
El Perú marcará un precedente en el ámbito académico internacional. Por primera vez, una delegación nacional participará en las Olimpiadas Internacionales de Filosofía, certamen organizado por la Federación Internacional de Sociedades de Filosofía (FISP) con el respaldo de la UNESCO, que reúne a estudiantes de secundaria de distintos países para evaluar su capacidad de reflexión crítica.
La confirmación se realizó el 8 de marzo de 2026 y posiciona al país en un evento que, desde su creación en 1993 en Bulgaria, ha congregado a delegaciones de Europa, Asia y América Latina. A lo largo de más de tres décadas, naciones como México, Argentina, Chile y Colombia han formado parte de esta competencia, a la que el Perú se suma por primera vez en su historia.
La edición 2026 marcará el debut de nuestro país en Varsovia, donde los participantes enfrentarán ensayos filosóficos en torno a dos ejes centrales: la libertad y la razón. En medio de guerras, crisis geopolíticas y el avance de la inteligencia artificial, la filosofía vuelve a situarse en el centro del debate contemporáneo.
La primera delegación peruana estará encabezada por Vincenzo Cavero, egresado y maestrando en la Escuela de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quien además se desempeña como docente universitario. Junto a él participarán los escolares Julio Rojas y Fabián Rivera, ambos de quinto de secundaria, quienes han impulsado iniciativas propias para difundir la filosofía entre jóvenes.
Más que una selección tradicional, el camino hacia la competencia implicó la creación de importantes espacios en el país. Rojas, en sus palabras, "organizó una olimpiada nacional como requisito para acceder al circuito internacional. Además, lidera una organización dedicada a promover el pensamiento filosófico en escolares: Scholar Society of Thoughts
Rivera, en paralelo, encabeza una organización juvenil enfocada en liderazgo, debate y formación cívica: Peruvian Leaders Delegation. A través de modelos de Naciones Unidas y espacios de oratoria, ha logrado impactar a más de un centenar de estudiantes. “Es una oportunidad para demostrar por qué la filosofía me ha ayudado y retribuirle todo lo que me ha dado”, señala Rivera.
La edición 2026 se desarrollará en Varsovia, entre el 14 y el 17 de mayo, en un contexto internacional marcado por conflictos geopolíticos y tensiones ideológicas. En ese escenario, los temas elegidos, la libertad y la razón, adquieren una dimensión particular.
“Viajar en mitad de un mundo en guerra para debatir sobre libertad y razón tiene algo de irónico”, reflexiona Cavero. Para los integrantes de la delegación, la elección de estos ejes no es casual. Responde a la necesidad de repensar conceptos fundamentales frente a fenómenos como la inteligencia artificial, la desinformación y la polarización política.
“La filosofía te permite entender problemáticas actuales y cuestionar el uso que hacemos de herramientas como la inteligencia artificial”, advierte Rivera, quien observa con preocupación el uso acrítico de estas tecnologías en entornos educativos.
Detrás de la participación peruana hay trayectorias distintas, pero atravesadas por una misma inquietud: la búsqueda de sentido. En el caso de Cavero, su camino hacia la filosofía no fue inmediato. Inició estudios en Derecho, pero decidió dejarlos al sentirse más atraído por las preguntas teóricas que por la práctica jurídica. “Las preguntas de la filosofía suelen ser las más serias: qué es lo más valioso en esta existencia o cuánta verdad puede soportar una persona”, afirma.
Para Rivera, el interés surgió desde la infancia, impulsado por la lectura, el debate y un entorno educativo que incluía cursos de filosofía, algo poco común en el Perú. “Siempre trataba de buscar el porqué de las cosas”, recuerda.
Rojas, en tanto, desarrolló su vínculo con la filosofía a partir de la literatura. Desde temprana edad pasó de cómics a autores clásicos, y posteriormente a pensadores como Nietzsche, Kant o Descartes, construyendo una base conceptual que luego aplicaría en espacios de debate.
Uno de los puntos en común entre los tres es la conciencia de que la filosofía ocupa un lugar marginado en el sistema educativo peruano. “No es un curso obligatorio en la currícula”, explica Rivera, quien reconoce que su formación ha sido una excepción más que la norma.
La falta de acceso no solo responde a decisiones educativas, sino también a condiciones materiales. Rojas advierte que el ejercicio filosófico requiere tiempo y dedicación, recursos que no todos pueden permitirse. “Muchas personas no pueden acceder porque están trabajando o resolviendo necesidades básicas”, sostiene.
A ello se suma un entorno cultural que privilegia la inmediatez y el consumo rápido de información. Redes sociales y plataformas digitales compiten con procesos más lentos como la lectura o la reflexión profunda.
Pese a estas limitaciones, los integrantes de la delegación coinciden en que la filosofía no se reduce a una disciplina académica, sino que atraviesa la vida cotidiana. Para Cavero, su valor radica en la coherencia entre pensamiento y acción: “No se aprende filosofía, se aprende a filosofar”.
En su experiencia personal, esta búsqueda lo llevó a cuestionamientos radicales sobre el sentido de la vida, la muerte o el amor. “La filosofía es un modo de vida”, resume.
En los estudiantes, ese impacto se traduce en decisiones concretas. Rivera asegura que le ha permitido ordenar su vida, definir metas y actuar con mayor conciencia. Rojas, por su parte, la vincula directamente con la libertad: “Una persona puede no ser libre físicamente, pero sí mediante su razón”.
Elegir la filosofía como camino no está exento de tensiones. La falta de salidas laborales y el escaso reconocimiento económico generan dudas incluso entre quienes la practican. “No todos realmente pueden dedicarse a esto”, admite Cavero, quien reconoce que se trata de un camino exigente y muchas veces precarizado.
Rojas coincide en que el campo laboral es limitado y suele reducirse a la docencia o la academia. En ese contexto, muchos optan por combinar la filosofía con otras disciplinas como el derecho o las ciencias sociales.
Más allá de la competencia, la participación en Varsovia se proyecta como una oportunidad para posicionar al país en el ámbito filosófico internacional y, al mismo tiempo, reflexionar sobre su propia realidad. Rivera plantea como objetivo formarse en el extranjero y regresar para contribuir al país: “Quisiera volver y ayudar a cambiar la situación actual”.
Rojas, en tanto, apuesta por fortalecer el pensamiento crítico en jóvenes como una herramienta frente a la desinformación y la manipulación política. Desde la docencia, Cavero ve en este hito una posibilidad de revalorizar la tradición filosófica peruana, muchas veces invisibilizada. “En el Perú se han hecho cosas valiosas en filosofía y la mayoría lo desconoce”, advierte.
La participación del Perú en las Olimpiadas Internacionales de Filosofía inaugura un camino. Uno que no solo busca resultados, sino abrir espacio para una práctica cada vez más urgente. En un contexto donde predominan la rapidez, la automatización y las respuestas inmediatas, la apuesta por la filosofía aparece como un acto contracultural.
Porque, como coinciden quienes integran esta primera delegación, no se trata solo de responder preguntas, sino de aprender a formularlas. Y, sobre todo, de sostenerlas.





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