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Política

Cecilia Méndez: “Las cosas se pondrán peor antes que mejor: esta es una crisis sistémica, no solo política”

La historiadora responde sobre el desengaño que, para ella, ha significado el presidente, Pedro Castillo, alguien quien, señala, llegó al poder diciendo que no sería más de lo mismo y terminó repitiendo viejos patrones.

Más de lo mismo. Méndez recalca que Castillo no se apoya en la gente sino en las cúpulas. Foto: difusión
Más de lo mismo. Méndez recalca que Castillo no se apoya en la gente sino en las cúpulas. Foto: difusión
Enrique  Patriau

Cecilia Méndez es una de las historiadoras más importantes del Perú y, siempre, una voz interesante de escuchar. En esta entrevista responde sobre el desengaño que, para ella, ha significado el presidente, Pedro Castillo, alguien quien, señala, llegó al poder diciendo que no sería más de lo mismo y terminó repitiendo viejos patrones.

—Usted tenía una posición más de expectativa por lo que podría hacer Pedro Castillo. Me habló de las muchas representaciones -docente, rondero, campesino- que podía llevar a un puesto como el de presidente. Leo sus columnas y entiendo que eso ha dado paso a la desilusión. ¿Por qué?

—Los hechos hablan por sí mismos. Es un presidente que tiene a tantas personas de su entorno fugadas. Admito que hay un cargamontón de los diarios, pero también es cierto que hay mucha información recogida. Si no la temen, ¿por qué se escapan? Hay muchas evidencias que revelan que, desgraciadamente, Castillo no ha jugado como prometió y que repite los patrones de los presidentes que han gobernado. Para decirlo en términos simples: usar el poder para servirse y no servir a los ciudadanos. Lo que era poco predecible es que no tenía una historia delictiva conocida.

—¿De corrupción?

—Y creo que es un punto en el que tenemos que indagar un poco más. Vuelvo sobre esas múltiples identidades de las que hablabas. Le sirvieron mucho porque la gente se podía sentir identificada con un presidente de esas características, pero se ha demostrado que lo que decía era mentira, por ejemplo, que él no iba a hacer lo que hicieron los demás, que no iba a aprovecharse del Estado. Entonces, sí, es una sensación de desengaño muy grande, sabiendo que Castillo tenía múltiples deficiencias. Nunca hubiera votado por él en la primera vuelta y las circunstancias en las que uno termina apoyándolo críticamente son muy claras…

—¿Particulares?

—Sí. Y había todo este tema de las cuestiones conservadoras en derechos de la mujer, asuntos de género. También, las proclividades autoritarias, porque él dijo en campaña que iba a cerrar el Tribunal Constitucional. No tenía una vocación institucional ni democrática clara. Sin embargo, se esperaba que con la coalición con una izquierda que pensábamos más democrática, se podrían mesurar esas tendencias, pero la historia ha seguido el patrón que ya conocemos, lo cual es una desgracia tota, porque es una persona que viene de abajo que pudo hacer un mejor papel a pesar de las deficiencias de su preparación y formación.

—¿Se derrumba el mito de que alguien del campo, del pueblo, podía hacerlo mejor que todos los anteriores?

—Se derrumba un mito, pienso. No diría que en la izquierda la gente decía que un campesino, un indio sea presidente. Eso no ha estado en la mentalidad de la izquierda…

—No en toda la izquierda. Aunque en parte de ella existía la expectativa de que alguien de ese origen podía darle un giro diferente al país. Eso sí estaba instalado.

—Eso sí, por la extracción de clase.

—A eso me refiero.

—Por el origen rural, que era lo más inusual, por ser maestro de escuela. Sí. Creo que la realidad nos obliga a poner los pies en la tierra, a todos. Eso es lo que el Perú ha producido en términos de educación, en términos de lo que son los maestros. Es nuestra realidad y no se le pueden pedir peras al olmo. Lo que no quita que haya podido hacerlo bastante mejor en cuestión de decisiones políticas clave. Castillo ha demostrado desconfianza al pueblo que tanto invoca. Ha confiado más en las cúpulas partidarias que lo van a blindar en el Congreso. Ha visto a la política como la ven todos. ¿Qué cosa era Cerrón? El jefe del partido que lo podía proteger. Por ejemplo, sacó a (Hernando) Cevallos…

—Del Minsa.

