Política

El show de los candidatos a su salida del debate: las respuestas de Roberto Sánchez y Keiko Fujimori ante los medios

DESDE LA SALA DE PRENSA. Tras dos horas de enfrentamientos televisados, Roberto Sánchez y Keiko Fujimori tuvieron que afrontar una prueba distinta: la persecución de micrófonos. Ante las preguntas incómodas, ambos dieron respuestas descoloridas. Los equipos de Juntos por el Perú y Fuerza Popular dejaron el Centro de Convenciones de San Borja sabiendo que quedan pocas cartas por jugar.

Encontrados. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez también se vieron durante su paso por los pasillos en la sala de prensa del Centro de Convenciones de San Borja | Composición: LR | Fotos: Carlos Felix/URPI-LR
Encontrados. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez también se vieron durante su paso por los pasillos en la sala de prensa del Centro de Convenciones de San Borja | Composición: LR | Fotos: Carlos Felix/URPI-LR

Al terminar el debate de este 31 de mayo, Roberto Sánchez y Keiko Fujimori se vieron obligados a sonreír una vez más. Ninguna de las sonrisas parecía del todo natural.

No hay media training capaz de ocultar por completo las señales del desgaste. En el pupitre de Fujimori quedaron folders abiertos y papeles desordenados. Sánchez no dejó ese tipo de rastros, pero sí otro: el vaso de agua que lo acompañó durante toda la noche estaba casi vacío.

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Ambos agitaron las manos para las cámaras y dejaron atrás 120 minutos de ataques transmitidos a nivel nacional. Luego se reunieron con sus equipos técnicos. Recibieron felicitaciones y escucharon críticas.

Ese respiro, sin embargo, duró poco. Quince minutos después, tendrían que enfrentarse a una nueva prueba: la de los periodistas.

Salidas accidentadas

Tras el encuentro, Sánchez fue el primero en llegar a los módulos de prensa. Luego de un desempeño favorable, se esperaba que el candidato de Juntos por el Perú declarara para reforzar esa impresión. No ocurrió.

Durante los primeros minutos evitó todo tipo de preguntas y, con paso apresurado, se refugió en los módulos de los programas de televisión.

Mientras Sánchez participaba en las primeras entrevistas, los asesores de prensa disputaban cada minuto de su agenda. Productores y reporteros se movían entre agentes de seguridad y operadores políticos en busca de una declaración adicional. ¿Respondería el candidato sobre la presencia de Antauro Humala? ¿Profundizaría en la moderación que venía exhibiendo durante la campaña? La necesidad de conseguir un titular aceleraba los movimientos a su alrededor.

A las afueras del módulo de un canal de televisión, una productora de una casa televisiva rival mostró un mensaje de WhatsApp al encargado de conducir al candidato de un espacio a otro.

—Dile que ellos están con un solo punto de rating y que nosotros tenemos 17.

La competencia por unos minutos con Sánchez contrastaba con la actitud del propio candidato. Tuvieron que pasar dos participaciones en programas de televisión para que comenzara a soltarse con los reporteros.

Consultado por este reportero sobre las encuestas, que todavía lo ubican por debajo de Keiko Fujimori, respondió:

—Las encuestas se respetan. Este partido todavía no acaba. Estamos tranquilos.

Quien se mostró más participativo ante los medios fue su vocero más visible, Ernesto Zunini. El virtual diputado de Juntos por el Perú mantuvo la línea de moderación económica adoptada por la agrupación.

Ante la misma pregunta formulada a Sánchez, Zunini decidió restarle importancia al asunto:

—Las encuestas han perdido credibilidad en nuestro país.

Otra de las figuras del equipo técnico de Juntos por el Perú que recorrió los pasillos de la sala de prensa fue Manuel Rodríguez Cuadros. El excanciller se mostró relajado y accesible durante buena parte de la jornada.

Junto a Pedro Francke, fue uno de los asesores que se acercó con frecuencia a Roberto Sánchez durante los cortes comerciales del debate. Consultado sobre el contenido de esas conversaciones, Rodríguez Cuadros restó dramatismo a los intercambios.

—Solo fueron pequeños intercambios de ideas que son propios de estos eventos, ¿no?.

Sectores un poco más alejados de la izquierda estuvieron cerca de JP. Algunas presencias así lo sugieren. Alejandro Salas pasó prácticamente desapercibido durante los primeros momentos de la jornada. Consultado sobre su presencia en el debate, el excandidato al Congreso y militante de Perú Primero —la agrupación liderada por los hermanos Vizcarra— explicó que había sido invitado a integrarse al equipo técnico de Roberto Sánchez.

—Hay que recuperar la democracia que nos han quitado hace diez años —afirmó.

En la puerta que daba entrada al recinto de prensa, otros colegas esperaban a figuras que nunca llegarían. Alfonso López Chau, José Domingo Pérez y Pedro Francke no ingresaron a declarar.

