Un complejo chimú transformó el desierto en un centro de agricultura, religión y poder en el norte del antiguo Perú
Su sistema bien estructurado permitió la supervivencia en una región donde el control del agua fue clave. Hoy, sus vestigios corren el riesgo de desaparecer.
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Al sur del valle de Chicama, en la región La Libertad, allí donde el desierto domina el paisaje, la arqueología intenta mostrarnos cómo el imperio Chimú transformó este territorio en un espacio cultivado, organizado y cargado de significado ritual. Nuevos estudios han identificado en el sector de Pampa Lescano un extenso complejo que integró el trabajo, religión y control político. Este tipo de disposición y composición arquitectónica no había sido excavada previamente.
Los descubrimientos recientes demuestran que su poder no se sostuvo solo en grandes centros urbanos como Chan Chan, sino también en lugares rurales planificados. Zonas agrícolas, un templo, asentamientos y una figura en el cerro forman parte de un mismo sistema que funcionó entre los años 1100-1470 d.C., y que ahora está en proceso de desaparición. La investigadora Carito Tavera, codirectora del Programa Arqueológico Chicama, explicó a La República sobre los hallazgos y su importancia.
"La Universidad Nacional Mayor de San Marcos ha puesto a disposición tecnología para hacer un registro de cómo este sitio, que no solamente está compuesto por los campos de cultivo y por las huacas que aparecen en las fotografías, sino también por un geoglifo", explicó Tavera.

El complejo incluye una plataforma cuadrangular de piedra de aproximadamente 40 por 50 metros y casi 3 de altura, junto a una plaza rectangular. Foto: Carito Tavera / Programa Arqueológico Chicama
Un descubrimiento en su real dimensión
Pampa Lescano no era un lugar desconocido. Fue identificado desde la década de 1970 y mencionado en algunos informes. Sin embargo, nunca se había hecho un trabajo a profundidad que permita entender cómo estaba organizado el asentamiento ni cuál era su verdadera extensión.

El geoglifo tiene casi 2 kilómetros de largo y está compuesto por piedras. Foto: Carito Tavera / Programa Arqueológico Chicama
“Es la primera vez que se hace un registro fotogramétrico de esta clase en la zona. Se ha trabajado con drones, se han tomado muestras de los campos de cultivo para ver si estaban funcionando y conocer qué es lo que se estaba cultivando", indicó la experta.
La arqueología digital permitió mapear con precisión el área y comprobar que no se trata de estructuras aisladas, sino de un paisaje integrado.
El complejo abarca alrededor de 100 hectáreas donde se habría cultivado maíz, calabaza y frejol. Esto lo convertiría en uno de los espacios productivos chimú más extensos documentados en el valle de Chicama. A diferencia de otros sitios cercanos, aquí también se han identificado sectores donde viviría la población que trabajaba y administraba la producción.
Una señal en el territorio
Uno de los descubrimientos más llamativos es un geoglifo compuesto por alineamientos de montículos de piedra que forman una larga línea recta en el paisaje y une dos hitos geográficos.

Los campos de cultivo están conformados por canales. Foto: Carito Tavera / Programa Arqueológico Chicama
"Probablemente está marcando el recorrido y la señalización de la presencia de las huacas de Pampa Lescano, así como el complejo en general. La figura es visible desde las partes más altas del valle y quizás haya marcado un camino para las personas que venían desde la sierra e iban hacia la parte baja", explicó la investigadora.
A diferencia de las conocidas Líneas de Nazca, este fue construido acumulando piedras, no retirándolas del suelo. Se trata de una tecnología distinta, que también ha sido documentada en otras zonas de la costa, aunque todavía se estudia si su origen es estrictamente chimú o corresponde a un periodo anterior.
Un santuario religioso
Pampa Lescano se distingue de otros asentamientos por la presencia de un templo ceremonial con una estructura piramidal y un patio frontal. Este tipo de arquitectura no había sido identificado antes en sitios similares.

El imperio Chimú logró la planificación del territorio para hacerlo productivo. Foto: Carito Tavera / Programa Arqueológico Chicama
“Es una estructura más asociada a prácticas religiosas que a funciones administrativas”, explica la arqueóloga. Habría sido clave para reunir a la población y reforzar la ideología chimú, en especial en un entorno donde el control de la labor agrícola era fundamental.
Mientras que otros puntos en el valle, como Quebrada del Oso, el cual formó parte de su anterior investigación, predominan los espacios administrativos y productivos, en el lugar se combinan producción, vivienda y ritualidad, lo que sugiere un centro de mayor jerarquía.
Aunque nunca fue excavado, su presencia indica que el poder no se ejercía únicamente mediante la organización del trabajo, sino también a través de ceremonias que legitimaban la autoridad.
Una cultura en equilibrio
El complejo de Pampa Lescano enseña cómo esta sociedad integró distintos aspectos de su organización en un mismo lugar. La agricultura dependía de una red hidráulica eficiente, pero también de una estructura política capaz de movilizar a la población y de una ideología que diera sentido a ese esfuerzo colectivo.
"Este asentamiento nos muestra justamente cómo los tres conceptos de lo ritual, lo productivo y lo político se conjugan en un mismo espacio para hacer avanzar la maquinaria chimú. Que ninguno de estos elementos puede vivir de manera independiente", sostuvo Tavera.
La ubicación estratégica del sitio, en el recorrido del canal intervalle que conectaba Chicama con Moche, le otorgaba una posición clave para el control del agua y del territorio. Desde allí, se pudo gestionar la producción y reforzar su presencia.
Un patrimonio amenazado
Pese a su importancia, Pampa Lescano se encuentra en una situación vulnerable. Torres de alta tensión, infraestructura moderna y actividades privadas avanzan sobre los antiguos campos de cultivo y alteran el paisaje histórico.
No es solo un vestigio del pasado: es una ventana para comprender cómo una sociedad prehispánica logró transformar el desierto en un espacio productivo, ritual y político, y cómo ese delicado equilibrio hoy vuelve a estar en riesgo.
Este trabajo sirve para impulsar medidas de conservación y para que el sitio sea valorado no solo como herencia cultural, sino también como una oportunidad para el desarrollo local. “La arqueología digital se ha convertido en una herramienta esencial para preservar el patrimonio y la salvaguarda de lo que fue el Valle de Chicama, que está en constante proceso de desaparición", finalizó la investigadora.
























