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“Dejá de pedir permiso”: la frase de Antonella Gularte que está impulsando a miles de emprendedoras

Una nueva generación de mujeres en América Latina, liderada por Antonella Gularte, avanza sin esperar permisos, buscando empoderarse y crear sin capital previo.

A pesar de los obstáculos en formación y financiamiento, Antonella Gularte insiste en que el cambio comienza cuando las mujeres dejan de pedir permiso.
A pesar de los obstáculos en formación y financiamiento, Antonella Gularte insiste en que el cambio comienza cuando las mujeres dejan de pedir permiso. | Foto: Difusión

Hay una generación de mujeres en América Latina que no espera que alguien le abra la puerta. Antonella Gularte, educadora digital, lleva años trabajando con ellas, desde el lugar de quien también tuvo que encontrar esa puerta sola.

Está sentada frente a una idea que lleva meses dando vueltas en su cabeza. Tiene herramientas, información y más posibilidades de las que tuvieron las generaciones anteriores al empezar. Y, sin embargo, habla de su proyecto como si todavía necesitara que alguien le dijera que puede hacerlo. Dice que le falta aprender un poco más, que todavía no está lista o que hay personas que saben más que ella. Puede ser cierto que haya cosas por ajustar. Siempre las hay. Pero muchas veces no es preparación lo que falta. Es otra cosa.

Antonella Gularte reconoce esa imagen porque la vivió. Empezó en digital sin que nadie a su alrededor hubiera recorrido ese camino antes, sin referentes cerca y sin saber si lo que estaba haciendo tenía sentido porque no había con quién compararlo. Lo que aprendió en ese proceso no fue solo sobre negocios o contenido. Aprendió qué pasa cuando una mujer decide moverse antes de tener todo resuelto. Y lo que pasa, dice, es que termina aprendiendo cosas que ningún curso puede enseñar antes de tiempo.

El estudio Empoderamiento para Todas de Mastercard, publicado en 2026, documentó que el 75% de las mujeres en América Latina ha considerado iniciar un negocio, una cifra prácticamente idéntica a la de los hombres. La paridad en la intención es una de las más altas del mundo. Lo que todavía no es paritario es lo que ocurre después de esa intención: el acceso al financiamiento, la formación, las redes de apoyo y el acompañamiento que convierte el deseo de construir en algo que puede sostenerse en el tiempo.

Esa distancia entre querer y poder sostener es exactamente el territorio donde trabaja Antonella Gularte. Pero hay algo más que ella ve todos los días y que ningún informe termina de capturar por completo: esta generación no espera que el ecosistema se ponga a la altura. Está construyendo igual. Freelancers, creadoras de contenido, emprendedoras independientes que convirtieron lo que saben en su principal fuente de ingresos, muchas veces sin capital inicial, muchas veces sin red y muchas veces sin que nadie a su alrededor hubiera hecho algo parecido antes.

Lo digital redujo las barreras de entrada. Lo que no redujo es la duda sobre si una merece estar ahí. Eso es lo que Antonella Gularte le diría a la versión de sí misma que empezaba: deja de pedir permiso. No como consejo genérico, sino como la descripción de lo que más la frenó y de lo que más la liberó cuando finalmente dejó de hacerlo.

Pedir permiso tiene muchas formas. A veces es esperar que alguien valide una idea antes de publicarla. A veces es cobrar menos de lo que corresponde porque el número real genera incomodidad. A veces es achicarse en una sala llena de personas que parecen saber más, aunque lo que una tiene para decir sea igualmente valioso.

"Que confíe en eso que veía cuando nadie más lo veía", dice Antonella Gularte. "Que el camino iba a ser más duro de lo que imaginaba, pero que cada noche difícil iba a tener sentido el día que una mujer le dijera que le cambió la vida”, agrega.

Lo dice con la precisión de quien ya recorrió esa distancia y no necesita volverla más grande de lo que fue. No hay épica en cómo cuenta el proceso. Hay algo más útil: honestidad sobre lo que costó y claridad sobre lo que valió.

Si hay algo que Antonella Gularte sostiene con más convicción que cualquier otra cosa es esto: el cambio estructural no empieza en las políticas ni en los programas. Empieza en el momento en que una mujer deja de creer que lo que quiere construir es un privilegio y empieza a tratarlo como un punto de partida. Ese momento, multiplicado por miles de mujeres en miles de ciudades distintas, es lo que produce algo que los números tardan en reflejar, pero que ya está ocurriendo.

“Una generación que creció viendo a su mamá pedir permiso va a criar a sus hijos de una manera. Una que creció viéndola decidir va a criarlos de otra”. Eso, dice Antonella Gularte, es lo que más le importa. No los resultados de este año. Lo que esos resultados van a producir en diez.

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