—Así es, y lo puso al señor de la agüita arracimada, habiendo hecho Cevallos una gestión que hasta la derecha reconocía. Pero lo saca y hace una serie de cambios devastadores. Si hubiera confiado en lo que una buena gestión de salud puede hacer para la gente y no en que Cerrón lo va a proteger… por eso digo que Castillo no confió en el apoyo del pueblo. Incluso la gente que no votó por él podría haber estado agradecida con una buena gestión en salud. Él no confió en los ciudadanos comunes, solo confía en esos amarres políticos con las cúpulas. En esos despliegues demagógicos y populistas en sus viajes no confía en la gente, la está usando. Y ahora hay un embalsamiento de reclamos que en algún momento va a estallar y eso es lo que posiblemente lo va a sacar.

—No lo va a sacar la oposición.

—No creo que la oposición. No quiere irse. Me refiero a la del Congreso.

—Aparte es una oposición muy radicalizada, poco creíble.

—Tonta, inmadura, un poco suicida también.

—¿Qué expectativa tiene de la visita del Grupo de Alto Nivel de la OEA?

—No creo que la OEA vaya a solucionar nuestros problemas, puede intervenir en casos concretos y puntuales. Hay una arremetida del Congreso que no puede perderse de vista, que es querer desbalancear el equilibrio de poderes. La OEA, en todo caso, puede decir cualquier cosa, pero quienes tienen que gobernar son los peruanos.

—¿Suscribe la idea de que se vayan todos? ¿Esa puede ser una solución?

—Esa no es una solución. Yo la suscribo emocionalmente, porque, ¿quién no tiene ganas de que se vayan todos? (risas). Eso lo estamos diciendo hace tiempo. Creo que hay que tomar conciencia de que aquí las cosas se van a poner peor antes que mejor. Esta es una crisis sistémica y no es solo una crisis política. Tomemos lo que sucede en educación. Muchos dicen que Castillo tiene que irse porque está destrozando el Estado. Por el nivel de los que pone por cumplir con la cuota de Cerrón o la suya propia, es devastador el daño que se está haciendo. Estoy de acuerdo, hay que poner a quienes tienen experiencia y méritos. Al mismo tiempo, toca reconocer que este personaje que ha sido elegido es producto de un sistema educativo completamente desigual. Nos quejamos, pero no vemos cómo las propias reformas privatizadoras que muchos aplaudieron, entre ellas la de la educación, han dado la peor calidad de la educación justamente a esos sectores que hoy tienen el poder. ¿De quién es la culpa, entonces? No hablo solo del presidente. También de congresistas. Por eso digo que es una crisis sistémica, de la raíz de nuestro sistema educativo. Esas reformas fueron aplaudidas por los sectores que hoy se quejan del nivel educativo de los políticos en el poder y que vienen de provincias, sobre todo. Entiendo la crítica, pero hay que hacer una pausa para entender cómo llegamos a esto, de lo contrario no vamos a tener una buena solución.

—Creo también que parte del problema es que, de un tiempo a estar parte, se hace imposible el diálogo. Estamos en una sociedad inflamada y eso se ve en el debate político.

—Sí. Estaba pensando en eso. ¿Qué pasó en los noventas con las reformas que se implantaron con la Constitución del 93? Creo que en esa década se creó como una especie de hegemonía de ese pensamiento de las privatizaciones, del mercado…

—Neoliberal.

—Que, de facto, desestimaba la necesidad del debate. Era como una especie de pensamiento único. Y hay que ver que, en esa época, mientras se construía el Estado para ciertos aspectos, como la Sunat, o la Defensoría, con el otro brazo se destrozaba las posibilidades de estabilidad laboral para la gente, creando una informalidad con la desregulación de la economía. Cualquiera podía poner su línea de transporte.

—Bastaba tener una combi. Es cierto.

—La gente aplaudía ese sistema al inicio porque sentía que todos podían ser empresarios y se elogió esta cosa del empresariado…

—Del emprendedor.

—Y ese es un tema que hay que discutir más, ¿no? Porque hay una diferencia entre el empresario y el emprendedor. ¿A quiénes se les llama empresarios y a quiénes se les llama emprendedores? ¿Alguna vez los emprendedores llegarán a ser empresarios? ¿Y cómo llegarán a serlo? La informalidad también va de la mano con el dinero ilícito, la minería ilegal. Hemos tenido un sistema que nos ha llevado a donde estamos ahora. Y las soluciones no son reformas aquí o allá, aunque sean necesarias. Esos son parches cuando lo que se necesita es una cirugía. Esto es bien difícil que lo entiendan nuestros grupos políticos y gobernantes. Incluso iniciativas de gente sensata no están viendo los problemas de raíz porque, en el fondo, no quieren que cambie este sistema, porque para ellos está bien. Sin embargo, el problema es muy profundo. Siento incluso, Enrique, que se perdió el debate en las ciencias sociales.

