“Por eso es importante despejar las dudas que puedan tener”, insiste y se siente contenta de poder ayudar en esa tarea.

“Si yo no salgo a trabajar no comemos”

Salomé Martínez (53). Trabajadora de limpieza

Salomé Martínez es una madre de familia que labora en limpieza de la Municipalidad de Lima. Son más de dos décadas que gracias a este trabajo le ha podido dar estudios superiores a tres de sus cuatro hijos. No ha sido nada fácil, pero con suma responsabilidad, sigue en la lucha diaria.

Salomé Martínez

Salomé Martínez

Pertenece a un gran equipo de trabajadores de limpieza pública quienes han tenido que adaptarse a estos tiempos riesgosos de coronavirus.

No puede salir a limpiar las calles limeñas sin antes recibir el abrazo de la última de sus hijas, un abrazo que funciona mejor que cualquier escudo, que cualquier mascarilla.

“Cuídate mucha mamita” -le dice su hija-. “Tú eres la única que está saliendo a trabajar, la que se expone”, le comenta.

Es por ella que Salomé toma fuerzas para no rendirse en cada calle que recorre con su escoba, es la última que falta verse graduada. Son tiempos difíciles y lo mejor sería quedarse en casa, pero esa no es una opción pues, en estos tiempos en que sus hijos ni su esposo trabajan, ella está parando la olla.

¿Tiene miedo Salomé?, le preguntamos. “Miedo a qué”, responde. Segundos después, con lágrimas en los ojos aclara: “En parte. Sé que estoy exponiendo a mi familia porque estoy en las calles”. Quisiera quedarse en casa, pero sabe que si no trabaja su familia no comerá.

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