Este es el aeropuerto “fantasma” de Asia: costó más de 200 millones de dólares, pero no tiene ni aviones ni pasajeros
Este aeropuerto internacional de Asia está inactivo a pesar de su capacidad para recibir aeronaves grandes como un Boeing 777 y procesar hasta 400.000 pasajeros anuales.
- Un glaciar en Pakistán se derrite y revela el cuerpo momificado de un hombre desaparecido hace 28 años
- Pareja es ejecutada en Pakistán por casarse contra voluntad de sus familias: 11 personas fueron arrestados por crimen

La pista del aeropuerto está preparada para recibir aeronaves grandes como un Boeing 777, y la terminal tiene la capacidad de atender hasta 400.000 pasajeros al año. Sin embargo, el aeropuerto internacional de Gwadar, el más grande y costoso de Pakistán, se encuentra inactivo: no tiene vuelos, no cuenta con aerolíneas dispuestas a operar allí, ni tiene personal contratado.
De hecho, el aeropuerto ni siquiera ha sido inaugurado al público: su apertura, en octubre de 2024, fue meramente simbólica, con una videollamada entre el primer ministro Shehbaz Sharif y el presidente chino Li Qiang.
TE RECOMENDAMOS
QUIROMANCIA: LO QUE TUS MANOS DICEN DE TI ✋ | ASTROMOOD CON JHAN SANDOVAL
El aeropuerto internacional "fantasma" de Gwadar de Pakistán
El complejo, situado en la ciudad costera de Gwadar, en la región suroccidental de Baluchistán, tuvo una inversión de 240 millones de dólares, completamente financiados por Pekín. Forma parte del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), un proyecto de infraestructura de gran envergadura que buscaba conectar la región occidental de Xinjiang con el mar Arábigo.
A pesar de la enorme cantidad de dinero que China invirtió en la zona en los últimos 10 años, los cambios prometidos por las autoridades aún no se han materializado. Según Azeem Khalid, un experto en relaciones internacionales citado por The Independent, “este aeropuerto no es para Pakistán, es para China, para que sus ciudadanos tengan acceso seguro a Gwadar y a Baluchistán”.
PUEDES VER: León escapa de una casa y ataca a una mujer junto a sus hijos en Pakistán: animal era tratado como mascota

Las condiciones de vida de la población de Gwadar
El contraste entre el aeropuerto desierto y la ciudad es muy marcada. Gwadar no está conectada a la red eléctrica nacional, y depende de paneles solares y del suministro de electricidad que llega desde Irán. La mayoría de sus 90.000 habitantes no tiene acceso regular a agua potable. Solo una aerolínea ofrece vuelos tres veces a la semana a Karachi.
No existen vuelos directos ni a Quetta, la capital de la región, ni a Islamabad. Para los habitantes locales, esta nueva infraestructura no resuelve un problema urgente: "Un aeropuerto como ese no es una prioridad en una ciudad donde faltan lo más esencial", aseguran los líderes de la comunidad.
PUEDES VER: La fruta más dulce del mundo empezó a cultivarse hace más de 6.000 años y fue la favorita de los egipcios

La complicada relación entre China y Baluchistán
La creciente presencia de China en Baluchistán ha intensificado un conflicto armado que lleva décadas. Grupos separatistas, como el Ejército de Liberación de Baluchistán, creen que el Estado está explotando sus recursos sin darles nada a cambio.
Estos grupos atacan tanto a soldados paquistaníes como a trabajadores chinos, lo que ha resultado en una militarización extrema de Gwadar: se han instalado puestos de control, alambre de espino, se han cerrado calles para el paso de convoyes y se ejerce vigilancia sobre los periodistas. "Antes nadie nos preguntaba quiénes éramos ni adónde íbamos. Ahora, em cada esquina, tenemos que mostrar nuestra identidad. Los que nos cuestionan, ¿quiénes son?", se lamenta Khuda Bakhsh Hashim, un vecino de 76 años.
El gobierno asegura que el CPEC ha generado unos 2.000 empleos locales, pero los líderes baluches no están de acuerdo. "No han contratado a un solo habitante de Gwadar, ni siquiera para trabajos como vigilante", denuncia Abdul Ghafoor Hoth, líder del Partido Awami de Baluchistán. En diciembre, organizó protestas diarias que obligaron a las autoridades a prometer mejoras básicas como agua y electricidad, pero ninguna de esas promesas se ha cumplido.




































