En 1871 dejaron cinco vacas en una isla desierta y, cuando regresaron 130 años después, tuvieron que eliminar a todo el rebaño
Los ejemplares sobrevivieron en condiciones adversas desde que fueron introducidos, formando una manada salvaje de casi 2.000 ejemplares. Un estudio genético revela su sorprendente historia.

En 1871, cinco vacas llegaron a la isla de Ámsterdam, un pequeño territorio francés de apenas 54 km² situado en el océano Índico. El proyecto que las llevó hasta ese lugar fracasó pocos meses después y los mamíferos quedaron a su suerte. Contra todo pronóstico, lograron sobrevivir durante generaciones en un territorio aislado, frío y azotado por fuertes vientos.
Con el paso de las décadas, aquel reducido grupo dio origen a una población salvaje que llegó a reunir casi 2.000 ejemplares. La historia terminó en 2010, cuando las últimas vacas fueron sacrificadas para proteger las especies nativas y recuperar el ecosistema de la isla. Sin embargo, muestras biológicas conservadas durante años permitieron reconstruir el origen de aquella población mediante análisis genéticos.
De cinco vacas abandonadas a un rebaño salvaje de casi 2.000 ejemplares
La isla de Ámsterdam ofrece condiciones poco favorables para el ganado doméstico. El territorio presenta fuertes vientos, en ocasiones con intensidad de huracán, además de una disponibilidad limitada de agua dulce. A pesar de estas dificultades, las cinco vacas abandonadas tras el fracaso del asentamiento consiguieron establecerse en el entorno volcánico.
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Ejemplares del ganado en la isla de Ámsterdam poco antes de su erradicación en 2010. Foto: Wikimedia
La población creció durante las décadas posteriores y alcanzó cerca de 2.000 animales en 1952. Una cifra similar volvió a registrarse en 1988, pese a los problemas que afectaron al rebaño, entre ellos enfermedades y sacrificios selectivos. El caso despertó interés científico porque se trataba de una población bovina asilvestrada cuya historia podía rastrearse desde un grupo fundador extremadamente reducido.
En 2010, las autoridades eliminaron los últimos ejemplares como parte de las medidas destinadas a proteger la fauna y flora propias de Ámsterdam. La desaparición del rebaño no puso fin al interés científico: años antes, investigadores habían recogido muestras de 18 animales durante expediciones realizadas en 1992 y 2006.
Las últimas vacas fueron sacrificadas y su ADN reveló un origen inesperado
El material biológico conservado permitió aplicar técnicas modernas para reconstruir gran parte del genoma de aquellos animales. Después, los científicos compararon durante un estudio en 2024 sus características genéticas con las de poblaciones bovinas procedentes de distintas regiones.
El análisis reveló una combinación poco esperada. Cerca del 75 % de la ascendencia de las vacas estaba relacionada con ganado europeo, con similitudes particulares con ganado de la raza Jersey. El 25 % restante tenía vínculos con cebúes del océano Índico, emparentados con poblaciones de Madagascar y Mayotte.
Esta mezcla resulta relevante porque la población original apenas contaba con cinco animales. Pese a ese reducido número de fundadores, sus descendientes conservaron una diversidad genética considerable. Los investigadores plantearon que la combinación de distintos linajes pudo favorecer la supervivencia del rebaño en las condiciones de la isla.


































