Roger del Águila: “Hay tantas cámaras por todos lados que no sé si extraño una más”
Uno de los rostros televisivos más populares de la década pasada habla sobre su trayectoria después de Habacilar.
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El vínculo con las pantallas inicia con su nombre: Roger Moore. El intérprete de James Bond es la referencia que eligió su madre para bautizarlo. Tiene 47 años y cuando tenía 10 aprovechó las escaleras de la sala de su casa para, escondido, anotar las lecciones de guitarra que recibían sus hermanos Silvia y Fernando. Desde entonces, la música acompaña a Roger del Águila en cada una de sus facetas: actor, director creativo y médium sanador.
“Born to be wild” es una de sus canciones favoritas y también podría ser la descripción de su trayectoria profesional: “Head out on the highway / looking for adventure / and whatever comes our way”. Él, guiado por su deseo de estar donde quiere estar, ha construido espacios que se lo permitan: su productora Rodacine y su mundo espiritual. La conducción es un tema sin fecha de retorno.
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Roger es permutable como el color violeta, su preferido. Ahora se encuentra leyendo el evangelio de San Juan y en los rincones de Chiclayo y Amazonas hay menta, hierbaluisa, tomate, eucalipto, romero y palo santo a la espera de sus visitas. Las tres últimas plantas combinadas con mirra conforman la receta ideal para purificar el hogar, le indica el recordado personaje a La República.
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- Se ha comentado mucho que Raúl Romero podría regresar a la televisión, ¿tú qué opinas? ¿Te han ofrecido alguna propuesta de conducción últimamente?
La verdad no sabría qué decirte porque no me han ofrecido absolutamente nada. Además, no es algo en lo que haya pensado; ahora hay Instagram y YouTube, hay tantos canales, tantos medios de expresión. Tal vez en los 90 era más importante la televisión, hoy por hoy no lo es. Me parece chévere, me parece bonito, pero estoy tranquilo así.
- ¿Sumar una pantalla más sería caótico?
No lo sé, tendría que dejar algunas cosas y no me interesa dejar la sanación, me gusta mucho lo que hago, me hace bien, me libera, me ayuda a mí mismo. Veo tantos casos que en cada sanación me sano yo. Comprendo más la humanidad.
- Mencionaste que hace un tiempo la televisión era más importante, pero ahora existen más canales de difusión, entonces ¿qué opinas de los programas de entretenimiento actuales?
Me parece que el camino, más que juzgar, es saber cuál es la intención con que lo haces. De mi parte te puedo decir que siempre mi intención fue reírme, que la gente se ría un rato y obviamente también tener un empleo para mantener mi casa.
En los últimos tiempos produje dos programas de medicina, uno llamado Podemos ver más, con la Clínica de ojos Ñahui, y El reto de la balanza. Estuvimos cinco años en televisión adelgazando a personas con más de 200 kilos. Trabajé muchas cosas, depende de la intención: si tú te sientes feliz haciendo eso, entonces hazlo, porque hay gente a la que le gusta. (…) Hoy por hoy no me parece que esté mal o bien si tú me das ese programa. Gatos con gatos, perros con perros. Así es la naturaleza.
-¿Tu productora, Rodacine, sigue en pie?
Por la pandemia bajó la producción un montón. He hecho algunos alquileres, algunas cosas pequeñas y, como me empecé a dedicar a esto...
Te explico, cuando hago la productora, se la entrego a Jesús; es así como llega un programa para personas con sobrepeso y un programa para operar ojos; entonces yo me puse contento porque hacía televisión sana, ayudaba a la gente. Finalmente acaban estos programas y después siento esta dirección a sanar.
En el 2007, después de haber compartido más de seis años de animación con Raúl Romero e instaurado el baile del chivito como jingle nacional, Roger del Águila se despidió de Habacilar. Las razones eran sencillas, se había cansado de hacer lo mismo. Entonces reunió en su perfil una gran participación actoral en productos audiovisuales peruanos: Talk show (2006), El buen Pedro (2012), Quizás mañana (2013), Japy ending (2014), Poseídas (2015) y Hasta que la suegra nos separe (2016) .
En el 2017, empezó a filmar Mafiosa, una película cuyos papeles principales estaban a cargo de los actores Kukuli Morante, David Almandoz y Miguel Medina. La historia giraba en torno a una mujer de vida tranquila que vivía en un pequeño departamento limeño y que se vio obligada a sumergirse en el tráfico de drogas para salvar a su esposo.
- Ahora, que ya estás en otra etapa de tu vida, ¿cómo ves tu tiempo en Habacilar?
Que estoy loco, que es muy divertido (risas). Si a esa edad yo conociera a ese chico, lo miraría y me reiría.
- ¿Entonces, lo recuerdas con aprecio?
Sí, por supuesto. Me río. Todas mis etapas las he pasado muy bien, por eso justamente llego a lo espiritual.
- Habacilar te dejó algunas etiquetas que te vinculan todavía con el público...
El chivito.
- En un podcast dijiste que te encantaba que te recuerden como el chivito. ¿Continúas manteniendo esa posición?
Sí. Depende de cómo esté. Si estoy en el banco, no sé cómo puedo responder, pero todo bien. Nunca me molesto, rara vez me molesto. Me molesto cuando alguien se quiere pasar de vivo, no conmigo, sino con otros.
- ¿Qué otras cosas te molestan? A mí, por ejemplo, el kion en la sopa.
De la comida, nada. Puedo comer todo, pero detesto que me obliguen a hacer algo.
- ¿Extrañas la conducción, la onda mediática?
Hay tantas cámaras por todos lados que, la verdad, no sé si extraño una cámara más. Hay muchas, desde el teléfono hasta la que te vigila por la calle, entonces todo está grabado. No sé qué tanto porque también tengo otras intenciones: curarme de mí mismo y enriquecerme.
A la par con Dos sapos y una reina, programa en el que también tuvo un rol protagónico, la meditación se convirtió en un hábito, pero Roger confiesa que fue una equivocación bancaria —y la necesidad de aliviar la furia por el monto restado— la razón que lo obligó a tomar esta práctica como un eje en su vida: “Vi una luz, me dio una paz”.
Cuando cesa la sintonía del espacio televisivo, él empieza a prestar mayor atención a los seres de luz. “Tenía una doble vida: por ratos me hacía el terrenal y, por otro lado, veía mucha espiritualidad”, comenta Roger. Entonces arrancó su preparación con líderes asociados a este ambiente místico. Pero fue hasta el 2020, en plena pandemia, que se le dio el aviso de poder comunicarle a los demás sobre su don sensitivo, asegura.
Esta faceta ha despertado incredulidades incluso a nivel nacional, pero también ha reunido a una comunidad que a través de mensajes le deja saber sobre los cambios anímicos. Él no usa Facebook, pero Instagram es un buen canal de recepción.
- ¿Qué es lo que te da más paz ahora mismo?
Hacer las sanaciones. Por muchas razones: porque apago mi celular, porque empiezo a orar y porque en ese momento me olvido de la carne y le pongo atención al espíritu.
- ¿Cómo te ves a futuro?
Prefiero no pensarlo. (…) La espiritualidad es muy simple: pensar bien y actuar bien.
Ahora a Roger del Águila le gusta andar en skate y nutrir la conexión con su hija Salma, la mujer de su vida. Es fiel, además, a la premisa de que todos son espíritus viviendo experiencias humanas, por eso, uno de sus consejos constantes es mirarse al espejo más allá de lo corporal.



















