Óscar Ugarteche: Un crítico tenaz de la arquitectura financiera internacional
A los 76 años y después de legarnos valiosas investigaciones sobre la deuda externa, la globalización, el neoliberalismo y la ciudadanía económica, Óscar Ugarteche Galarza dejó de existir. Una gran pérdida para el pensamiento crítico latinoamericano.
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Las personas verdaderamente cultas no son las que acumulan conocimientos, sino las que ayudan a los demás a mirar la realidad con mayor profundidad, nos dice el matemático y diseñador Jesús Ruiz Durand. Agrega que la excelencia académica encuentra su sentido cuando se pone al servicio de los otros.
Esta reflexión lo hace al referirse a la partida de uno de los economistas más importantes del Perú, Óscar Ugarteche Galarza (Lima, 1949), fallecido el 11 de julio. Su deceso representa una gran pérdida para el pensamiento crítico latinoamericano.
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Ugarteche no hablaba de economía como si fuera solamente una cuestión de cifras y cuadros estadísticos. Hablaba de historias, de poder, de desigualdades.
Durante más de cuatro décadas elaboró una de las críticas más sistemáticas al modelo económico predominante en el Perú y América Latina. Analizó la historia económica peruana, la deuda externa, el papel del Fondo Monetario Internacional (FMI), el modelo primario exportador, las fracturas de lo que llamó la Arquitectura Financiera Internacional pensada por y para las economías centrales.
Un gran referente
Sus investigaciones sobre el neoliberalismo, el capitalismo real del siglo XXI, la necesidad de construir una “ciudadanía económica” eran requeridas dentro y fuera del país.
Otro destacado economista, Humberto Campodónico, así lo reflexiona:
“Desde muy joven comprendió que América Latina enfrentaba problemas que no podían explicarse únicamente desde las fronteras nacionales. La crisis de la deuda externa de los años 80 marcó profundamente a toda una generación de economistas latinoamericanos”.
“Muchos concentraron sus esfuerzos en estudiar la renegociación de la deuda, los programas de ajuste estructural o políticas de estabilización macroeconómica. Óscar eligió un camino distinto. Comprendió que el verdadero problema no era solo cuánto debían los países latinoamericanos, sino quién escribía las reglas del sistema financiero internacional y a quién beneficiaban esas reglas”.
Ugarteche se inició en Letras en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Se educó en Finanzas en la Universidad de Fordham en Nueva York (1973). Obtuvo su maestría en Finanzas Internacionales en la London Business School (1975) y doctorado en Filosofía e Historia en la Universidad de Bergen (Noruega).
Integró el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Al conocerse su fallecimiento, economistas de Latinoamérica coincidieron en afirmar que deja un vacío profundo en el pensamiento económico crítico de la región. Y, además, agregaron que se reactiva la urgencia de sus advertencias que hizo a lo largo de su tenaz labor de investigador.
Durante más de 40 años, sostuvo que la deuda no es un accidente contable, es una forma de poder y la arquitectura financiera internacional que la sostiene se diseñó para que países como el Perú paguen la cuenta.
La deuda eterna
Uno de los primeros temas que marcó la trayectoria intelectual de Ugarteche fue la deuda externa. En obras como Teoría y práctica de la deuda externa en el Perú (IEP, 1980) y El Estado Deudor(IEP, 1986), sostiene que la deuda no puede analizarse solo como un problema financiero.
Según Ugarteche, desde los años 80, numerosos gobiernos latinoamericanos destinaron parte considerable de recursos al servicio de la deuda, limitando su capacidad para invertir en salud, educación, infraestructura y desarrollo productivo.
En ese sentido, la deuda externa no es un simple mecanismo de financiamiento; constituía una herramienta de control político y subordinación económica operada por los centros de poder. Los Estados sacrificaban su soberanía fiscal.
El FMI, la arquitectura
Otra obra clave es su Historia crítica del FMI, el gendarme de las finanzas (Capital intelectual, 2010), donde examina los cimientos de la arquitectura financiera internacional construida en Bretton Woods en 1944. Allí concluye: el FMI extravió su sentido original.
A partir de la desregulación global de la década de 1970, el FMI pasó de ser un árbitro para la estabilidad cambiaria y el equilibrio fiscal a convertirse en el guardián de los intereses de la banca transnacional y la financiarización de la economía.
Consideró que los programas de ajuste estructural respondieron principalmente a la estabilidad de los acreedores internacionales. Reducción del gasto público, privatizaciones, liberalización financiera, apertura comercial acelerada. Muchas de las condiciones impuestas por el FMI, sostenía Ugarteche, limitaron la capacidad de los Estados latinoamericanos para diseñar políticas acordes con sus necesidades productivas.
Crítico del modelo
Ugarteche también fue un crítico implacable del modelo extractivista exportador. Denunció que la obsesión por el crecimiento macroeconómico cimentado exclusivamente en la exportación de materias primas (principalmente minería y recursos agroindustriales) genera una peligrosa vulnerabilidad ante la economía mundial.
Al carecer de diversificación productiva y de valor agregado, la región se mantiene atrapada en la periferia del desarrollo: un crecimiento que infla las cifras del PIB pero que es incapaz de generar empleo digno y bienestar generalizado.