—¿En qué sentido?

—Porque los científicos sociales empezaron a trabajar para las mineras, para las empresas. No los culpo, es el trabajo que había, pero voy a que es un sistema que no propendía a que hubiera otra idea, otra ideología. Cualquier cosa distinta era terrorismo, es lo que le hicieron a (Ollanta) Humala. No hay que olvidar los intentos que hubo de cambiar este sistema y cómo se taponearon. No se podía hablar. En un debate periodístico, un señor –olvidé el apellido– decía que mucha educación es mala, peligrosa porque van a surgir terroristas y comunistas. Alguien dijo que Vallejo era un deprimido. Es decir, se alentaba el mono-pensamiento, el no-debate. Esta atomización es producto de décadas de no pensar, de poner la historia al tacho, las humanidades al tacho, de vivir en un cortoplacismo enfermo, egoísta, mezquino. Estamos cosechando lo que hemos construido. Como historiadora, lo veo así. Esto de la OEA, del Congreso y del Ejecutivo son distracciones, es la novela que continúa.

—¿Y no hablamos de los temas de fondo?

—Es que nos distraemos. Mira lo de la traición a la patria. Todo el mundo dice, con razón, que da risa que una opinión sobre un referéndum sea traición a la patria. Por otro lado, ¿por qué no aprovechar más bien para preguntarnos qué es la patria? Nadie le pregunta eso a nadie. ¿Qué cosa es la patria y quiénes la traicionan? Esa gente no quiere hablar de lo esencial. Es obvio decirlo: sin un diagnóstico no vamos a tener soluciones correctas y vamos a repetirnos, cada vez peor.

—Le preguntaría qué es la patria y quiénes la traicionan, aunque intuyo que la respuesta sería larguísima.

—(Risas). No importa lo que yo piense. Habría que preguntarle a la gente, a los congresistas porque ya hemos visto que se les sale el inconsciente y juran por la plata. Es una pregunta seria. Se supone que son 200 años de República, 200 años del Congreso, ¿y qué es lo que tenemos? La pausa es más necesaria que nunca para pensar en los asuntos de fondo.

—¿Qué papel han jugado los medios de comunicación en esta coyuntura?

—Primero, los medios son un actor político y hay un conglomerado dominado por el grupo El Comercio, pero también hay canales y otros medios afines. Tendrían que reconocer que han jugado un rol fundamentalmente antidemocrático, desde el momento en que estuvieron incluso promoviendo esta idea del fraude y sembraron un miedo y un terror sobre cosas que no tenían base. Eso es muy grave. Y eso continúa. La información que uno recibe es de un desequilibrio total, obsesionada con el presidente y el Ejecutivo, y que pasa por alto graves problemas en el Congreso, en la Fiscalía, en los niveles más altos. A mí me gusta citar el trabajo de Hilda Sábato, que es una historiadora muy reconocida, que escribió… aquí mismo lo tengo (la entrevistada muestra un libro), que escribió “Repúblicas del Nuevo Mundo”. Ella dice que, en los comienzos de nuestro sistema representativo, en América Latina, se reconocía que tiene que haber una entidad que pueda equilibrar y controlar lo que suceda en las elecciones y eso es lo que, en esos tiempos, se empieza a llamar opinión pública. Y eso de la opinión pública está expresada en los medios de comunicación. Los periódicos han sido un elemento fundamental en las luchas por la independencia. Ha habido periódicos donde, en efecto, se planteaban posiciones claras, pero, también, han sido, históricamente, lugares de ensañamiento y luchas intestinas. Es muy interesante la historia de los periódicos. En fin, el punto clave de estas discusiones iniciales de las repúblicas latinoamericanas era que, justamente, la prensa cumplía un rol clave en la democracia. Ese rol democrático, desgraciadamente, la mayor parte de los medios no lo está cumpliendo y los ejemplos están por todos lados.

—Lo preguntaba porque en esta incapacidad de comunicarnos, los medios han jugado un papel.

—Exactamente, hay una responsabilidad muy grande. Dicho sea de paso, es muy triste que los que pagan el pato sean los reporteros que son agredidos. El presidente Castillo también ha utilizado palabras que no son apropiadas, usando a los periodistas como un blanco, y eso está bastante mal.