Científicos descubren que los supervolcanes de la Tierra podrían volver a llenarse de magma tras permanecer inactivos miles de años
Un estudio japonés revela que los supervolcanes pueden recargarse de magma silenciosamente durante milenios, desafiando el pensamiento científico previo sobre su inactividad.
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Un estudio científico realizado en Japón plantea que los supervolcanes de la Tierra podrían recargarse lentamente durante miles de años, lo que desafía una teoría aceptada durante décadas sobre el fin de su actividad tras una gran erupción.
La investigación se centró en la caldera del volcán submarino Kikai, escenario de una de las mayores erupciones ocurridas en los últimos 10.000 años.
Los resultados sugieren que estos sistemas volcánicos no permanecen completamente inactivos, sino que pueden volver a acumular magma tras un largo tiempo de reposo.

La lava de un volcán puede alcanzar temperaturas de entre 700 °C y 1200 °C al salir a la superficie.
¿Por qué los científicos creen que los supervolcanes vuelven a llenarse de magma?
Hace unos 7.300 años, el volcán submarino Kikai expulsó cerca de 183 kilómetros cúbicos de magma, provocó un enorme tsunami y colapsó sobre sí mismo tras perder gran parte del material que sostenía su estructura. Durante mucho tiempo se creyó que una supererupción vaciaba definitivamente la cámara magmática y marcaba el final del ciclo volcánico.
Sin embargo, un estudio publicado en Communications Earth & Environment propone una explicación distinta. Los investigadores sostienen que el reservorio que alimentó aquella gigantesca erupción permaneció bajo la caldera y, con el paso de los milenios, comenzó a recibir nuevas inyecciones de magma procedentes de una fuente diferente, iniciando un nuevo proceso de recarga.

Magma que asciende desde el subsuelo antes de una erupción volcánica.
¿Cómo descubrieron que existe un reservorio de magma bajo Kikai?
Para comprobar esta hipótesis, el equipo científico instaló 39 sismómetros en el fondo marino a lo largo de un perfil de 175 kilómetros. Posteriormente, analizó el comportamiento de las ondas sísmicas al atravesar el subsuelo, una técnica que permite identificar estructuras ocultas bajo la superficie terrestre.
Los datos revelaron una región situada entre 2,5 y 6 kilómetros de profundidad donde las ondas se desplazaban con menor velocidad, una señal característica de roca muy caliente con material parcialmente fundido. Los autores estiman que solo entre el 3% y el 6% del reservorio permanece en estado líquido, mientras que el resto corresponde a roca parcialmente cristalizada.





