Neoliberalismo en Perú
Una de las tesis más disruptivas de Ugarteche desmitifica la idea de que el neoliberalismo peruano nació con las reformas de los noventa, con el llamado Fujishock.
En una de sus últimas entrevistas, concedida a Modesto Montoya (se encuentra en YouTube), detalla que el Perú fue pionero del liberalismo radical en América Latina, en los 50, con las agendas impulsadas por Pedro Beltrán y Rómulo Ferrero, incluso décadas antes que Chile las aplicara el 73.
A diferencia del resto de la región, que adoptó el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, promovido por la CEPAL, el Perú prefirió la vía del libre mercado y el Estado mínimo. Con la instauración del neoliberalismo se debilitó el rol protector del Estado, impactando a largo plazo el tejido y la política social del país.
Capitalismo real del siglo XXI
Ugarteche cuestionó la idea de que la economía mundial funcione bajo un mercado plenamente competitivo. Sostiene que el capitalismo real del siglo XXI se caracteriza por una fuerte concentración del poder económico y financiero.
Las grandes corporaciones tecnológicas, los fondos internacionales de inversión y el sistema financiero global ejercen, en su análisis, una influencia creciente sobre las políticas públicas.
Otro de sus conceptos es el de ciudadanía económica. La ciudadanía, sostuvo, no debería limitarse a los derechos políticos y civiles.
Debe garantizar el acceso a las oportunidades económicas y también implica asegurar condiciones para la educación de calidad, la salud pública, la protección social, la participación en los beneficios del crecimiento.
Para el economista Óscar Ugarteche, estimado por generaciones de alumnos y lectores, finalmente, el futuro de la región no reside en esperar el próximo ciclo de precios altos de los minerales, sino en recuperar la soberanía económica y apostar por una integración regional que ponga la ciudadanía económica por encima de los dictados del libre mercado.
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“Nos queda el reto de seguir su legado”
Carlos Contreras Carranza (Historiador económico)
“Oscar Ugarteche Galarza fue un economista peruano de amplio espectro. Sus intereses académicos se centraron en el tema de la deuda externa, pero tuvo una mirada social y política de la economía, que lo llevaron a considerar los asuntos financieros en un contexto histórico mayor. Lo conocí en el IEP en los 80, cuando se integró a la sección de Economía que el Instituto había decidido abrir.
En los últimos años, Oscar se interesó por los orígenes del neoliberalismo peruano, hurgando en las obras de pioneros de la Economía en el Perú, como Pedro Beltrán y Rómulo Ferrero. Encontró que el Perú fue de los primeros países en América Latina en desplegar políticas económicas neoliberales, que consideraban que era la baja productividad del sector tradicional, antes que la mala distribución de la tierra, la causa de nuestro atraso. Ojalá que sobre este tema, haya dejado textos que podamos consultar y enriquecer nuestra tradición de pensamiento económico.
Oscar fue una persona generosa. Siempre dispuesto a ayudar a quienes necesitaban alguna orientación. Tenía la cualidad de saber explicar temas complejos, como las finanzas, de una forma clara y sugerente. Fue también un luchador por el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales. Que ya no esté en este mundo, nos aflige y nos abre el reto de proseguir su legado”.
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“Persiste la república sin ciudadanos”
-Persiste “en el inconsciente nacional esta estructura del siglo XIX de una república sin ciudadanos, donde yo me paseo en mi auto convertible mientras un chico me vende un chicle parado en la esquina porque no tiene qué comer: se juntan mundos extremadamente ricos con mundos extremadamente pobres, sin ningún pudor, eso me parece terrible”, dijo Óscar Ugarteche en entrevista en El Foco.
-Su grupo La Corriente refiere que Ugarteche tenía mucha independencia intelectual, era muy culto e ilustrado: “Podía hablar con la misma pasión de los ciclos financieros internacionales que de una cantata de Bach, de una novela latinoamericana, de una exposición de pintura o de una película inolvidable”. En La Corriente se encontraban Peter Elmore, José Luis Rénique, Juan Acevedo, Emilio Salcedo y otros compañeros, entre ellos el también fallecido Nelson Manrique.
-Su amigo Jesús Ruiz Durand opina que Óscar era un humanista “en el sentido más pleno de la palabra”. Afirma: “La economía era su oficio; la cultura era su territorio… Su inteligencia jamás fue una exhibición de conocimientos: era una invitación permanente al diálogo”.
-Afirma el economista Humberto Campodónico: “Óscar sostenía que el país seguía reproduciendo jerarquías sociales profundamente arraigadas, heredadas de la Colonia y constantemente recreadas por la desigualdad económica, el racismo, la discriminación y la exclusión. Para él, la democracia política no podía consolidarse plenamente mientras millones de peruanos continuaran enfrentando barreras invisibles determinadas por el origen social, el apellido, el color de la piel, el lugar de nacimiento o la orientación sexual. Por eso combatió la desigualdad desde el primer día de su vida pública”.