La llegada de Keiko Fujimori a la sala de prensa fue más accidentada. Ante los micrófonos y las preguntas —o los gritos— de los reporteros, la candidata avanzó a paso rápido mientras sonreía. Más de una decena de agentes de seguridad la rodeaban. Detrás de ella, los otros dos hombres que conforman la cúpula fujimorista seguían su rastro: Miguel Ángel ‘Miki’ Torres y Luis Galarreta.

—Toda la seguridad que hace falta en las calles la tiene ella aquí —comentó un reportero que estaba cerca.

Hay quien podría interpretar la estrategia inicial de Sánchez de evitar a la prensa como una muestra de nerviosismo de quien nunca había participado en un debate de segunda vuelta. Con Fujimori, la imagen era distinta. Tras haber atravesado una experiencia similar en cuatro campañas presidenciales, la lideresa del fujimorismo reemplazó las declaraciones por la misma sonrisa imperturbable que viene exhibiendo desde 2011.

Durante los primeros 15 minutos en que recorrió los distintos sets de televisión, no hubo respuestas a las preguntas, solo empujones de sus agentes de seguridad. Fujimori seguía la coreografía conocida: sonreír y avanzar. Bajar la mirada y seguir caminando. Sonreír otra vez. Desfilar entre micrófonos sin detenerse.

‘Miki’ Torres se convirtió en uno de los personajes más asediados de Fuerza Popular. El vicepresidente de la plancha presidencial no ofreció mayores declaraciones luego de pronunciar una frase que, para quienes siguen la política fuera de la tienda naranja, sonó a admisión de parte: “Sacar a Castillo no fue nada fácil”, dijo.

Señalado por rivales como confesor de la sedición y la conspiración, Torres evitó responder directamente a las preguntas de la prensa. A su manera, se reafirmó:

—Tanto la sociedad civil como la Fiscalía actuaron de acuerdo con lo que exigía el momento.

Ante las repreguntas, los ojos iban pegados al suelo. El flamante senador se obligó a guardar silencio. Entró a un par de módulos televisivos más. La pregunta siempre era la misma y la respuesta variaba poco. Torres parecía querer abandonar la escena cuanto antes.

Luis Galarreta aguardaba junto a la mampara que separaba la sala de prensa del recinto principal donde Keiko Fujimori acababa de debatir con Roberto Sánchez. Respondía algunas preguntas con voz baja y gestos contenidos. Pero mientras hablaba, sus ojos permanecían clavados no sobre las cámaras, sino sobre los movimientos de la lideresa fujimorista. Galarreta no se permitió perder de vista cada paso dado por su jefa.

Así como en Juntos por el Perú algunas de las figuras incorporadas al equipo técnico evitaron el contacto con la prensa, en Fuerza Popular la historia no fue muy distinta. Rafael Belaunde, excandidato presidencial de Libertad Popular, fue visto en primera fila junto a otros integrantes del equipo técnico de la agrupación naranja, aunque optó por mantenerse alejado de los micrófonos.

Algo similar ocurrió con otro de los fichajes más llamativos del equipo: Jean Ferrari. El dirigente deportivo tampoco pasó por la zona de declaraciones. La ausencia fue lamentada por un colega que, según se pudo observar, lo esperaba celular en mano para increparlo por antiguas publicaciones en X, donde, como si se tratara de algún activo antifujimorista, cuestionaba con bastante ahínco a quien hoy es su aliada política.

Fuera de aquellas figuras, los ojos estaban puestos sobre Fujimori. Todos los periodistas buscaban una declaración que parecía imposible de conseguir. Los periodistas y Fujimori jugaban a atraparse. En esos intentos, una reportera se subió a una silla y pidió que le sostuvieran los pies para intentar acercarse desde una posición más elevada.

Estrategia frustrada: Fujimori se percató del hecho, sonrió y cambió de dirección.

Cuando respondió, lo hizo con dos o tres palabras. Tuvimos una oportunidad y decidimos plantearle un escenario poco habitual para quien ha ejercido como la principal figura de oposición congresal desde 2011.

—¿Cuál sería la posición de un gobierno de Fuerza Popular frente a las bancadas de izquierda y oposición?

Fujimori giró brevemente.

—Dialogar, por supuesto.

Para Keiko Fujimori, el diálogo que tantas veces negó desde el Congreso es una condición necesaria de su eventual gobierno.

A unas cuadras del debate

Para ingresar al recinto del debate, un periodista puede tardar entre 20 y 30 minutos en rodear el perímetro desde la avenida Aviación hasta la entrada ubicada en la avenida de la Arqueología. El acceso se ve entorpecido por los cierres y por la presencia de simpatizantes de ambas agrupaciones políticas.

A las 5.00 p. m., las banderas naranjas ocupaban casi toda la explanada. Los grupos que apoyaban a Sánchez quedaban arrinconados unos metros más allá. Un hombre vestido con un polo que llevaba estampado, en tipografía chicha, el mensaje «A la china ya le toca» grababa una historia de Instagram en la que se mofaba de los seguidores de Sánchez.

—Miren cómo se ve la democracia y cómo se ve el comunismo —decía mientras giraba la cámara entre uno y otro grupo.

