EL ARTERO ARTE DEL TERRUQUEO

Más allá del ataque absurdo a la valiosa obra de Sarhua.

Más allá del ataque absurdo a la valiosa obra de Sarhua.

Cansada de comentar sobre tanto idiota que en cada trapo rojo ve apología del terrorismo, esta columna ha llegado a la conclusión de que no se trata de una plaga de imbecilidad que llegó a la ciudad, sino una estrategia política aplicada por políticos y periodistas a quienes ya no les interesa hacer el ridículo.

El motivo más reciente aprovechado por dicha estrategia son las 31 pinturas de la Asociación de Artistas Populares de Sarhua, fundada por el artista ayacuchano Primitivo Evanán, y realizadas en los noventa con imágenes sobre los tiempos del terrorismo, las cuales fueron donadas al MALI.

No hay cómo concluir que estas obras constituyan apología del terrorismo, salvo, por un lado, por la ignorancia, tal como ha sucedido varias veces en el pasado reciente con obras de cine o teatro. Por ejemplo, con la estupenda La Cautiva.

En setiembre pasado, en una columna titulada ‘Apología de la ignorancia’, este espacio comentó que “es absurda y ridícula la cacería de brujas lanzada por un grupo de papanatas que cree que la mejor manera de combatir a Sendero Luminoso es obviando su existencia, y que, por tanto, no se deberían divulgar reportajes periodísticos, libros o películas sobre los años del terror”.

La ignorancia explica la actitud de algunos ‘cazadores’ de terroristas, como en los responsables de la Dircote y la fiscalía que vieron apología del terrorismo en las tablas valiosas y dolorosas de Sarhua, algo que debe preocupar por la capacidad de gente que ponen en cargos tan importantes.

Pero la ignorancia no siempre es el motor de estos embates que se repiten cada vez con más frecuencia y que llevan a pensar que, en realidad, la idiotez se ha convertido en biombo para camuflar una estrategia política que usa el miedo al terrorismo para su provecho, y que la columnista de este diario Gabriela Wiener ha llamado, con acierto, ‘terruquear’.

Terruquear es lo que suelen hacer algunos periodistas y muchos congresistas de Fuerza Popular como Carlos Tubino, un Popeye de acequia que es, en realidad, un activo fujitroll que, abusando de la inmunidad que le otorga su condición de parlamentario, miente con descaro para difamar a gente decente y valiosa como la directora del MALI Natalia Majluf.

No es la ignorancia lo que mueve a esta gente a ‘terruquear’ hasta el ridículo, sino el objetivo de desprestigiar a quienes piensan distinto a ellos, así como hacer creer que el terrorismo está a la vuelta de la esquina con el fin de ‘meter miedo’ para tratar de justificar la vigencia del fujimorismo.

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