Caso Liceo Naval: “La prevención no empieza cuando ocurre el abuso”
La denuncia por una presunta agresión sexual contra un escolar de 16 años vuelve a poner el foco en la supervisión adulta y los mecanismos de protección dentro y fuera de las aulas.

La denuncia por una presunta agresión sexual contra un estudiante de 16 años del Liceo Naval Almirante Guise ha vuelto a poner bajo la lupa las condiciones de protección de los adolescentes en los espacios educativos. Entre enero y agosto de 2026, la plataforma SíseVe del Ministerio de Educación registró 2.059 reportes de presunta violencia sexual entre estudiantes a nivel nacional.
El caso del Liceo Naval es investigado de manera preliminar por la Séptima Fiscalía de Familia de Lima Centro. Para la psicóloga especialista en neurodesarrollo Sheyla Sanez Ramírez, frente a una denuncia de esta naturaleza la prioridad debe ser la protección del adolescente y evitar cualquier forma de revictimización. Manifestó que las autoridades, la familia y la comunidad educativa deben actuar con especial cuidado mientras se esclarecen los hechos.
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"Lo prioritario debe ser proteger al adolescente, escucharlo sin culpabilizarlo y evitar que tenga que repetir constantemente lo sucedido", explicó. Agregó que el miedo a regresar al colegio, el aislamiento, la irritabilidad, las alteraciones del sueño o cambios repentinos en la conducta pueden ser señales de un fuerte malestar emocional, aunque su presencia o ausencia no permite por sí sola determinar lo ocurrido.
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Prevención desde las aulas
La especialista sostuvo que este tipo de denuncias también obliga a revisar cómo se aborda entre adolescentes el consentimiento, los límites personales, el respeto por el cuerpo y las consecuencias de ejercer violencia contra otra persona.
"La prevención no empieza cuando ocurre el abuso. Empieza mucho antes, en casa, en el colegio y en la manera en que enseñamos a nuestros hijos a relacionarse", afirmó.
En esa línea, consideró necesario fortalecer desde edades tempranas habilidades como la autorregulación, la empatía y el reconocimiento de los límites propios y ajenos. Cualquier responsabilidad individual, remarcó, deberá ser establecida por las autoridades competentes, con respeto al debido proceso y considerando que los involucrados son menores de edad.
Supervisión fuera del colegio
Sanez también señaló que la protección no debe limitarse al aula. Los traslados, viajes, actividades deportivas y otras jornadas fuera del plantel requieren medidas de supervisión y protocolos claros para prevenir situaciones de riesgo y responder ante una eventual denuncia.
La participación de padres y cuidadores, explicó, tampoco debe reducirse a una vigilancia permanente. Se trata de generar espacios cotidianos de confianza que permitan a los menores de edad contar lo que ocurre a su alrededor y pedir ayuda sin temor a ser juzgados.
Los colegios, agregó, deben contar con canales seguros y confidenciales para comunicar situaciones de riesgo y activar sus protocolos de atención de manera inmediata. Ante una denuncia, recomendó evitar la exposición del adolescente, los interrogatorios reiterados y cualquier conducta que pueda responsabilizarlo por lo ocurrido.







































