“La intervención del trumpismo ayuda a apuntalar estas nuevas derechas” en América Latina
Polarización. La historiadora argentina Camila Perochena indica que, si bien la distorsión histórica no es nueva, hoy alcanza mayor intensidad por la polarización y el impacto de las redes sociales que potencian emociones como el hartazgo. Este contexto permite a líderes como Javier Milei conectar con frustraciones sociales acumuladas.
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En los últimos años, América Latina ha sido escenario de un avance sostenido de nuevas derechas que, apoyadas en discursos de orden, seguridad y estabilidad económica, han capitalizado el descontento social. Este fenómeno, visible en liderazgos como los de Javier Milei, Nayib Bukele o Donald Trump, ha venido acompañado de una estrategia discursiva que reconfigura el pasado. En ese contexto, la historiadora Camila Perochena advierte que este es un fenómeno que se ha alimentado también de la polarización.
¿Qué pudo haber cambiado en los últimos años en la sociedad para que se haya normalizado la distorsión de la historia a favor de grupos políticos?
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La historia siempre es plausible de ser usada o distorsionada en el ámbito público, y no es algo novedoso; es algo que pasa hace siglos. El uso intenso y polarizador de la historia puede rastrearse desde inicios del siglo XXI, en los tiempos del llamado giro a la izquierda, cuando empiezan a dar lo que llaman una batalla cultural.
Yo he tratado de rastrear los antagonismos del presente en el pasado. Las nuevas derechas retomaron esa lógica polarizadora y esa voluntad de dar una batalla cultural a estas nuevas izquierdas. Mientras la nueva izquierda era muy crítica de las dictaduras latinoamericanas, estas nuevas derechas lo que hacen es, en algunos casos, banalizarla, y en otros, directamente reivindicarla. Lo que hacen con la historia es transformarla en un campo de batalla para construir identidades políticas en el presente.
¿Por qué considera que la nueva derecha ha logrado conectar con la emoción de las personas?
Creo que buscan movilizar emociones en un contexto en el cual las redes cada vez más apuntan a movilizar el enojo, la indignación. Las nuevas derechas logran conectar con esas emociones, muchas veces negativas, que amplios sectores de la sociedad tienen, básicamente, por una frustración de distintos tipos.
Sus necesidades no son satisfechas. Depende del país, pero, en el caso de Argentina, hace 15 años hay estancamiento económico, y hubo altísimos niveles de inflación, que llegaron a 3 dígitos anuales.
¿Cómo podemos explicar que un político que avala la violación de los derechos humanos, como José Antonio Kast en Chile, alcance el poder?
Yo diría que ahí hay diferencias regionales que son importantes. En el caso chileno, diría que el devenir de la dictadura fue menor. La dictadura argentina fracasó prácticamente en todos los planos que se propuso reordenar: no logró resolver la cuestión económica, tuvo amplísimas denuncias por violaciones a los derechos humanos, una parálisis política y además pierde la guerra de las Malvinas.
Eso hace que la transición sea por colapso, que la sociedad y el gobierno hayan podido juzgar a los militares, lo que se le conoce como el ‘Nunca más’, mensaje que perdura hasta el día de hoy con un gobierno que lo cuestiona, pero que, sin embargo, sobrevive.
En Chile es distinto: la sociedad está mucho más dividida en relación con la memoria del pinochetismo y es por distintos motivos. El primero es que en la dictadura chilena hubo un gobierno más centralizado, más ordenado y coordinado. Hubo una transición donde la imagen y la figura de Pinochet siguieron estando presentes en el contexto postdemocrático.
Y en el caso peruano, me parece que hay, primero, una gran diferencia en términos de tiempos. Ese periodo de los años 80 es de una violencia y magnitud que no se vio en Argentina. La expansión de la violencia, tanto por el lado guerrillero como por el lado estatal, es enorme, y eso yo creo que es importante señalar, porque en Argentina hay todavía algunos sectores que han reivindicado la violencia revolucionaria, tipo Montoneros. En Perú me parece que es imposible; deben ser sectores muy minoritarios los que hoy reivindican a Sendero Luminoso, y eso va en consonancia con la imagen de Fujimori, que ordenó la violencia con más violencia e instauró un régimen autoritario que fue tolerado.
Me parece que ahí hay varias diferencias de contexto que nos ayudan a entender por qué las sociedades procesan la memoria de una manera bastante distinta.
Usted fue acosada por Milei solo por cuestionar cómo su gobierno busca reescribir el pasado. ¿Esto cambió sus investigaciones?
Mi labor como historiadora sigue siendo la misma, más allá de que el presidente pueda agredirme en redes. Yo soy investigadora en historia, doy clases en la universidad y hago lo que se llama historia pública. Hago divulgación de la historia en los medios de comunicación.
