Ciencia

Investigación geológica revela que la Tierra tuvo un océano de magma profundo, y Marte podría haberlo tenido

La investigación plantea que la existencia de este magma basal influye en la transferencia de calor y la ubicación de las placas tectónicas, lo que establece una memoria geodinámica en la Tierra.

Algunos científicos creen que estas áreas son restos de corteza oceánica hundida. Foto: IA/La República.
Algunos científicos creen que estas áreas son restos de corteza oceánica hundida. Foto: IA/La República.

Un nuevo estudio publicado en Nature reveló que, en sus inicios, la Tierra albergó un océano de magma basal bajo su superficie, una capa fundida que habría persistido en el límite entre el núcleo y el manto y que todavía podría influir en la dinámica del planeta.

El hallazgo podría resolver décadas de debates sobre las grandes provincias de baja velocidad de cizallamiento (LLVP, por sus siglas en inglés), regiones profundas del manto donde las ondas sísmicas viajan más lentamente.

Algunos científicos creen que estas áreas son restos de corteza oceánica hundida, mientras que el nuevo estudio sostiene que se trataría de vestigios del océano de magma original, con una antigüedad de 4.400 millones de años.

Evidencia y metodología del estudio

El equipo liderado por Charles-Édouard Boukaré, físico planetario de la Universidad de York en Toronto, desarrolló un modelo de formación de la Tierra que combinó datos geoquímicos y sísmicos. Los investigadores estudiaron la concentración de oligoelementos, que permanecen en el magma mientras otros minerales cristalizan, para determinar el orden y el momento en que se solidificó el manto.

Los resultados mostraron que, independientemente de dónde comenzara la solidificación —en el centro del manto o en su límite con el núcleo—, siempre se formaba un océano de magma basal.

Este proceso se inició con la formación de una fina corteza sólida superficial que, al ser más densa que el magma subyacente, se hundió y se volvió a fundir, acumulándose en las profundidades del manto debido a su alta densidad y al calor del núcleo.

Implicaciones para la geodinámica terrestre

Según Boukaré, la existencia de este océano basal tiene importantes repercusiones: podría afectar la transferencia de calor entre el núcleo y el manto y, en consecuencia, influir en la ubicación de las placas tectónicas y en la evolución de la corteza terrestre. “Existe una memoria: las estructuras formadas en los primeros cientos de millones de años continúan influyendo en la dinámica”, afirmó.

Los hallazgos también sugieren que la estructura principal del planeta se estableció muy temprano, lo que permitiría modelar la evolución del planeta a largo plazo a partir de su estado inicial. Los investigadores planean ahora incluir más oligoelementos en sus modelos y aplicar la metodología a otros planetas rocosos, como Marte, para comprobar si fenómenos similares ocurrieron allí.

Este descubrimiento no solo refuerza la comprensión de la formación temprana de la Tierra, sino que abre la puerta a nuevas investigaciones sobre la persistencia de antiguos océanos de magma y su impacto en la geodinámica y geología planetaria. Como concluyó Boukaré: “Quizás este fenómeno del océano basal no sea exclusivo de la Tierra”.

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