Ciencia

Liberaron miles de cangrejos rojos en un río de España hace 50 años: hoy los científicos admiten que ya no hay vuelta atrás

La introducción del crustáceo en 1974 para fines económicos desencadenó un fenómeno de biodiversidad irreversible en el sur de España.

La llegada del cangrejo rojo americano al valle del Guadalquivir en los años 70 transformó drásticamente los ecosistemas en Andalucía y su erradicación es ahora considerada imposible.
La llegada del cangrejo rojo americano al valle del Guadalquivir en los años 70 transformó drásticamente los ecosistemas en Andalucía y su erradicación es ahora considerada imposible. | Ilustración LR/CDN/ChatGPT

La llegada del cangrejo rojo americano al valle del Guadalquivir en la década de 1970 transformó definitivamente las marismas andaluzas y los cursos fluviales del sur de España. Cincuenta años más tarde, las instituciones ambientales y los científicos afirman que eliminar a ese crustáceo exótico comercial resulta imposible. La rápida expansión del invasor biológico alteró la biodiversidad autóctona de forma irreversible, lo que convierte su caso en un referente clave sobre el impacto ecológico de introducir fauna foránea sin evaluación previa.

Ante el escenario de los humedales europeos, la erradicación total carece de viabilidad técnica debido a la inmensa cantidad de especímenes presentes en el territorio. El investigador Miguel Clavero, especialista de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), dimensionó el problema: "No hay forma humana" de eliminar la especie porque existen "millones y millones de ejemplares" esparcidos en un área gigantesca. Su testimonio constata el consenso experto frente a un fenómeno cuyas secuelas todavía generan intensos estudios medioambientales.

¿Por qué la invasión del cangrejo rojo en España es irreversible?

La introducción del Procambarus clarkii en las marismas del Guadalquivir durante 1974 desencadenó una propagación masiva por la península ibérica. Auspiciados por crecidas fluviales e instalaciones de cría vulnerables, estos ejemplares colonizaron arrozales, canales e hidrosistemas andaluces. Esta acelerada dispersión transformó al crustáceo en un organismo exótico predominante en el continente europeo.

El impacto ecológico resultó devastador para la biodiversidad local. La criatura transmitió el hongo Aphanomyces astaci, patógeno causante de la afanomicosis que aniquiló comunidades autóctonas. Asimismo, su alimentación omnívora mermó la flora acuática y alteró la fauna de peces junto a anfibios, mientras sus excavaciones subterráneas minaron la estructura de diques agrícolas.

Cincuenta años más tarde, la comunidad científica califica el escenario como un fenómeno sin retorno. Respecto a la complejidad del problema, Miguel Clavero explicó que "yo defendería la eliminación del cangrejo rojo si fuese viable, pero lo cierto es que no hay forma humana". En la actualidad, las autoridades ambientales descartan la erradicación total para enfocarse exclusivamente en mitigar su avance.

¿Por qué el aristócrata introdujo el cangrejo rojo en el Guadalquivir?

La introducción del cangrejo rojo de Luisiana respondió estrictamente a fines económicos y comerciales. El aristócrata Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena —conocido también como Andrés Bores Saavedra— buscó dinamizar la actividad pesquera y gastronómica en las marismas del Guadalquivir. Su objetivo principal fue el aprovechamiento financiero, lejos de un intento deliberado por alterar el ecosistema local.

Aquella invasión biológica impulsó una potente industria en municipios como Isla Mayor, enfocada en la captura, procesamiento y exportación del crustáceo hacia mercados de Estados Unidos y Europa. La tensión entre el empleo y la conservación ambiental llegó a su punto máximo en 2016 tras una sentencia del Tribunal Supremo que prohibió su comercialización. Posteriormente, el marco normativo cambió para permitir su explotación bajo rigurosos controles sanitarios.

Científicos de diversas instituciones analizan el impacto del animal en la cadena alimentaria, donde múltiples aves acuáticas lo adoptaron como dieta habitual. Los expertos afirman que "la especie ya forma parte de un nuevo equilibrio ecológico", dada la imposibilidad práctica de erradicar a millones de ejemplares en las zonas húmedas de España.

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