Elecciones 2026: debate presidencial dejó pocas variaciones en intención de voto y expuso debilidades de los candidatos
Las seis fechas de debate evidenciaron desempeños inesperados, errores estratégicos y el uso del humor y la confrontación como recursos para captar atención sin alterar el escenario electoral.
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El debate presidencial culminó este 1 de abril. Con presentaciones llamativas y otras más deslucidas, la más reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) para La República indica que no se habrían producido grandes variaciones en la intención de voto tras este evento.
Sorpresas sin mayores efectos
Las participaciones mejor recibidas fueron las de dos candidatos que no destacan en las encuestas: Marisol Pérez Tello (Primero la Gente) y Mesías Guevara (Partido Morado). La primera tuvo un desempeño destacable frente a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Rafael López Aliaga (Renovación Popular) en una misma terna, mientras que el representante morado también mostró una participación positiva frente a la lideresa fujimorista.
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La encuesta del IEP indica que la exministra de Justicia alcanza un 2,3% de intención de voto, su porcentaje más alto desde que inició su carrera presidencial. Meses atrás, Pérez Tello no superaba el 1%. Pese a este crecimiento, aún no se posiciona en la disputa por los primeros lugares.
Para Pavel Aguilar, profesor de Sociología Política en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), esto responde a sus plataformas políticas: “Ambos candidatos proceden de organizaciones debilitadas. En el caso de Guevara, el Partido Morado no ha participado tanto en el debate público y, en el caso de Pérez Tello, las denuncias mellaron la imagen que se ha podido construir. Los candidatos que han presentado una subida en las encuestas ya mantenían una presencia consolidada en el debate público y su desempeño era más visible”.
Una oportunidad perdida
Jorge Nieto y Alfonso López Chau (ambos del Partido del Buen Gobierno) se perfilaban como figuras ajenas al pacto congresal, con potencial para representar alternativas y alcanzar la segunda vuelta. Sin embargo, en su intento por consolidar su crecimiento, el debate parece haber sido, a todas luces, una “bala perdida”.
En su última participación, ambos compartieron terna con uno de los líderes más representativos de esta coalición congresal: César Acuña (Alianza para el Progreso). Lejos de realizar cuestionamientos directos, tanto López Chau como Nieto ofrecieron intervenciones mayormente descriptivas centradas en sus propuestas.
En entrevista con La República, Nieto explicó que sus críticas más enérgicas contra Keiko Fujimori se deben a que la lideresa de Fuerza Popular tiene altas probabilidades de pasar a segunda vuelta. No aplicó el mismo criterio con César Acuña.
“El señor Acuña esta por debajo del 2%. Cada situación es diferente y a cada uno se le da un trato distinto. En todo momento he señalado la responsabilidad del señor Acuña y de Alianza para el Progreso en el desastre que es hoy día EsSalud. (….) También he señalado la negligencia de algunas de las entidades educativas del señor. Uno tiene que medir sus disparos y saber quien merece ser golpeado y quien no”, afirmó.
Sobre la participación de ambos, Aguilar anotó que los candidatos centristas mostraron ciertas debilidades: “López Chau ha mostrado una falta de claridad en varias de sus propuestas. Su discurso apela a una retórica que termina decantándose por lugares comunes. Nieto ha mostrado que tiene un conocimiento del Estado. Se ha mostrado como un potencial tecnócrata que entiende la articulación entre el mundo público, privado y la sociedad civil. Sin embargo, la última fecha lo ha dejado deslucido, tanto por la tardanza al llegar por”.
Deslucida participación de los punteros
En los últimos meses, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga han liderado las encuestas. Sin embargo, ninguno logró una participación que fortalezca claramente su imagen de cara a asegurar un lugar en la segunda vuelta.
Fujimori inició la primera ronda con un discurso basado en anécdotas y encuentros con ciudadanos, buscando proyectar cercanía. La estrategia no tuvo buena recepción. En la segunda ronda, dejó de lado ese enfoque, pero continuó siendo blanco de cuestionamientos por parte de sus rivales.
