Un nuevo estudio revela un detalle inesperado del asteroide que cayó en la Tierra: ¿los dinosaurios murieron en cuestión de horas?
Los hallazgos reabren el debate sobre la extinción de los dinosaurios al sugerir que el calor extremo provocado por el impacto pudo ser tan mortal como el posterior invierno global.
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Durante décadas, la comunidad científica ha debatido qué ocurrió tras el impacto del asteroide que marcó el fin de los dinosaurios hace unos 66 millones de años. Mientras algunas teorías sostienen que la extinción fue consecuencia de incendios globales y un prolongado invierno provocado por el polvo en la atmósfera, una nueva investigación plantea un escenario aún más devastador.
Un estudio publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Biogeosciences propone que una gigantesca nube de polvo generada por el impacto actuó como una cubierta que impidió disipar el calor liberado por millones de partículas incandescentes.
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La nube de polvo que convirtió la Tierra en un horno
El impacto ocurrió en la actual península de Yucatán, en México, cuando un asteroide de aproximadamente 12 kilómetros de diámetro chocó contra la Tierra. La colisión vaporizó más de 1.000 kilómetros cúbicos de roca, suelo, restos del propio cuerpo celeste y de los seres vivos que se encontraban en la zona.
De acuerdo con Brandon Johnson, investigador de la Universidad de Purdue y autor principal del estudio, parte del material expulsado escapó al espacio, mientras que otra fracción regresó a la atmósfera. Las pequeñas esférulas formadas durante el impacto generaron un intenso calor al reingresar, pero el polvo más fino permaneció suspendido alrededor del planeta y evitó que esa energía térmica escapara al espacio.
Los científicos calcularon que la radiación generada fue hasta 17 veces superior a la necesaria para causar la muerte de un ser humano. Según el investigador, ese efecto, y no la onda expansiva inicial, habría sido el principal responsable de la desaparición de los dinosaurios y de numerosas especies.
El polvo actuó como la tapa de una olla
Alexandria Johnson, coautora del trabajo y especialista en Ciencias de la Tierra, analizó las propiedades físicas de las partículas expulsadas tras el impacto. Sus simulaciones indican que la nube era prácticamente impermeable a la radiación térmica.
"Descubrimos que la capa de polvo era tan impermeable a la radiación que atrapó prácticamente todo el calor generado por la caída de las esférulas cerca de la superficie del planeta. Es como si el polvo actuara como la tapa de una olla", señaló la investigadora.
Bajo estas condiciones, únicamente habrían tenido posibilidades de sobrevivir los animales capaces de refugiarse bajo tierra, los peces que permanecían en aguas profundas y algunos dinosaurios aviarios, considerados los antepasados de las aves actuales.
Sin embargo, el calor extremo fue solo el comienzo. Una vez que la temperatura descendió, la misma nube de partículas bloqueó la luz solar durante años o incluso décadas. Investigaciones previas estiman que la temperatura media global cayó alrededor de 20 grados Celsius durante unos 30 años, provocando un prolongado invierno que terminó de transformar los ecosistemas del planeta.
























