Hace 176.500 años, los neandertales construyeron un misterioso círculo de estalagmitas en una cueva y el hallazgo cambia lo que se creía sobre sus capacidades

El lugar plantea nuevas preguntas sobre las capacidades cognitivas, sociales y técnicas de los antiguos parientes humanos.

Estructura creada por el hombre hace 176.500 años en el fondo de la cueva de Bruniquel. Foto: Wikimedia
Estructura creada por el hombre hace 176.500 años en el fondo de la cueva de Bruniquel. Foto: Wikimedia

La cueva de Bruniquel conserva dos anillos bajos de estalagmitas rotas a 336 metros de la entrada, en una cámara completamente alejada de la luz natural. Los neandertales que los construyeron tuvieron que desplazarse hasta las profundidades de la cueva utilizando alguna fuente de iluminación. En 2016, estas estructuras fueron datadas en unos 176.500 años, con un margen de unos 2.100 años, lo que las convierte en unas de las construcciones humanas más antiguas conocidas y mejor datadas.

El sitio se encuentra en las gargantas del Aveyron, en el suroeste de Francia. Su entrada quedó sellada de forma natural durante el Pleistoceno, lo que permitió que la cueva permaneciera aislada durante miles de años hasta que fue reabierta en 1990 por espeleólogos locales.

¿Cómo es el interior de la cueva de Bruniquel?

Los investigadores encontraron algo que no parecía una formación geológica natural. Las estalagmitas habían sido rotas y dispuestas deliberadamente en dos estructuras anulares, acompañadas por cuatro acumulaciones más pequeñas. El anillo mayor mide aproximadamente 6,7 por 4,5 metros, mientras que el menor tiene unos 2,2 por 2,1 metros.

Los científicos realizaron una reconstrucción en 3D de las estructuras artificiales. Foto: Xavier Muth

Los científicos realizaron una reconstrucción en 3D de las estructuras artificiales. Foto: Xavier Muth

En conjunto, las estructuras contienen alrededor de 400 fragmentos de estalagmitas, conocidos como espeleoartefactos, cuya longitud acumulada supera los 112 metros y cuya masa se estima en unas 2,2 toneladas. Algunos fragmentos fueron colocados formando capas bajas, mientras que otros se dispusieron verticalmente contra los anillos.

La organización de estos elementos indica que no se trató simplemente de una acumulación natural. Las estalagmitas fueron seleccionadas, desplazadas y colocadas siguiendo una disposición determinada.

Una datación que cambió la historia de Bruniquel

Durante años, se creyó que las estructuras de Bruniquel eran mucho más recientes. Un hueso quemado solo había proporcionado una edad mínima mediante radiocarbono, una técnica que ya no permite obtener fechas fiables a esas edades, y los primeros trabajos arqueológicos se interrumpieron tras la muerte de François Rouzaud, el arqueólogo que había investigado la cueva durante la década de 1990.

Las estructuras arrojan nueva luz sobre los neandertales. Foto: Michel Soulier/SSAC

Las estructuras arrojan nueva luz sobre los neandertales. Foto: Michel Soulier/SSAC

La prueba decisiva llegó cuando Jacques Jaubert y sus colegas regresaron al yacimiento y analizaron la calcita asociada a las estructuras. Su estudio de 2016, publicado en Nature, utilizó la datación mediante series de uranio en diferentes formaciones de calcita y en materiales relacionados con las estructuras, obteniendo una edad de 176.500 años, con un margen de 2.100 años.

Esta fecha sitúa las construcciones de Bruniquel más de 100.000 años antes de la expansión de Homo sapiens asociada al Paleolítico Superior europeo. Los fósiles de Bacho Kiro, en Bulgaria, por ejemplo, están datados directamente en torno a los 45.000 años y constituyen una de las evidencias de Homo sapiens más antiguas conocidas en Europa.

Los constructores de Bruniquel fueron, por tanto, neandertales. La antigüedad de las estructuras demuestra que estos homininos ya eran capaces de desplazarse cientos de metros bajo tierra, utilizar iluminación artificial y modificar deliberadamente un espacio situado muy lejos de la entrada de una cueva.

336 metros en la oscuridad

La distancia es uno de los aspectos más llamativos del hallazgo. Las estructuras se encuentran a 336 metros de la entrada, en una zona completamente alejada de la luz natural.

Para llegar hasta allí, los neandertales tuvieron que desplazarse por los pasadizos y cámaras de la cueva utilizando alguna fuente de iluminación. En Bruniquel existen además evidencias de exposición al fuego, como fragmentos de estalagmitas alterados por el calor y huesos quemados asociados a las estructuras.

La presencia de estas señales indica que el fuego formó parte de las actividades desarrolladas en las profundidades de la cueva. Sin embargo, los restos arqueológicos no permiten determinar con precisión qué tipo de iluminación emplearon ni cómo transportaban el fuego durante sus desplazamientos.

El acceso a este lugar también demuestra un grado considerable de planificación. Los constructores tuvieron que orientarse por un sistema de galerías subterráneas y transportar hasta la cámara los fragmentos de estalagmita que después utilizaron para levantar las estructuras.

¿Por qué romper cientos de estalagmitas?

Nadie sabe con certeza por qué se construyeron los anillos de Bruniquel. Las evidencias no permiten afirmar que fueran un templo, un santuario o un espacio ritual, aunque tampoco se puede descartar que las estructuras tuvieran algún significado que hoy resulta imposible conocer.

Lo que sí demuestra el yacimiento es una actividad organizada. Los neandertales rompieron cientos de estalagmitas, las desplazaron y las dispusieron siguiendo formas geométricas. El proceso habría requerido coordinación y planificación.

La organización de las estructuras también dificulta interpretarlas como el resultado accidental de una única actividad. Sin embargo, no es posible determinar con qué frecuencia fueron utilizadas ni si los neandertales regresaron varias veces a la cámara.

Algunos investigadores han planteado funciones prácticas, como refugio o cobijo, aunque la gran distancia respecto a la entrada hace poco probable que se tratara de un espacio de habitación convencional. También se ha planteado que las características de la cámara, incluida su acústica, pudieron influir en la elección del lugar.

La conclusión más segura es también una de las más extraordinarias: hace unos 176.500 años, un grupo de neandertales se adentró cientos de metros en una cueva, utilizó fuego o alguna fuente de iluminación y construyó estructuras con fragmentos de estalagmitas. El propósito de aquella obra quedó oculto en la oscuridad durante decenas de miles de generaciones.

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