El agujero de la capa de ozono en la Antártida alcanzó uno de sus menores tamaños en 20 años: científicos explican los factores clave
Una de las causas del freno en el agujero de ozono fue el alza térmica en la estratosfera antártica, cuyo pico ocurrió el 9 de septiembre.

El agujero de la capa de ozono antártico reportó en 2025 uno de sus niveles de agotamiento menos severos en 20 años, ubicándose como el cuarto o quinto más débil registrado desde 1992. El más reciente Boletín sobre el Ozono y la Radiación UV de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado el 4 de septiembre de 2026, reveló que el déficit máximo de masa alcanzó 36,7 millones de toneladas el 29 de septiembre, cifra superior al 25% por debajo del promedio histórico de 50,1 millones medido entre 1990 y 2010.
Ese avance responde a una tendencia favorable iniciada a principios de siglo, impulsada por la disminución progresiva de sustancias químicas nocivas, si bien las oscilaciones anuales aún dependen de la dinámica atmosférica. "Se trata de un éxito medioambiental. Desde el año 2000, la capa de ozono ha experimentado una recuperación constante", afirmó Celeste Saulo, secretaria general del organismo internacional, quien precisó que el restablecimiento completo del escudo natural requerirá varias décadas.

A mediados de septiembre de 2025, ondas atmosféricas a gran escala generaron un aumento de temperatura en la estratosfera antártica. Foto: OMM
¿Por qué el agujero de la capa de ozono en la Antártida registró un tamaño mínimo en 2025?
El aumento imprevisto de la temperatura en la estratosfera antártica frenó la expansión del desgaste del gas protector a mediados de septiembre. Diversos eventos de ondas atmosféricas planetarias elevaron los termómetros en la zona inferior, lo que limitó la superficie dañada. Los estudios científicos de la temporada confirman que el área alcanzó un pico máximo de 22,9 millones de kilómetros cuadrados el 9 de septiembre, una fecha adelantada respecto a periodos previos.
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Un vórtice polar debilitado favoreció el ingreso de aire rico en ozono proveniente de distintas latitudes hacia el continente austral. Las perturbaciones térmicas desaceleraron esta corriente ciclónica y aceleraron la mezcla de masas gaseosas y la disipación del fenómeno. Esa dinámica climática precipitó la desintegración del agujero el 30 de noviembre de 2025, unos 11 días antes de la media histórica computada entre 1992 y 2024.

Al calentarse el aire, se frenaron las reacciones químicas que destruyen las moléculas de ozono. Foto: OMM
A los factores meteorológicos se añade la caída constante de cloro y bromo impulsada por el Protocolo de Montreal de 1987, tratado que busca la eliminación gradual de compuestos como los clorofluorocarbonos (CFC). Durante gran parte del ciclo, las mediciones detectaron concentraciones de cloro por debajo de lo habitual. Al respecto, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sostiene que la abundancia atmosférica general de sustancias destructoras viene reduciéndose desde hace aproximadamente dos décadas como consecuencia de este acuerdo internacional.

El vórtice polar se debilitó y disipó mucho antes de lo habitual (a finales de octubre). Foto: OMM
¿Cómo impactan la nubosidad y el déficit de ozono en el aumento de la radiación UV?
El panorama antártico no fue uniforme en todo el planeta. Durante 2025, la columna de ozono registró cifras por debajo del promedio sobre un amplio territorio del hemisferio norte, extendido entre Groenlandia, Europa, Asia Central, el norte de Japón y la península de Kamchatka. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las fluctuaciones anuales obedecen a dinámicas de circulación atmosférica y difieren de la tendencia de restauración a largo plazo.
En Europa, las mediciones alertan sobre un incremento de la radiación ultravioleta de hasta 20% desde mediados de los noventa. Aquella alteración no responde a un nuevo deterioro de la capa protectora, sino a una menor cobertura nubosa que incrementa la insolación directa. Un estudio de 2026 atribuye el 80% de esa variación a cambios en las nubes y el 20% restante al impacto de los aerosoles. La OMM recalca que una mayor exposición a los rayos UV incrementa el riesgo de cáncer de piel y otras enfermedades asociadas.
La recuperación total del ozono todavía exige tiempo y vigilancia. Evaluaciones del PNUMA y la OMM estiman retornar a las concentraciones de 1980 hacia el año 2040 en casi todo el globo, 2045 en el Ártico y 2066 en la Antártida. Sin embargo, la red global de monitoreo atraviesa un retroceso crítico: la cifra de estaciones activas cayó de 130 en los años 2000 a cerca de 110 en la actualidad, justo cuando las series de datos extensas resultan indispensables para confirmar el avance.


































