Innovación en Perú: solo 49% de jóvenes lleva sus ideas a la práctica pese a su alto potencial
Un estudio de la UPC e Ipsos muestra una alta disposición de los jóvenes hacia el aprendizaje y el cambio, pero también una brecha para convertir ese conocimiento en acciones. La colaboración aparece como otro de los retos para desarrollar soluciones con impacto.
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La innovación en el Perú no parece partir de una falta de ideas. Un estudio elaborado por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) junto con Ipsos Perú encontró que existe una alta disposición entre los jóvenes y adultos conectados para aprender, adquirir nuevos conocimientos y plantear mejoras. El problema aparece en el siguiente paso: convertir esas ideas en acciones concretas.
El Índice de Innovación Ciudadana (IIC) fue elaborado a partir de una encuesta a 1.000 personas de entre 18 y 45 años de la población urbana conectada a nivel nacional. La investigación buscó medir cómo los ciudadanos entienden, practican y aplican la innovación en su vida cotidiana.
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Uno de sus principales resultados muestra que el 88% considera importante aprender cosas nuevas para su desarrollo personal, mientras que el 79% considera que puede mejorar las cosas en su trabajo o comunidad. Además, el 80% afirma haber aprendido algo nuevo por iniciativa propia durante el último año.
La disposición al aprendizaje, sin embargo, no se traduce necesariamente en una mayor capacidad de ejecución. Según el estudio, solo el 49% actúa frecuentemente para implementar una idea de mejora. Otro 34% señala que lo hace ocasionalmente y 14% reconoce que casi nunca lleva sus ideas a la práctica.
El resultado plantea una diferencia entre tener iniciativa para aprender o identificar problemas y contar con las condiciones necesarias para desarrollar una solución. Para Jorge Bossio, director de Innovación Educativa e Internacionalidad de la UPC-Laureate Perú, el desafío está en generar experiencias de aprendizaje vinculadas con problemas reales y proyectos aplicados.
"Los resultados muestran que el Perú no tiene un déficit de creatividad ni de ganas de aprender", sostuvo Bossio, quien consideró que la educación puede contribuir a reducir la distancia entre el conocimiento y su aplicación.
La colaboración todavía tiene espacio para crecer
La brecha no se limita a la ejecución individual. El estudio también identifica dificultades para trasladar la innovación hacia espacios colaborativos.
El 76% de los encuestados comparte con otras personas lo que aprende, mientras que el 70% afirma que propone mejoras en su trabajo o comunidad. No obstante, solo el 56% participa en proyectos colaborativos.
La diferencia adquiere relevancia cuando las ideas requieren más de una persona, conocimientos especializados o recursos para convertirse en una solución. En el ámbito comunitario, además, 33% de los encuestados afirma tener ideas que todavía no ha logrado implementar.
Para Bossio, la colaboración entre estudiantes, empresas, Estado, universidades y comunidades puede contribuir a que las iniciativas individuales encuentren espacios para desarrollarse.
Este punto también coincide con algunas de las debilidades que el Perú registra en mediciones internacionales. En el Índice Mundial de Innovación 2025 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), el país ocupó el puesto 80 entre 139 economías. La posición resulta de indicadores que incluyen educación, investigación y desarrollo, infraestructura, actividad empresarial, generación de conocimiento y resultados tecnológicos.
El desempeño peruano presenta, además, una diferencia entre los recursos disponibles para innovar y los resultados obtenidos. En la medición de 2025, Perú ocupó el puesto 72 en insumos de innovación, pero el 91 en resultados de innovación, de acuerdo con la OMPI.
Perú mejora en capacidades, pero enfrenta dificultades para convertirlas en resultados
El Índice Mundial de Innovación permite observar que el reto de la ejecución no se limita al comportamiento de los ciudadanos. Perú registra una mejor posición relativa en capital humano e investigación, donde ocupa el puesto 42, mientras que presenta posiciones más bajas en sofisticación empresarial, resultados de conocimiento y tecnología.
Entre las principales debilidades identificadas por la OMPI aparece la colaboración entre universidades y empresas en investigación y desarrollo, indicador en el que Perú se ubica en el puesto 112. También figura en el puesto 93 en gasto bruto en investigación y desarrollo como porcentaje del PBI.
Estos indicadores muestran que transformar una idea en una innovación no depende únicamente de la creatividad individual. También intervienen el acceso a financiamiento, la formación, la infraestructura, la vinculación entre instituciones y las posibilidades de probar y escalar una solución.
El propio estudio identifica tres niveles de madurez innovadora: emergentes, en desarrollo y consolidados. Los ciudadanos ubicados en el último grupo presentan una mayor integración entre aprendizaje, colaboración y aplicación de ideas. Asimismo, el estudio encuentra una mayor presencia de educación superior, empleo formal y emprendimiento entre quienes muestran mayor madurez innovadora.
La primera medición del IIC coloca así el foco no solo en cuántas ideas existen, sino en qué ocurre después de que aparecen. Para la universidad, las prioridades pasan por una educación más vinculada con experiencias y desafíos reales, el fortalecimiento de comunidades de innovación y la creación de espacios en los que ciudadanos, empresas, universidades y organizaciones puedan trabajar conjuntamente.
El desafío para el país, en ese sentido, no sería únicamente generar nuevas ideas, sino conseguir que más de ellas encuentren las condiciones para ser probadas, desarrolladas y aplicadas.






