“Es la cuarta postulación de Fujimori y uno esperaría un mejor dominio. Pero hemos presenciado el endurecimiento de sus propuestas: se ha orientado lo más posible a la derecha. (…) Keiko Fujimori tiene un discurso endurecido, pero hemos visto que tiene una falta de propuestas más allá de la mano dura y el orden. Su participación, en suma, ha sido bastante gris”.
López Aliaga siguió una línea similar. Su intervención no destacó por momentos llamativos y pareció enfocarse en consolidar su electorado neoconservador. Varios candidatos cuestionaron la deuda generada durante su gestión en la Municipalidad como su principal pasivo. Ambos líderes terminaron la jornada entre los más golpeados.
Aguilar señala que, si bien López Aliaga ha mejorado respecto a presentaciones anteriores, aún presenta dificultades: “Se nota que el candidato todavía lidía con problemas de ira y nervios cuando esta en la palestra”.
Durante una de las rondas, Fujimori propuso una “tregua” a López Aliaga: “La mayoría de peruanos quieren que los dos pasemos a segunda vuelta”, le dijo. Para Aguilar, el rechazo del exalcalde es coherente con su discurso: “Fujimori es consciente que parte del bolsón de votos que disputa con López Aliaga están en la derecha más dura. (…) El candidato de Renovación Popular quiere construir una narrativa de ‘outsider’, pese a que ya es protagónico en la política nacional. Por ello, tiene sentido que haya rechazado ‘darle la mano’ a Fujimori y que la haya culpado de la crisis que acontece en nuestro país”.
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Violencia y humor como arma política
Carlos Álvarez es otro candidato que parece haber encontrado en los debates una oportunidad. Su discurso retoma ejes conocidos: penas más severas contra la criminalidad, la salida de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “desde el día uno de su gobierno” y la pena de muerte. Estas propuestas, consideradas por expertos como de difícil aplicación inmediata, apelan a un sentimiento de mano dura.
El comediante suma a este enfoque dos elementos: el humor y un buen manejo escénico. Alterna momentos en los que expone sus propuestas de forma clara —aunque sean irrealizables— con otros en los que recurre a la imitación y la sátira, como cuando imitó a César Acuña o “felicitó” a Álvaro Paz de la Barra (Fe en el Perú) por su “imitación de Alan García”, para luego hacer la suya.
“Su mejor recurso es sin duda su dominio escénico. Es evidente su agilidad mental y su conocimiento de la política y de los detalles más minuciosos de los candidatos. Dentro de la cultura política peruana, el contrapunto no esta para nada mal visto. Quienes encendemos el televisor esperamos eso. Álvarez no solo busca competir en el bolson de los candidatos ‘mano dura’, sino que quiere mostrarse como alguien con carisma. Algo que es muy valorado por el electorado peruano. Hasta esta participación en los debates, no había una discusión muy grande sobre su candidatura. Pero esta participación encenderá las alarmas en la derecha”, señala Aguilar.
¿El heredero del sombrero?
En las encuestas, uno de los candidatos que ha logrado posicionarse es Roberto Sánchez (Juntos por el Perú). Con el respaldo del expresidente Pedro Castillo, centró su intervención en reivindicar su figura y a sectores del interior del país.
Su posicionamiento como sucesor del proyecto castillista le otorga capital político —Castillo mantiene popularidad en el sur—, pero también lo expone a críticas. Desde la derecha, Francisco Diez-Canseco (Perú Acción) lo cuestionó señalando que usaba “un sombrero de campesino sin jamás haber sembrado tierra”. Por su parte, candidatos como Mesías Guevara lo acusaron de “ser parte del mismo pacto del fujimorismo”, recordando el episodio en el que votos de esa bancada frustraron su desafuero.
Para Aguilar, su participación ha tenido dificultades para explicar el componente técnico de sus propuestas. No obstante, considera probable que sus rivales intensifiquen los cuestionamientos en las próximas semanas: “Su mayor valor se da en reivindicar ese rol como ‘heredero político’ de Pedro Castillo. No es algo menor: el expresidente mantiene una simpatía muy arraigada en algunos territorios. Su notoriedad ha ido en ascenso y eso tiene que mantener a varios de sus rivales en alerta ante la posibilidad de que se coloque en segundo o tercer lugar”, concluye.




























