Las víctimas de Jeffrey Epstein exigen una reunión con el Rey Carlos III durante su visita a Estados Unidos
La visita oficial del monarca británico a Washington, prevista para finales de abril, coincide con crecientes cuestionamientos por el manejo institucional del caso que involucra a su hermano.
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Una visita oficial prevista para conmemorar los 250 años de la independencia de Estados Unidos amenaza con convertirse en un episodio incómodo para la monarquía británica.
El viaje de Carlos III y la reina Camila a Washington, programado para finales de abril, ha quedado bajo presión tras los pedidos de sobrevivientes vinculados al caso de Jeffrey Epstein, quienes buscan ser escuchados directamente por el monarca.
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“Instamos encarecidamente al rey Carlos a que se reúna con nosotros y con los supervivientes y escuche lo que tenemos que decir”, escribió la familia de Virginia Giuffre en un correo electrónico, intensificando el reclamo previo a la visita.
Giuffre, fallecida el año pasado, aseguró que fue víctima de tráfico sexual por parte del financiero y que fue obligada a mantener relaciones con el entonces príncipe Andrés Mountbatten-Windsor cuando era menor de edad.
Viaje diplomático marcado por la controversia
El desplazamiento real, que incluiría actos oficiales entre el 27 y el 30 de abril —según adelantó el presidente Donald Trump— y un eventual discurso ante el Congreso, tenía como objetivo reforzar los lazos bilaterales en un contexto de tensiones geopolíticas. Sin embargo, la controversia en torno al hermano del rey amenaza con opacar la agenda diplomática.
El exduque de York perdió sus títulos y funciones tras la difusión de acusaciones contenidas en las memorias de Giuffre. Posteriormente, en medio de nuevas revelaciones y una creciente presión pública, fue apartado de la vida oficial.
En meses recientes, además, se divulgaron documentos judiciales relacionados con el caso Epstein, que incluyeron material gráfico comprometedor, y en febrero fue detenido bajo sospecha de irregularidades vinculadas a su rol como enviado comercial.
Cuestionamientos al Palacio
Desde el entorno real se reiteró que “sus pensamientos y más sinceras condolencias han estado, y seguirán estando, con las víctimas y supervivientes de cualquier forma de abuso”. No obstante, representantes legales de las denunciantes cuestionan la falta de acciones concretas.
“Lamentablemente, esas declaraciones han resultado ser meramente formales —una simple fachada—, ya que el rey y el palacio, a través de sus abogados, han dejado claro que no se reunirán con las víctimas”, afirmó el abogado Brad Edwards.
El pedido también ha encontrado eco en la esfera política. El congresista Ro Khanna solicitó formalmente al monarca un encuentro con las afectadas para abordar “cómo las personas e instituciones poderosas les fallaron”. Asimismo, recordó la conexión del caso con el Reino Unido a través de Ghislaine Maxwell y otras figuras públicas.
Dilema legal y presión institucional
Desde el gobierno británico, el primer ministro Keir Starmer evitó pronunciarse sobre la pertinencia de una reunión, señalando que el foco estará en la conmemoración histórica. En paralelo, voces legales han advertido sobre los riesgos de que la Corona intervenga en un contexto judicial aún abierto.
La abogada Helena Kennedy consideró que un encuentro público no sería “prudente”, mientras que el especialista Mark Stephens indicó que, aunque no existe una prohibición formal, el gesto podría interpretarse como una interferencia.
La situación se torna aún más delicada por el historial de la reina Camila en la defensa de víctimas de violencia sexual, lo que incrementa las expectativas sobre una eventual respuesta institucional.
Entretanto, distintas investigaciones siguen en curso en el Reino Unido relacionadas con las actividades de Epstein, incluyendo presuntos casos de trata que habrían involucrado territorio británico.
En este escenario, lo que debía ser una visita protocolar se perfila como una prueba clave para la Casa Real, obligada a equilibrar la prudencia legal con las demandas de justicia. “Habrá muchos temas incómodos que nadie quiere abordar”, advirtió el analista Robert Hardman.
























