El riesgo oculto del pescado en envases de plástico: estudio revela posible migración de químicos al alimento, incluso congelado
La correcta conservación del pescado fresco no solo depende de la cadena de frío, sino también de los materiales de envasado.
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Mantener la cadena de frío es la principal preocupación en los hogares para evitar el deterioro microbiológico del pescado fresco. No obstante, la seguridad alimentaria reside igualmente en los materiales de envasado que entran en contacto con el producto desde la pescadería hasta su consumo. En el comercio minorista, esas especies marinas se distribuyen habitualmente en bandejas plásticas, film transparente o bolsas de congelación.
La industria alimentaria utiliza ampliamente dichos empaques, los cuales están bajo evaluación regulatoria constante debido a la presencia de aditivos químicos. Esos componentes pueden interactuar de forma directa con los alimentos durante el almacenamiento doméstico, lo que altera su composición original, según un nuevo estudio científico publicado en ScienceDirect.
¿Qué aditivos químicos pasan del plástico al pescado congelado, según nuevo estudio científico?
Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y la Universidad de Florencia examinó la migración de componentes desde recipientes plásticos hacia productos marinos bajo condiciones domésticas habituales. Los científicos recrearon situaciones de refrigeración a 4 °C por dos días y de congelación a -18 °C durante un mes. Los análisis confirmaron una transferencia de elementos nocivos en ambos escenarios de conservación.
El informe determinó que las bajas temperaturas no frenan este proceso. De acuerdo con la investigación, este aumenta con la duración del almacenamiento, lo cual genera mayores índices de exposición en alimentos que permanecen guardados por largo tiempo. Ese fenómeno se intensifica notablemente cuando la comida mantiene contacto directo y constante con su envoltorio.
Los expertos identificaron la presencia de ftalatos, bisfenoles, ésteres organofosforados y plastificantes alternativos, compuestos que otorgan flexibilidad y resistencia a los polímeros. Dichas moléculas logran desprenderse hacia los alimentos bajo entornos específicos de preservación. El documento resalta al bisfenol A como uno de los compuestos con mayor relevancia toxicológica en la evaluación del riesgo.
¿Por qué preocupa la presencia de bisfenol A en el pescado envasado y quiénes corren mayor riesgo?
La investigación advierte que los lactantes y niños pequeños poseen una vulnerabilidad extrema ante los plastificantes en el pescado fresco por su menor peso corporal. El análisis determinó que la congelación en bandejas compostables eleva la migración de sustancias químicas, y especies populares como la merluza y el salmón aportan la mayor proporción a la ingesta diaria estimada. Esos aditivos actúan como disruptores endocrinos con efectos adversos a largo plazo sobre el metabolismo, la reproducción y el sistema cardiovascular.
El bisfenol A (BPA) lidera el peligro toxicológico en los sistemas alimentarios reales al representar casi la totalidad del índice de riesgo acumulativo no cancerígeno. Frente a este panorama, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria modificó su postura de forma drástica para proteger la salud humana. En 2015, la EFSA estableció una Ingesta Diaria Tolerable (IDT) temporal de 4 µg/kg p.c./día y concluyó que dicha exposición no representaba un riesgo para la salud en ningún grupo de edad. Sin embargo, tras una reevaluación exhaustiva en 2023, la IDT se redujo en un factor de 20.000, a 0,2 ng/kg p.c./día.
Ese severo ajuste regulatorio de la Unión Europea responde a la alta tasa de transferencia de compuestos desde los materiales de envasado hacia los alimentos. Aunque los expertos defienden que el pescado todavía constituye un producto saludable, exigen un control efectivo en la cadena alimentaria y normas estrictas para los productos congelados o guardados por periodos prolongados. Los datos finales demuestran que la ingesta acumulativa supera con creces los umbrales de seguridad en los escenarios de conservación habituales.


































