Autocenso indígena evidenció irregularidades en pregunta de autoidentificación del INEI: “No queremos ser solo un número estadístico"
El pueblo Harakbut realizó su primer autocenso comunitario en Perú, recabando información sobre población, territorio y condiciones de vida, lo que evidenció fallas en los censos oficiales del Estado.
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Lo que no se nombra no existe. Esa es una de las principales razones por las que el pueblo Harakbut ha realizado el primer autocenso comunitario e indígena en el país. Según señalan, este proceso no solo ha permitido levantar información propia sobre población, territorio y condiciones de vida, sino que ha logrado poner en evidencia las limitaciones en la forma en que el Estado recoge la autoidentificación indígena en los censos oficiales.
Asimismo, líderes de esta nación amazónica advirtieron que la actual forma de recopilación de datos hecha por el INEI fragmenta a los pueblos y los reduce a una categoría administrativa que no refleja su identidad colectiva ni su vínculo territorial. Por ese motivo, la delegación harakbut presentó los resultados del proceso en mención ante el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) y otros sectores del Estado, a fines de diciembre, en Lima. El ejercicio se desarrolló en 11 comunidades de Madre de Dios y Cusco y alcanzó a 2.546 personas, con información sobre organización, servicios básicos, amenazas territoriales y biodiversidad.
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Meses antes, La República ya había advertido sobre los riesgos de la pregunta de autoidentificación étnica en los Censos Nacionales 2025, alertando que una formulación restrictiva podía invisibilizar a los pueblos indígenas y distorsionar la información estadística. El autocenso harakbut confirma esas preocupaciones desde la experiencia directa de las comunidades.
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“Nos han fraccionado como pueblos”
Para Antonio Iviche, opo (autoridad tradicional) de la Nación Harakbut, el problema es técnico, político y cultural. El líder cuestionó que el Estado haya impuesto una mirada que desconoce la condición de pueblo y nación indígena.
“La información la hemos hecho nosotros mismos. Nos ha permitido visibilizar nuestra cultura, nuestro territorio y cómo el Estado, a través de leyes impuestas, nos ha fraccionado como pueblos y nos ha reducido a comunidades nativas”, señaló.
Iviche explicó que el reconocimiento estatal del territorio no alcanza ni la tercera parte del espacio ancestral de la nación. A ello se suma la pérdida progresiva de conocimientos tradicionales, medicina indígena y biodiversidad, factores que —según dijo— no aparecen adecuadamente reflejados en los registros oficiales.
“Hemos sido estigmatizados, no solo invisibilizados en nuestra cultura, también se ha deteriorado nuestro territorio, nuestros saberes y nuestra medicina”, remarcó.
Desde su perspectiva, el autocenso permitió revalorar estos elementos y demostrar que la información producida por los propios pueblos puede servir para orientar políticas públicas. “Ya no queremos ser solo un número estadístico. Queremos que este aporte sea tomado en cuenta por el Estado”, añadió.
Un conteo integral, no solo poblacional
Por su parte, Jaime Corisepa, también opo harakbut, subrayó que el autocenso no se limita a contar personas, sino que incorpora una visión integral del territorio y de la relación espiritual de la población con su entorno.
“Para nosotros, el autocenso es una forma de autoorganizarnos, de autoevaluarnos y de saber con datos concretos cuántos somos, cuántos practican la medicina tradicional, cuántos colegios existen y qué programas sociales realmente llegan”, explicó.
El dirigente indicó que este tipo de información permite medir con mayor precisión el impacto de las políticas públicas en los pueblos amazónicos. Además, remarcó que el vínculo entre territorio, cultura y población no suele ser considerado en los instrumentos estatales.
“Cuando un amazónico habla del territorio, habla también de su sistema espiritual y de su conexión con el mundo. El autocenso no es solo poblacional, es integral”, afirmó.
Corisepa precisó que los resultados también servirán para fortalecer el autogobierno y dialogar con las instituciones públicas, como el propio INEI, a fin de complementar la información oficial.
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Hallazgos que evidencian brechas y amenazas
El levantamiento censal identificó que el 100% de las comunidades reconoce al Gobierno Autónomo de la Nación Harakbut como su máxima instancia de representación. Sin embargo, todas reportaron al menos un problema estructural, entre ellos la falta de empleo, la minería informal y la presión de proyectos de infraestructura sobre el territorio ancestral.
Solo el 45,5% de las comunidades cuenta con algún establecimiento de salud, y apenas tres postas son públicas. También se registraron riesgos para la fauna y la flora, así como una disminución de recursos esenciales para la alimentación tradicional.
Estos datos fueron presentados ante funcionarios del INEI, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil. Desde la entidad estadística, se reconoció el valor estratégico de la información para futuros procesos de comparación y planificación intercultural.
La autoidentificación en debate
La experiencia harakbut refuerza el debate sobre cómo el Estado formula la pregunta de autoidentificación indígena en los censos nacionales. Según los líderes, al centrarse en la categoría de “comunidad nativa”, se desconoce la existencia de naciones y pueblos con organización propia, historia común y territorio integral.
Este riesgo ya había sido advertido por organizaciones indígenas y por La República, que alertó que una mala formulación podía derivar en subregistro, confusión identitaria y limitaciones para el diseño de políticas públicas diferenciadas.
Para Iviche, el reclamo es claro: “Ya no queremos ser objeto de marginación ni de comisaría estadística. Queremos ser ciudadanos visibles, no solo físicamente, sino también en las cifras”.
Finalmente, los representantes harakbut aclararon que el autocenso no busca reemplazar los censos oficiales, sino complementarlos. Especialistas y defensores de derechos humanos coincidieron en que la información generada fortalece el ejercicio de la libre determinación y aporta evidencia para una mejor toma de decisiones.
“El autocenso es un acto concreto del derecho a la libre determinación. Ahora viene un proceso de incidencia para que estos resultados se traduzcan en políticas públicas”, señaló Ismael Vega, de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.
Desde las comunidades, la expectativa es que el Estado reconozca la validez de estos procesos y revise la forma en que pregunta y registra la identidad indígena. Para los líderes harakbut, el desafío no es solo estadístico: se trata de que el país reconozca su carácter pluricultural y garantice que ningún pueblo vuelva a quedar invisible en los registros oficiales ni en las decisiones públicas.
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