Científicos encuentran en la Antártida la huella de un mamífero que vivió hace 55 millones de años y pesaba solo 1,3 kilos
Este icnofósil es el primer registro de un esparasodonte en esta parte del planeta, mostrando que el continente tuvo un clima cálido y diverso hace millones de años.
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Un equipo de científicos de Argentina y Chile encontró en la Antártida la huella de un pequeño mamífero terrestre que vivió hace aproximadamente 55 millones de años. El descubrimiento, publicado en la revista Polar Biology y realizado en la isla Rey Jorge, aporta nuevas pistas sobre cómo era la vida en el continente durante el Eoceno.
La huella perteneció a un animal de apenas 1,3 kg y quedó conservada en sedimentos volcánicos durante millones de años. Los investigadores creen que se trataba de un pequeño mamífero depredador emparentado con los marsupiales actuales, lo que amplía el conocimiento sobre los antiguos ecosistemas antárticos.
Una diminuta huella revela la presencia de un antiguo depredador
El fósil, identificado como T-373, conserva parcialmente la impresión de una pata y una mano y mide cerca de 2 centímetros. Los investigadores atribuyen la huella a un pequeño metaterio del grupo de los esparasodontes, mamíferos carnívoros que habitaron Sudamérica.
El hallazgo resulta especialmente importante porque se trata de un icnofósil, es decir, una huella dejada por un animal y no sus restos óseos. Si la identificación es correcta, sería el primer registro conocido de un esparasodonte en la Antártida y una de las evidencias más antiguas de un mamífero carnívoro terrestre en la región.
La Antártida tuvo un clima muy diferente hace 55 millones de años
Durante el Eoceno, la Antártida era mucho más cálida que en la actualidad y albergaba paisajes forestados. Las conexiones terrestres que todavía existían entre Sudamérica y la Antártida pudieron permitir que animales como los esparasodontes se desplazaran entre ambos territorios.
La huella también modifica la imagen que los científicos tenían de los depredadores de aquella época. Hasta ahora, las llamadas aves del terror eran los principales depredadores terrestres documentados, pero este descubrimiento demuestra que los mamíferos carnívoros también formaban parte de la cadena alimentaria antártica.






