Eso que hago lo voy a seguir haciendo. Lo hice durante los años del kirchnerismo y seguiré ahora, pero creo que sí hay un objetivo cívico en la difusión de la historia.
Yo creo que la historia, o el debate en relación con ella, nos permite entender mejor el presente. No solo de dónde venimos, sino también ver qué tiene de distinto el presente y las cosas que vivimos en otras épocas.
Mi trabajo sigue siendo este: tratar de traer matices a una esfera pública polarizada.
El gobierno de Milei publicó un video con respecto a los 50 años de la dictadura en el que enfoca esta fecha por la “memoria completa” ¿Existe el riesgo de que desmantele políticas de derechos humanos?
Es importante aclarar que el gobierno de Milei dice que ellos apelan a una memoria completa para contraponerse al kirchnerismo. Durante el kirchnerismo, lo que hubo fue una crítica muy fuerte a la violencia estatal y al terrorismo de Estado de la dictadura, y una suerte de idealización o romanización de la violencia revolucionaria previa a la dictadura. Cuando el gobierno de Milei dice 'Memoria completa', lo que hace es invertir eso.
Básicamente, se concentra en la violencia revolucionaria y las organizaciones armadas previas a la dictadura, pero no dice absolutamente nada sobre la violencia estatal durante el terrorismo de Estado. Incluso no habla de dictadura, no habla de terrorismo de Estado. Entonces, acá, si bien hay una pretensión de memoria completa, no hay ninguna completitud de memoria, no hay ninguna, y no se trata ni de una posición objetiva, sino de una posición sesgada. ¿En qué sentido sesgada?
Bueno, es un gobierno que, en el 50 aniversario de la dictadura, saca un video donde no se habla de la dictadura prácticamente; si bien hay un testimonio de una nieta apropiada, se habla principalmente de lo que pasó previo a la dictadura y lo que pasó después de la dictadura, especialmente durante el periodo del kirchnerismo.
Entonces, no existe tal memoria completa; incluso, desde un punto de vista epistemológico o historiográfico, podría decir: 'Bueno, nunca va a existir la memoria completa; la memoria siempre está hecha de recuerdos y olvidos'. Ahora, en el video del gobierno no está tal, ni en la aproximación del gobierno está tal aproximación.
Efectivamente, yo creo que está tratando de hacer un cambio en la memoria oficial o, sobre todo, en la memoria que provenía del kirchnerismo, pero también de la que provenía del contexto de la transición. Ahí hay un cambio muy claro. Nosotros, en la Argentina, cuando hablamos del consenso del 'Nunca más' que se forjó en la transición, decimos que durante los últimos años había un acuerdo de que nunca más terrorismo de Estado, dictadura, muerte por parte del Estado.
Eso sí lo está cambiando el gobierno actual, que no habla de terrorismo de Estado, sino que habla de guerra, y se dice que lo que hubo en la época de la dictadura fueron excesos.
Con la aparición de Javier Milei y de Nayib Bukele, ¿considera que el fujimorismo sirvió de precedente para estas nuevas figuras de derecha?
Sí, totalmente. Antes de Fujimori, yo creo que está Pinochet. Creo que el primer experimento en ese sentido fue el pinochetismo. De hecho, es el primer experimento neoliberal, pero sin duda Pinochet, Fujimori, parte de la derecha argentina o Bukele son una derecha que reivindica el liberalismo económico, pero no el liberalismo político.
Nuestros derechistas y nuestros liberales son liberales rengos en ese sentido, porque se preocupan mucho más por el equilibrio macroeconómico que por las instituciones.
¿Siente que existe una estrategia en común entre estos tres presidentes y candidatos como Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, o se trata de una simple coincidencia?
No, considero que no se trata solo de coincidencias. Algo que tiene esta nueva derecha es que está mucho más conectada.
Hay una estrategia de transnacionalización, impulsada en un primer momento por el Foro Madrid y por Vox de España. Por eso el artículo que escribimos con Alberto Vergara para Current History se llama ‘De Washington a Madrid’, porque Madrid fue el espacio de coordinación de estas nuevas derechas, y muchos de estos líderes que nombras se encuentran anualmente en los foros organizados. Están muchísimo más conectados que los neoliberales de los años 90.
¿Cómo cree que influye el regreso de Donald Trump en el resurgimiento de discursos autoritarios?
El impacto es enorme porque de repente Estados Unidos tiene un interés en América Latina mayor que en las últimas dos décadas, y ese interés se ve reflejado en mayor intervencionismo directo, como es el caso de Venezuela, o como en Argentina con el rescate económico de Donald Trump previo a las elecciones.
La intervención directa del ‘trumpismo’ ayuda a apuntalar estas nuevas derechas. Digo, o es una intervención relacionada con las elecciones, para apuntalar a estos líderes de nueva derecha, o es algo directo, como en Venezuela.



























