Arequipeños versus puneños
“Muchos arequipeños sostienen que los agricultores del Valle de Tambo son, en su mayoría, migrantes puneños”.
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Así como en todo el Perú hay un problema de adaptación respecto a los migrantes venezolanos, algo muy similar, pero más complejo aún, porque se trata de connacionales, viene ocurriendo en Arequipa con sus ciudadanos puneños.
Hablamos de una zona del Perú famosa por su orgullo regionalista que, de pronto, fue sufriendo una gran modificación demográfica debido a la llegada de peruanos del altiplano, básicamente aymaras, que han modificado notoriamente el rostro de su ciudad. Incluso, según algunos estudios, en Arequipa hay más puneños que arequipeños.
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A diferencia de lo que sucedió con Lima, en donde la masa migratoria llegaba de distintas provincias y con la fuerza suficiente como para imponerse y mezclarse, tras años de postergación, en Arequipa la procedencia tiene básicamente un origen: Puno. La fricción, por tanto, es clara porque es entre arequipeños y puneños.
Vendedores ambulantes, campos feriales, emprendimiento, trabajo, pujanza, pero, al mismo tiempo, desorden, informalidad, irrespeto por el espacio ajeno, falta de civismo hacia una ciudad a la que nunca terminan de migrar porque aún no la sienten suya debido, en gran parte, a la resistencia que perciben por parte de los arequipeños que los siguen mirando con recelo y los discriminan.
El latente conflicto en torno al proyecto minero Tía María ha vuelto a poner esta fricción sobre el tapete, pues muchos arequipeños sostienen que los agricultores del Valle de Tambo son, en su mayoría, migrantes puneños y que la oposición a la minería proviene de esta ya consolidada parcela de su nueva población que, de más está decir, tiene los mismos derechos.




















