Solidaridad con la nueva familia
La solidaridad es clave para que las personas refugiadas y migrantes puedan quedarse en casa y ayudar a reducir la curva.
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Por: Federico Agusti
Las últimas dos semanas, el Perú se ha quedado en casa, incluida la gran mayoría de las 860.000 personas venezolanas que residen en el país. Desde antes del COVID-19 cerca de 60 por ciento no tenía al menos una necesidad básica cubierta, es decir, no tenían acceso a alimentos, salud o un techo. Si para muchos las medidas de emergencia han sido difíciles porque vivían del día a día, para esta población es un auténtico sacrificio el que hacen para sumarse y proteger a su nueva gran familia.
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Desde la declaratoria de emergencia, ACNUR y sus socios han sido contactados por más de 40.000 personas que requieren asistencia. Una mujer embarazada y sola en Piura que no tiene para comer, una joven de 19 años y su hermano de 14 cuya madre murió hace unos días por una enfermedad crónica y no tienen para el alquiler, una mujer que vivía en un camión, una mujer embarazada desalojada por no poder pagar el alquiler, una mujer con cáncer de mama que no podía alimentarse. Por desgracia, la lista sigue.
Son momentos difíciles. 200.000 personas están en alto grado de vulnerabilidad. Casi 90 por ciento de las personas venezolanas vivían del día a día, ganando 40 por ciento menos que los peruanos, y así, rápidamente se les acaban los recursos y sus necesidades aumentan. Las vulnerabilidades se verán exacerbadas si pierden sus empleos o son echados de sus hogares. Estar en la calle no es una opción, pero para algunos, como hemos visto, es una realidad y con esto se acrecientan los riesgos para su salud y para la salud pública.
La solidaridad es clave para que las personas refugiadas y migrantes puedan quedarse en casa y ayudar a reducir la curva. Tenemos esperanza en que quienes les alquilan, les den la oportunidad de quedarse hasta que finalice la cuarentena para que puedan cumplir con los pagos y salir adelante juntos. Esto ya lo vemos con personas extraordinarias que alquilan u ofrecen habitaciones de manera gratuita ante la inesperada pandemia. Contamos con esta solidaridad.
Pareciera que todo es oscuro; pero hemos visto grandes actos de solidaridad que apoyamos como ACNUR –la Agencia de la ONU para los Refugiados–, y así con el Banco de Alimentos repartimos más de 2.200 porciones a peruanos y extranjeros. De la mano de organizaciones peruanas y venezolanas como Illari Amanecer y Unión Venezolana apoyamos la distribución de alimentos, junto a la OIM y el PMA. Nos unimos a las comunidades religiosas para asistir a los más vulnerables y encontramos un hotel solidario para la familia que vivía en un camión. Con la comunidad Salesiana y la OIM armamos un alojamiento temporal para 90 haitianos atrapados en su camino a Ecuador, mientras con la Municipalidad de Lima coordinamos para fortalecer albergues de emergencia. Sin olvidar a los más de 4.000 médicos venezolanos dispuestos a apoyar al gobierno en la lucha contra el COVID-19. Héroes anónimos que ponen en riesgo su vida por ayudar a otros.
ACNUR y OIM lideramos la respuesta para refugiados y migrantes desde el Grupo de Trabajo para Refugiados y Migrantes, trabajando en conjunto con la Red Humanitaria Nacional, el Sistema de Naciones Unidas y su Coordinador Residente para complementar las acciones del gobierno. La asistencia incluye apoyo en albergue, alimentación, asistencia humanitaria remota, apoyo económico y orientación, priorizando a personas con extrema vulnerabilidad como quienes tienen enfermedades crónicas, embarazadas de alto riesgo, personas mayores, madres y padres solos con hijos pequeños, entre otros. Hemos solicitado mayor apoyo a la comunidad internacional para ampliar la asistencia.
Esta enfermedad no discrimina. No lo hagamos nosotros. De esta salimos juntos y salimos todos.

































