
La misión Artemis II de la NASA concluyó con éxito tras el amerizaje de la cápsula Orión en el océano Pacífico, frente a San Diego. La tripulación, compuesta por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, regresó a la Tierra luego de completar un viaje de 10 días alrededor de la Luna, el más lejano realizado por humanos en décadas.
La caída marcó el momento más delicado de la delegación. Durante el reingreso atmosférico, el módulo alcanzó velocidades cercanas a los 40.000 km/h y soportó temperaturas de hasta 2.700 °C. La agencia confirmó que el escudo térmico resistió sin fallas, un punto crítico ante las dudas surgidas en pruebas previas. “Podremos empezar a alegrarnos cuando la tripulación esté a salvo”, había señalado Amit Kshatriya antes del descenso, reflejo de la tensión que rodeó esta etapa.
La reentrada ocurrió con la mayor fluidez, según la NASA. La cápsula Orion y sus sistemas funcionaron a la perfección, tal como fueron diseñados. Luego de varios minutos de interrupción de la comunicación, durante los cuales una nube de plasma sobrecalentado envolvió la cápsula, la nave apareció sana y salva en un cielo despejado.
Luego, a 6.700 metros de altura, se desplegaron los tres paracaídas principales, que ayudaron a reducir la velocidad del módulo de la tripulación antes de que amerizara en el océano. Cuando los astronautas emergieron en la balsa de recuperación flotante acompañados por buzos de rescate de la Armada de los Estados Unidos, el centro de control de la misión en Houston estalló en gritos de festejo.
"Todavía no encuentro las palabras", dijo el administrador de la NASA, Jared Isaacman, en la transmisión en vivo de la agencia. "El Jared de niño no puede creer lo que acabo de ver. Esto es solo el comienzo; vamos a retomar las misiones con frecuencia, enviándolas a la Luna hasta que aterricemos allí en 2028 y comencemos a construir nuestra base", finalizó.
El triunfo dependió de dos sistemas: el escudo térmico y el conjunto de paracaídas. En la reentrada, la nave utiliza la fricción con la atmósfera con el fin de reducir su velocidad desde niveles extremos hasta unos 560 km/h. En ese punto, entra en acción el sistema de equipo de salto, diseñado para garantizar un declive controlado.
La cápsula Orión desplegó su paraícadas antes del amerizaje. Foto: NASA
Jared Daum, responsable del mecanismo, explicó que el proceso incluye varios niveles. Primero se despliega un paracaídas de cubierta que libera el resto del sistema. Luego, dos paracaídas de frenado estabilizan la cápsula. Finalmente, tres principales reducen la frecuencia hasta unos 27 km/h previo al contacto con el mar. “Con estos solo tienes una oportunidad y debe funcionar”, afirmó.
La redundancia fue clave. Cada componente cuenta con sistemas de respaldo que permiten compensar fallos. Sin este mecanismo, el regreso seguro no sería posible. Tras el amerizaje, las líneas se cortaron para evitar que la cabina actuara como ancla, lo que facilitó la recuperación por equipos desplegados en la zona.
Uno de los momentos más críticos ocurrió en los seis minutos de apagón de comunicaciones. Al ingresar en la atmósfera, el calor extremo generó una capa de plasma que bloqueó las señales de radio entre la nave y la Tierra.
Ese intervalo formó parte de los 13 minutos que separaron la entrada atmosférica de su llegada. En ese lapso, la cápsula descendió de una altitud de unos 122 kilómetros mientras reducía su velocidad de forma progresiva. La precisión en el ángulo de entrada resultó determinante. Un error mínimo habría provocado un rebote fuera de la atmósfera o un descenso demasiado abrupto.
El director de vuelo Rick Henfling describió ese instante como el inicio de la fase más exigente. Luego del apagón, la nave ya se encontraba a decenas de kilómetros del punto previsto de la inmersión en el mar, con los paracaídas listos para su despliegue.
La misión Artemis II representa el primer vuelo tripulado del programa y marca el retorno de astronautas a las cercanías de la Luna desde 1972. Este ensayo permite validar sistemas clave en futuras operaciones, incluido un eventual alunizaje previsto en los próximos años.
El comandante Reid Wiseman destacó el valor simbólico del viaje. “Esperamos que permita que el mundo haga una pausa”, dijo antes del arribo. Durante los últimos momentos en órbita, los tripulantes enviaron mensajes a sus familias, en un cierre que combinó ciencia y emoción.
La nave también probó procedimientos de preparación en el retorno, incluidos ajustes de trayectoria y uso de prendas especiales con el fin de reducir los efectos físicos de la gravedad terrestre. Después de su llegada, equipos de recuperación trasladaron a los astronautas a una unidad médica como antesala de su reaparición en tierra firme.
La NASA coordina estas operaciones desde el Centro Espacial Johnson, donde familiares siguieron cada fase. Su logro fortalece el camino hacia nuevas expediciones, con el objetivo de establecer una presencia sostenida en la superficie lunar.





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