Los seguidores de Sánchez solo observaban. La reacción tardaría unos minutos en llegar.

Ya instalados, los reporteros apostados en los exteriores nos advirtieron sobre los encontronazos entre simpatizantes de ambos lados. Carnaval sin alegrías: volaban botellas y agua de un lado a otro. Todos terminaban empapados y se empujaban mientras representaban a los candidatos que esperaban adentro, impolutos.

Demora, pullazos y silencios

¿Por qué el debate presidencial pactado para las 8.00 de la noche tardó en comenzar? Las fallas técnicas pesaron más que los ensayos realizados durante las horas previas. La producción tuvo que invertir cerca de 20 minutos en solucionar el primero de los inconvenientes.

No fue el único traspié. En la sala de periodistas, las primeras declaraciones de Fujimori y Sánchez apenas se escucharon debido a una configuración defectuosa del sonido. Los chiflidos de parte de la prensa iban acompañados por un pedido generalizado para arreglar esas fallas en el audio.

Desde las primeras intervenciones, los candidatos llevaron la discusión más al terreno político que al técnico. Los pullazos tomaron protagonismo. A lo largo de sus intervenciones, Fujimori centró buena parte de sus ataques en la cercanía más incómoda para Juntos por el Perú: la de Antauro Humala.

—Hay tantas familias sin servicios básicos. Tenemos dos opciones: o hacemos algo ahora o repetimos la misma receta que ya fracasó en el país de Venezuela. Orden o caos, estas son las dos opciones que tiene nuestro país. Esto es lo que hay que hacer y no seguir la fórmula Castillo-Sánchez-Antauro —dijo Fujimori apenas iniciado el debate.

Sánchez respondió. Y los ataques apuntaron no a los aliados del fujimorismo, sino al fujimorismo mismo.

—Yo sí he trabajado toda mi vida. Conozco las necesidades y problemas del Perú. Salvemos la democracia de las garras de quienes han corroído el país. Ellos son Fuerza Popular y la señora Keiko Fujimori. Juntos vamos a recuperar la democracia.

Durante los dos primeros bloques —dedicados a seguridad y democracia—, la sensación predominante era la de un empate entre ambos candidatos. Entre cuchicheos, los periodistas especulaban con que el siguiente tramo del debate —centrado en educación y salud— podría ofrecerle a Sánchez más herramientas para responder. En cambio, en Economía y Empleo —penúltimo bloque antes de la Carta Blanca—, muchos daban por descontado que Fujimori tendría ventaja.

A cada pulla, algunos periodistas reaccionaban con silbidos prolongados o expresiones de sorpresa. Las muecas de incomodidad y diversión aparecían sin demasiados filtros. Cuando Sánchez recordó el papel del fujimorismo en la llamada Ley Chlimper —cuestionada por sus efectos sobre la recaudación tributaria—, las reacciones volvieron a intensificarse en la sala de prensa.

Sin embargo, cuando llegó el turno de discutir economía, Sánchez optó menos por la confrontación técnica que por la política. Y fue allí donde pronunció la frase que terminaría convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de la noche. Dirigiéndose a Fujimori, invocó a sus familiares:

—Yo sí respeto a mi padre, a mi madre, a mi esposa y a mi hermano.

La respuesta de Fujimori fue inmediata:

—¡Qué poco hombre es usted!

La réplica arrancó risas y nuevas reacciones entre los periodistas que seguían el lado más espectacular del enfrentamiento.

Fujimori insistió. Cada intervención de la candidata de Fuerza Popular traía consigo referencias al intento de autogolpe de Pedro Castillo y a la cercanía de Sánchez con Antauro Humala y el etnocacerismo. La respuesta del candidato, sin embargo, apuntó a marcar distancia de las posiciones más radicales atribuidas a su entorno político.

—Nosotros no hemos expropiado nada a nadie (...). Nosotros no somos comunistas. Creemos en el trabajo.

Horas más adelante, presentó un nuevo plan de gobierno en el que se comprometió a respetar los tratados de libre comercio y aseguró que defendería una economía de libre mercado.

Llegado el bloque final —denominado Carta Blanca—, el Jurado Nacional de Elecciones propuso que ambos candidatos destacaran algún aspecto positivo de su contrincante. Durante las pausas comerciales previas a ese momento, los periodistas presentes se preguntaban qué podría decir uno del otro. Las respuestas escaseaban y, cuando aparecían, sonaban forzadas.

Entre las especulaciones, uno de los presentes lanzó un pronóstico que terminaría siendo el más acertado: no habría reconocimientos.

Lejos de convertirse en un espacio de distensión, la Carta Blanca terminó reafirmando la rivalidad que atravesó todo el debate. El fujimorismo y el antifujimorismo llegaron al último bloque con la misma confrontación con la que habían iniciado la noche.

En la última noche de mayo, la polarización entre Sánchez y Fujimori se mantuvo desde el primer apretón de manos hasta el cierre de cada una de sus intervenciones.

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